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La transpiración o sudor es el líquido salado que producen las glándulas sudoríparas y se exteriorizan por los poros. La función de este proceso es regular la temperatura corporal sobre todo en ambientes cálidos o en momentos de alta actividad física.

La transpiración es un proceso fisiológico que está controlado principalemente por el sistema nervioso, y se presenta comúnmente debajo de los brazos, en los pies o en las palmas de las manos pero en los niños pequeños es frecuente encontrar mojada su cabeza, frente, torax, espalda…

Aunque hay bebés que no sudan o lo hacen poco, ya que los mecanismos que regulan la transpiración no están establecidos totalmente, lo contrario no es preocupante.

Si encontramos las ropas o las sábanas mojadas, habremos de comprobar si el bebé está excesivamente abrigado o la temperatura ambiente es elevada, y tomar las medidas necesarias para proteger al bebé del calor.

En principio que un bebé sude no debe asumirse como algo patológico, ya que como hemos dicho la transpiración tiene la función de eliminar el excesivo calor.

Además, no todos los individuos transpiran en cantidades similares, aunque en casos extremos el exceso de transpiración puede ser un problema médico. Son los casos de hiperhidrosis, cuadro que requiere en ocasiones tratamiento multidisciplinario (pediatra, endocrinólogo, psicólogo, neurólogo, dermatólogo…).

La transpiración en un niño que está sano y tiene buen aspecto general no debe provocar angustia familar, pero es conveniente que durante los controles de salud del niño se le informe al pediatra sobre esta situación.

¿Por qué sudan los bebés?

Los niños pequeños tienen una relación de superficie corporal mayor respecto al adulto ya que aunque su peso y talla son menores al de los mayores, los niños son “más compactos” (más aún si están rellenitos).

A esto hay que sumar el sobreabrigo tan frecuentemente practicado, no es extraño ver a los bebés más pequeños abrigados en verano mientras sus padres van bien frescos.

Por supuesto, otro factor fundamental es la temperatura ambiente, ya que en los lugares cálidos, habitaciones cerradas, poco ventiladas es más común encontrar este fenomeno de sudoración. En estos casos, habremos de tomar las precauciones necesarias para mantener al bebé bien hidratado, ambientar la casa y no permitir que el bebé pase excesivo calor, pues podría producirse un golpe de calor.

En caso de que un niño esté muy sudado y no tenga buen semblante, o exprese malestar será conveniente tomarle la temperatura para comprobar si tiene fiebre.

Cómo actuar si el bebé suda

Ya hemos dado algunos consejos, en general no hay que preocuparse, si la transpiración no es abundante o es puntual puede que no sea necesaria ninguna acción al respecto. Podemos actuar de la siguiente manera para evitarle malestar al pequeño:

  • Lavarle la cara y el cuerpo con un agua a temperatura agradable.
  • Cambiar sus vestimenta y la ropa de cama. No se debe sobreabrigar a los pequeños.
  • Reemplazar los líquidos corporales perdidos ofreciéndole pecho más frecuentemente o agua a los mayores.
  • Ajustar ligeramente la temperatura del ambiente. Una temperatura agradable puede rondar entre los 22 y 24 grados aproximadamente.

En cualquier caso, si vemos que el bebé suda en exceso y con frecuencia habremos de comentárselo al pediatra en la siguiente visita.

Vía | Zona pediátrica
Foto | aussiegall en Flickr – CC
En Bebés y más | Bebés y niños en verano: prevenir un golpe de calor, Pasear al bebé en días fríos, ¿Por qué huelen bien los bebés?

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