
O bien mecedora que se transforma en minicuna. Koo es un nuevo concepto que acaba de ser presentado en ICFF, la misma feria del mueble contemporáneo en la que se presentó Tatolino. Pero a diferencia de este mueble-juguete que sí me gustó, Koo, la minicuna que se transforma en mecedora no me convence para nada.
No sólo podemos utilizar la minicuna para que duerma el bebé, sino que si queremos sentarnos a alimentarlo o dormirlo con el balanceo, podemos, en un sencillo gesto, convertir el moisés en una silla mecedora.
La idea de Lunar, la marca que la ha diseñado, está influenciada por la nueva tendencia en muebles infantiles, vérsátiles, prácticos y funcionales. Sin embargo, creo que en este caso no se ha acertado con la doble funcionalidad. Simplemente, porque no se me ocurriría sentarme (o siendo más explícita, colocar el trasero) en la cuna donde suele dormir mi bebé.
Por otra parte, el diseño puede ser muy bonito, pero no se puede decir que se la vea demasiado confortable. Desde luego, le falta al menos un colchón para el bebé y unos cojines para que la madre apoye la espalda.


Existen sillitas para el bebé y mecedoras para mamá, pero no es tan común ver una mecedora donde el bebé también pueda jugar y relajarse.
Aunque hoy pueda parecernos de lo más moderna, la silla que podemos ver es un modelo creado durante la Segunda Guerra Mundial por el matrimonio de Charles y Ray Eams, un dúo de avanzados a la vanguardia del diseño y pioneros en la utilización de resina plástica moldeada para la fabricación de sillas.
Este es uno de esos casos en los que el diseño se pone al servicio de las madres y los bebés.