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Desarrollo del lenguaje: 1-2 años

Ya han pasado doce meses desde el nacimiento de nuestro hijo, y en este tiempo hemos podido comprobar como crece, y cómo se van desarrollando nuevas habilidades con las que adaptarse al mundo que le rodea.

Poco a poco es capaz de moverse con mayor autonomía y de realizar movimientos más complejos que le ayudarán a conseguir diferentes objetivos. Su capacidad cognitiva también se desarrolla a medida que interactúa con el mundo, investigando su entorno y jugando con diversos objetos y personas. Y el desarrollo del lenguaje de uno a dos años también va a ser bastante significativo.

Comienza a realizar emisiones que le permitirán regular con mayor facilidad su entorno para lograr aquellas cosas que no están al alcance de su mano y que son de su interés, así como de tener un poder de comunicación mayor, ya que no sólo empleará los gestos para hacerse entender, sino que poco a poco su repertorio de sonidos irá en aumento.

Entre los doce y los dieciocho meses

Inicialmente, nuestro hijo comenzará usando entre una y tres palabras (las cuales poco a poco irán aumentando) con sentido referencial, es decir, que quieran significar una persona, comida u objeto en concreto. Para aquellas palabras que él no conozca, en especial de objetos y animales, usará sonidos sonidos onomatopéyicos con el fin de hacerse entender.

Es en esta etapa cuando más usará frases de una sola palabra, también conocidas como holofrases (como por ejemplo “pelota” para referirse a “quiero esa pelota” o “pan” para decir “quiero más pan”) para comunicarse verbalmente con su entorno, ya que aún no está capacitado para emitir frases de mayor longitud. No obstante, poco a poco, según va creciendo, irán apareciendo un mayor número de palabras reales que empleará en su lenguaje espontáneo, llegando a emplear diez o más palabras señas u onomatopeyas a lo largo de este semestre.

Los sonidos que con más frecuencia podremos distinguir en esta etapa son, principalmente, el sonido /t/, /n/, /m/, /p/ y /b/ ya que son los sonidos que a la hora de articular nos resultan más fáciles de hacer dado a que no suponen demasiada dificultad articulatoria.

Cuando nos ponemos a jugar con ellos, o incluso en las rutinas de la vida diaria, podemos comprobar como nuestro pequeño puede imitar vocalizaciones, exclamaciones o gestos faciales que nosotros hagamos, además de repetir adecuadamente sonidos onomatopéyicos de objetos o de animales.

Según vaya creciendo, será capaz también de imitar palabras conocidas formadas por dos sílabas diferentes (ma-pa, ba-ta…), así como de imitar palabras conocidas que oye en una conversación o los gestos que observa en los demás al hablar, siempre y cuando estas palabras o gestos estén dentro de su repertorio y que le resulten conocidas.

Su comprensión poco a poco también va enriqueciéndose: responde con gestos apropiados a diferentes mandatos que se le piden (“coge la pelota”, “no corras”...), señala objetos comunes de su entorno cuando se le nombran con palabras o gestos, nos indica su edad levantando el dedo índice cuando se le pregunta…

A la hora de contarle un cuento, comienza a mantener interés por las imágenes que presentade, poniendo el dedo índice sobre alguno de los dibujos e incluso puede identificar la mayoría de los objetos comunes cuando se le nombran, mirando o bien señalándolos con su dedo índice, e incluso puede llegar a identificar una imagen concreta entre dos.

Todo lo anterior se traduce en que su comunicación es cada vez más eficaz, ya que utiliza palabras o gestos para comunicar sus deseos. Utiliza los protoimperativos (gestos mediante los cuales el niño nos usa para conseguir algo) y los protodeclarativos (gestos que usa el niño para compartir nuestra atención respecto a un objeto que señala). Además, cuando vocaliza cambia la intensidad o el tono para hacerse entender mejor.

Entre los diecinueve y los veinticuatro meses

A medida que nuestro hijo se acerca a los dos años, su repertorio de sonidos y de vocabulario aumenta paulatinamente. Comienza a combinar dos palabras que suelen ser, en su mayoría, nombres (comunes o propios) o verbos. Además, sobregeneraliza el significado de las palabras, ya que para él todo animal de cuatro patas es un perro o todo la carne será “chicha”.

Al alcanzar los veinticuatro meses, nuestro pequeño contará con un repertorio de 50 palabras aproximadamente, las cuales irá combinando con algunos artículos determinantes e incluso utilizando pronombres (eso sí, con errores). Pero la mayor parte del tiempo que se quiera referir a sí mismo empleará su nombre en lugar del pronombre “yo”. Sus frases pueden ser de dos o tres elementos las cuales, generalmente, suelen ser combinaciones de verbo seguido de un sustantivo.

Como ocurría en el semestre anterior, cuando estamos en una situación lúdica podemos comprobar como nuestro hijo puede imitar bastante bien movimientos nuevos visibles, sobre el propio cuerpo, o sonidos del entorno (animales, motores, reloj, teléfono…). También es capaz de imitar palabras nuevas sencillas de dos sílabas y sonidos de forma precisa. Además, poco a poco irá integrando en su lenguaje espontáneo aquellas oraciones de dos o tres palabras que imita del adulto.

Su comprensión también nota cierta mejoría, ya que ahora responde adecuadamente y discrimina mejor entre varios sonidos del ambiente, además de poder seguir órdenes que comprendan una acción dentro de un contexto determinado, e incluso puede llegar a realizar dos acciones seguidas.

Si estamos leyendo un cuento juntos, notamos como es capaz de identificar la mayoría de los objetos comunes cuando se le nombran, mirando o bien señalándolos con su dedo índice. Además, si le presentamos cinco dibujos o más y le pedimos que seleccione uno en concreto, podrá hacerlo sin mayor dificultad.

En definitiva, nuestro pequeño manifiesta conocimiento de nuevas palabras a un ritmo creciente, el cual se traduce en, por ejemplo, ser capaz de seleccionar de forma adecuada dibujos que representan un gran número de objetos, personas y acciones básicas.

Su comunicación consiste ahora en una mezcla de jerga y palabras reales que emplea para comentar algo, pedir objetos y acciones por parte del adulto (por ejemplo, repetir algo que le hace mucha gracia) o simplemente para conseguir atención. Notamos como es capaz de saludar a las personas con gestos o vocalizaciones apropiadas o de dirigirse al adulto para conseguir información con una mirada interrogativa, cambios en la tonalidad o intensidad de la voz o con palabras. Además, esta correspondería la etapa del “no”, ya que es su respuesta ante cualquier cosa que no queire hacer o como medio para protestar por algo.

Conclusión

El desarrollo del lenguaje en el niño entre el año y los dos años supone un avance muy importante a todos los niveles: el repertorio de sonidos y vocabulario aumenta considerablemente, su capacidad de imitar le ayuda a ir integrando nuevas palabras o gestos que se traducirán también en una mayor capacidad de comprensión y, lo más importante, su intención comunicativa irá perfilándose cada vez más, lo que hace que sea cada vez más competente.

Foto | HaardNox en Flickr
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