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quemaduras en el hogar

Cuando tenemos un niño pequeño es normal que nos preocupe estar preparados si se produce un accidente. Saber reaccionar con tranquilidad y realizar los primeros auxilios adecuados es muy importante para evitar secuelas. Uno de los problemas a los que nos podemos enfrentar son la quemaduras.

La prevención es la primera cosa que debemos tener presente. La cocina debe tener una placa que evite la posibilidad de que la comida o los líquidos calientes puedan caer sobre el niño. No debemos beber líquidos muy calientes o dejarlos cerca de un niño pequeño. Hay que confirmar la temperatura del baño siempre. No fumar en casa y sobre todo no hacerlo cerca de los niños son medidas adicionales que, con un poco de prudencia, nos librarán de un disgusto serio.

Cada tipo de quemadura también requiere un tratamiento diferente y es muy importante conocerlos para poder actuar con serenidad si se producen. Vamos a ver en detalle como prevenir, reconocer y tratar cada tipo de quemadura.

La mayoría de las quemaduras que se producen en el hogar son evitables. Suelen producirse cuando un líquido caliente se vierte sobre el niño. Por eso hay que tener mucho cuidado cuando estamos cocinando o cuando estamos bebiendo algo caliente, poniendo máxima atención para evitar que el niño pueda tirárselo encima.

También son habituales las quemaduras con el agua de la bañera o la ducha. Siempre hay que tocar el agua antes de meter al niño o rociarlo. Aunque no son quemaduras profundas si pueden tener mucha extensión y son dolorosas.

Otras quemaduras pueden ser con un cigarro. Aparte del mal ejemplo que es fumar delante de un niño y de los peligros para su salud que tiene inhalar humo una razón más para no fumar con niños cerca es la posibilidad de que se quemen. Por eso, no fumar con ellos cerca y mucho menos tomarlos en brazos con un cigarrillo es una medida de protección lógica.

El fuego directo es menos habitual pero muy peligroso. Si se ha pegado fuego a algo de la casa y la ropa del niño prende hay que actuar inmediatamente. Si el niño tiene la ropa en llamas nunca hay que aplicar agua directamente sobre el fuego, sino hacerle rodar por el suelo envuelto en una manta.

Las quemaduras pueden ser de varios tipos. Las de primer grado son superficiales, dejan la piel reseca y enrojecida, causando dolor. Las de segundo grado son ya intensamente dolorosas y producen ampollas. Las de tercer grado implican la abrasión de capas más profundas de la piel, producen llagas abiertas y pérdida de sensibilidad.

Cuando un niño se quema lo primero que hay que hacer es poner el área quemada bajo un chorro de agua fresca ( no helada, sino aproximadamente a 22 grados). De este modo lo que vamos a lograr es evitar que el calor se propague a áreas más profundas de la piel.

Si el dolor es muy intenso podemos dar un calmante, tipo ibuprofeno o paracetamol, siempre guardando la serenidad suficiente para no equivocarnos con la dosis. No hay que poner aceite, ni mantequilla, ni pomadas o ungüentos.

A continuación hay que seguir manteniendo la zona fresca con compresas mojadas, y solamente aplicar alguna crema nosotros si la quemadura es de primer grado y pequeña.

En general, para tratar las quemaduras en primero auxilios, la mejor acción en poner agua fresca si no hay llama y, muy importante, nunca quitar la ropa si ha quedado pegada a la piel. Si lo hacemos arrancamos la piel con la ropa y podemos producir heridas mucho más graves.

En los casos de quemaduras de tercer grado siempre es necesaria la atención médica y en el caso de las de segundo grado, en los niños, es también, incluso si son pequeñas, conveniente acudir a un centro médico con rapidez para que se pueda evaluar la gravedad y aplicar las medidas de prevención de infección necesarias. Una vez realizado unos primeros auxilios las quemaduras deben, habitualmente, ser valoradas por el médico, pero si hemos actuado correctamente las consecuencias serán menores.

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