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Hace cosa de un mes tuvimos a nuestro segundo hijo Aran. El caso es que por el talante de los españoles y nuestra cultura “del tomate” los comentarios gratuitos sobre la idoneidad o no de un segundo hijo suelen ser habituales.

En otras palabras, que es frecuente que la gente te regale su opinión sin pensar que puede molestar. La suma de opiniones hace que al final uno dude y que no sepa cuántos hijos considera la sociedad que hay que tener hoy en día.

Durante este segundo embarazo recibimos diversos comentarios que podría agrupar en tres frases genéricas (no siempre eran iguales, pero sí similares):

1. “Tú estás loca, donde vas con dos hijos”. O bien “¿otro? Pero si ya tenéis uno, ¿no?”.

Ambas frases llenas de sabiduría, como veis. Antiguamente, cuando una pareja tenía varios hijos se bromeaba con comentarios tipo “¿queréis montar un equipo de básquet (5 integrantes) o qué?”. Ahora cualquier día alguien me preguntará si es que buscaba montar una pareja de dobles de tenis (o qué).

2. “Bueno, pues ahora ya está.” Y ahí queda la cosa. Ahora ya está, ya hemos cumplido ¿no?, pues ala, se acabó, que un tercero sobra.

Otras versiones de esta frase son “bueno, pues ahora ya está. Dos hijos y luego si eso el gato”, en alusión a que si como pareja sientes la necesidad o la duda de si tener otro hijo, puedes (debes) aplacarla comprando una mascota, o incluso “bueno, pues ahora ya está. Tu marido, que se opere, jajaja” (sin comentarios).

3. “Uy, dos… No, no, yo ya cerré la fábrica, con el trabajo que dan”. La frase en sí es algo más aceptable que las anteriores, sin embargo puede ir asociada a comunicación no verbal despectiva (tono de voz o mirada que sugieran un “yo sí que lo he hecho bien”) y es aquí cuando merece formar parte de este grupo de comentarios.

Recuerdo que siempre que oía hablar o hablaba de este tema en petit comité la conclusión de la gente y la mía propia era que lo deseable eran tres hijos.

Uno se decía que era poco, que le faltaría compañía, dos se decía que acababan discutiendo entre ellos todo el día y tres que era un número impar que equilibraba la balanza. Unas veces estarían dos de acuerdo y otras veces otros dos.

Estas conclusiones son, evidentemente, el sentir general de hace unos años y no un mandato que debiéramos seguir. La gente tiene que tener los hijos que quieran y que puedan (aunque para que haya relevo generacional deben tener un mínimo de dos).

Nuestro pensamiento actual es el de tener un tercero (nos dirán que vamos a por la niña, claro) porque siempre hemos dicho que nos gustaría tener tres, pero si con dos ya recibimos comentarios que sugieren que estamos algo faltos de cordura no quiero imaginar qué sucederá el día que mi mujer esté embarazada de nuevo, si ese día llega.

En mi (mal calibrada) mente empiezan a aparecer frases tipo “¿sois del Opus?” o “éste se os ha colado, ¿no?”.

Hasta ahora, nuestra respuesta a todos estos comentarios es simple: “Nos encantan los niños”.

Para nosotros son lo primero y por eso preferimos dos que uno y preferimos tres que dos. Otros elegirán tener sólo un hijo, o vivir la vida en juventud y ver qué depara el futuro, o plantarse con los dos, o no tener ninguno.

Y en todo este conjunto de personas no hay mejores ni peores, sólo hay personas diferentes con diferentes sueños, ideas y aspiraciones.

Yo lo tengo claro, “cada vecino que cuide de su puerta”, pero todas aquellas personas a las que les encanta hablar (que suelen ser a las que menos les gusta escuchar) empiezan a acotar la cantidad ideal de hijos en uno o como mucho dos.

¿Qué pensáis vosotros?

Foto | Armando: “Mis dos locos bajitos”

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