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Ganglios en bebés y niños: qué son esos bultitos y qué debemos controlar

Ganglios en bebés y niños: qué son esos bultitos y qué debemos controlar
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Con cierta frecuencia vienen padres a la consulta, a veces incluso de urgencia, asustados porque han notado a su bebé o a su hijo/a un bulto en alguna región del cuerpo. Y, si bien solemos relacionar los bultos con gravedad, los ganglios suelen estar presentes en niños sanos. A continuación explicamos qué son, cuáles son normales y en qué casos debemos preocuparnos.

¿Qué son los ganglios?

Los ganglios forman parte de nuestro sistema inmunológico y son elementos de defensa frente a infecciones. En el cuerpo humano hay unos 600 ganglios y en ellos se concentran gran cantidad de células con papel defensivo: linfocitos, macrófagos, células dendríticas...

Los ganglios también se encargan de filtrar la linfa. La linfa es un líquido transparente compuesto por diferentes sustancias (glóbulos blancos, proteínas, grasas...) que se transporta desde los tejidos hasta la sangre a través de los vasos linfáticos. En los ganglios linfáticos se filtra la linfa y se eliminan sustancias extrañas como bacterias.

¿Por qué aumentan de tamaño?

En determinadas situaciones, los ganglios se inflaman y aumentan de tamaño; hablamos entonces de adenopatías. Lo más frecuente es que suceda por infecciones.

Muchas veces se inflaman los ganglios más próximos; por ejemplo, en unas anginas aumentarán de tamaño los ganglios del cuello. En las conjuntivitis puede palparse, en ocasiones, un ganglio delante de la oreja.

Hay otras situaciones en las que el aumento de los ganglios es generalizado, por ejemplo en la mononucleosis (o enfermedad del beso). De manera mucho menos habitual, las adenopatías pueden deberse a otra gran cantidad de procesos: por fármacos, enfermedades autoinmunes, neoplasias, enfermedades endocrinas...

¿Qué es normal en niños?

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Tener ganglios palpables es tremendamente frecuente en los primeros años de vida. Los niños tienen más ganglios y de mayor tamaño. Además, sufren muchas infecciones a lo largo de la infancia.

Podemos palpar ganglios en más del 30% de los recién nacidos y en más del 50% de los lactantes. Y hasta el 80-90% de los niños entre 4 y 8 años tienen ganglios palpables en el cuello.

Las localizaciones más frecuentes en niños sanos son el cuello y las ingles. En los lactantes podemos palpar pequeños ganglios occipitales y retroauriculares (detrás de las orejas), pero estos son menos frecuentes en niños mayores. Estos ganglios "normales" suelen ser de pequeño tamaño, blanditos y que se mueven con facilidad.

Lo que NO es normal

Ya hemos visto que los ganglios en el cuello y en las ingles son habituales; por el contrario, los ganglios supraclaviculares (justo por encima de la clavícula) o en el hueco poplíteo (el hueco que se encuentra detrás de la rodilla, entre el muslo y la pierna) no son normales y suponen un signo de alarma.

Tampoco son normales los ganglios muy duros o que cuesta mucho movilizarlos (están como pegados), así como aquellos que aumentan rápidamente de tamaño.

¿Cuando debemos consultar al pediatra?

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Ya hemos visto que la mayoría de niños tiene ganglios en el cuello; suelen ser menores de 1cm de diámetro (menores de 0.5 en los lactantes). Se mueven con facilidad, no le duelen y son blanditos.

Con infecciones víricas leves (por ejemplo, un catarro), es habitual que se inflamen; suelen tocarse ganglios aumentados en los dos lados del cuello. Pueden permanecer inflamados mucho tiempo después de haberse curado la infección.

Si, por el contrario, sólo vemos un ganglio en un lado del cuello, es de gran tamaño y le duele al tocarlo, conviene que consultemos al pediatra pues puede tratarse de una infección bacteriana que requiera tratamiento.

Además, conviene consultar al pediatra siempre que:

  • los ganglios se encuentran en localizaciones poco frecuentes, especialmente si están justo por encima de la clavícula o en el hueco poplíteo (corva de la rodilla).
  • los ganglios están duros, cuesta moverlos y parece que están adheridos a la piel o a los tejidos profundos
  • Aumento rápido del tamaño del ganglio, especialmente si la zona está roja, caliente o ulcerada
  • además de los ganglios, el niño está muy cansado, hemos notado que ha perdido peso y tiene menos apetito
  • Si los ganglios persisten más de 3 semanas
  • Los ganglios han aparecido tras la picadura o mordedura de un insecto o animal (gatos, garrapatas…).

En Bebés y más | Los mejores remedios caseros para niños malitos que funcionan, y los que no (según una pediatra)

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