
Nadie duda actualmente que la lactancia materna es el mejor alimento para los bebés, sin embargo la generación de madres actuales no ha contado con la ayuda de sus madres o familiares para aprender a dar el pecho.
En otras palabras, a dar el pecho se aprende, no es algo innato, pero la transmisión de conocimientos de manera generacional se perdió cuando nuestras madres y abuelas (sobretodo nuestras madres) dejaron de amamantarnos en pro de la que entonces se conocía como la mejor leche posible, la artificial.
Esta situación hace que muchas madres tengan problemas con el amamantamiento derivados de malas posiciones, problemas en la estructura oral de los bebés (frenillo en la lengua o mandíbula inferior pequeña), implantación de horarios, mitos sobre la calidad o cantidad de leche, etc. que hacen que muy pocos bebés lleguen a los seis meses tomando leche materna exclusiva.
Para todos estos problemas las mamás (y papás) buscamos la ayuda de los pediatras (los médicos de los bebés). Ahora bien, ¿podemos fiarnos de ellos a la hora de hablar de lactancia?
Los pediatras se encuentran en una posición de privilegio ya que tienen la posibilidad de ayudar y educar a las madres para que los bebés sean amamantados el máximo tiempo posible, tal y como recomiendan los máximos organismos oficiales en términos de salud (OMS, UNICEF, AEP,...), sin embargo algo debe estar fallando cuando solo uno de cada cuatro niños toma lactancia materna exclusiva a los seis meses.
Diversos estudios de campo entre médicos pediatras, dirigidos a conocer sus conocimientos, las indicaciones que harían y sus actitudes, revelan los siguientes (preocupantes) datos:
Otros niños sí pueden estar tomando poca leche por problemas en el agarre al pecho o por no estar realizando la lactancia a demanda. La labor de los pediatras debería ser la de buscar la causa de que un bebé esté ganando poco peso y ofrecer una solución acorde al problema.
Suplementar la lactancia materna con leche artificial para que el bebé coja peso es el primer paso para que la lactancia materna fracase.
Muchos antibióticos y antiinflamatorios son perfectamente compatibles con la lactancia (y desgraciadamente muchas madres han dejado de dar el pecho a sus hijos por este motivo).
Que la mitad de los residentes de pediatría (los que tienen la formación más reciente y la información más “fresca”) no conozca las recomendaciones más importantes sobre lactancia me parece, personalmente, vergonzoso.
• El 50% pensaba que los niños amamantados necesitan agua y que si lloran por hambre hay que ofrecer biberón antes que aumentar el número de tomas: Los bebés no necesitan agua, como explicaré dentro de unos días, y si lloran por hambre deben ser amamantados. Ofrecer un biberón supone dejar de alimentar a demanda y el inicio del final de la lactancia materna.

Queda a la vista que los datos son poco esperanzadores. Las madres, y sobretodo los bebés, necesitan pediatras que sepan diagnosticar y solucionar problemas relacionados con la lactancia, básicamente, porque si no acuden a los profesionales que se supone que están preparados para ello, ¿a quién van a acudir?
Las más insistentes (y las que conocen su existencia) acaban yendo a grupos de apoyo para madres lactantes donde asesoras de lactancia y otras madres están realizando la función que deberían estar haciendo los pediatras y enfermeras, de manera voluntaria y con unos resultados excelentes, que todo hay que decirlo, pero con la limitación que la falta de un título sanitario les supone: No pueden recetar pomadas, cremas ni antibióticos en caso de infección y son las madres las que deben acudir al pediatra a “convencerle” de su problema para que ponga el tratamiento necesario.
El resto de madres acaba haciendo caso de consejos a menudo contraproducentes que provocan el fin de la lactancia.
En datos de 2002 (Hamlyn), el 87% de las madres que interrumpieron la lactancia en el transcurso de las seis semanas después del nacimiento habrían querido continuar la lactancia durante más tiempo. De las madres que amamantaron durante al menos seis meses, el 37% habría preferido continuar durante más tiempo.
Espero que esta entrada sirva como crítica constructiva y como fotografía de la realidad actual. Hay muchos pediatras que están haciendo una labor maravillosa por el bien de los bebés, pero hay muchos otros que se están quedando en el pasado, dando consejos erróneos y efectuando juicios de valor innecesarios.
Os necesitamos a todos. Los bebés os necesitan a todos. Tenedlo en cuenta, queridos pediatras. Por favor.
Más información | IHAN (Iniciativa Hospital Amigo de los Niños) – V Congreso Español de Lactancia Materna
(pág. 39)
En Bebés y más | Mi experiencia con los pediatras poco amigos del colecho y la lactancia (I) y (II), La elección del pediatra