“Si se mete la mano en la boca es por los dientes”

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Llegan los tres o cuatro meses y ese bebé que apenas coordinaba sus gestos empieza a dirigir la mano con intención hacia su boca e incluso empieza a agarrar algunas cosas para, también, llevarlas a la boca.

No sólo es capaz de meterse los deditos un poco para chuparlos, como quien los saborea tras comer algo dulce con la mano, sino que es capaz de meterse la mano entera (o casi), morderla con las encías, incluso con intensidad, dejarlo todo perdido de babas y llegar hasta a producirse náuseas (por meterla tan adentro).

En ese momento es cuando una madre dice “uff, lleva unos días que se mete la mano entera en la boca y oye, babea un montón”, a lo que la abuela, la suegra, la vecina o quien haya cerca dice: “si se mete la mano en la boca es por los dientes”.

No es mentira, pero no es verdad

Y no es que sea mentira, porque algunos bebés, cuando están con la salida de los dientes, tienden a morder cosas e incluso a meterse la mano en la boca para morderla, pero tampoco es verdad, porque los dientes no salen a los cuatro meses, sino más tarde.

A la mayoría de los bebés les empiezan a salir los dientes a partir de los 6-8 meses. A algunos les aparece un diente antes y a otros después, pero la media ronda esa edad.

Sin embargo, a los 3-4 meses, la gran mayoría de niños empieza a babear mucho y empieza a llevárselo todo a la boca, pero la razón no son los dientes, sino una muy simple: su boca lo es todo.

La boca, ese gran órgano explorador

Cuando los bebés nacen sus sentidos más agudos son el oído, el gusto y el olfato (no necesariamente en este orden), porque son los que más les pueden ayudar a sobrevivir.

A nivel psicomotor tienen muy poco o nada que hacer porque ni coordinan lo suficiente ni tienen la fuerza necesaria para valerse por sí mismos. Además, como su vista es muy limitada, tampoco les serviría de mucho.

Por contrapartida tienen un olfato envidiable con el que reconocen fácilmente quién es su madre y quién no lo es, quién es conocido y quién no lo es (y por eso se recomienda no ponerse colonias ni perfumes para estar con el bebé), un oído muy desarrollado, con el que ya oyen dentro de la barriga y reconocen las voces una vez salen, y un sentido del gusto, junto a una boca privilegiada, que a falta de manos hacen las veces de órgano explorador.

A través de la boca saben si algo está caliente, frío, cuál es su textura, su sabor, etc. Es la boca la que le da la información y no las manos. Por eso, en cuanto los bebés aprenden a coger objetos lo primero que hacen es llevárselos a la boca para conocerlos.

Incluso su mano, una gran desconocida, merece ser explorada hasta el infinito, hasta el día en que descubra que además de manos tiene pies y que éstos también merecen su reconocimiento.

Así que no, no son los dientes. Podrían serlo, pero lo más probable es que no. Lo más gracioso del asunto es que algunas abuelas, cuando ven que a los bebés les salen los dientes después, a los 7 meses, aún son capaces de decir: “¿Ves? Ya te dije yo que eran los dientes”.

Foto | Torsten Mangner en Flickr
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