
Ya casi nadie se cree tonterias como esa de que el llorar beneficia la eficacia pulmonar de los bebés y, por el contrario, cada vez son más los estudios que demuestran que el llanto, especialmente el prolongado y no atendido, aumenta los niveles de las hormonas del estrés en los pequeños, llegando a tener consecuencias a largo plazo en su funcionamiento cerebral. Sin embargo seguimos, la mayoría, desconociendo exactamente que efectos físicos tiene el llanto sobre los bebés. Vamos a verlo.
La frecuencia cardiaca aumenta en un mínimo de 20 pulsaciones por minuto y también la presión sanguínea, observándose, además, una menor oxigenación de la sangre que llega al cerebro. Esto provocará que al cerebro llegue sangre con mayor presión en la fase de esfuerzo y disminuya bruscamente en la de descanso, tanto que puede relacionarse con hemorragias cerebrales y sus secuelas según algunos estudios.
Sobre todo llama la atención que el nivel de cortisol, la hormona del estrés, aumenta enormemente, lo que indica que el niño que llora sufre un estado de tensión emocional intenso. Esto, además del estrés, provoca una reacción que puede aumentar la capacidad de resistir a las infecciones, pues el cortisol actua como un inmunodepresor.
Además el bebé tragará aire, en un promedio de 360 mililitros, lo que le va a causar incomodidad y problemas para hacer la digestión sin molestias, llegándose a encontrar relación entre la ruptura gástrica y el llanto prolongado.




