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La ictericia en recién nacidos podría ser un sistema de defensa evolutivo contra la muerte por sepsis

La ictericia en recién nacidos podría ser un sistema de defensa evolutivo contra la muerte por sepsis
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En los recién nacidos, la ictericia es algo tan común que se considera fisiológica, afectando a alrededor del 60% de los bebés a término y al 80% de los bebés prematuros durante la primera semana de vida. Es algo que los médicos tienen que vigilar cuidadosamente e incluso tratar, puesto que puede provocar enfermedades como la encefalopatía bilirrubínica aguda o el kernícterus que pueden dañar el cerebro del bebé y causar problemas de desarrollo.

Pero ahora resulta que esta ictericia no es sólo uno de los peligros que conlleva llegar al mundo: una nueva investigación recién publicada en la revista Scientific Reports y en la que hemos formado parte sugiere que es uno de los dones de la evolución. Los seres humanos podemos desarrollar ictericia al nacer para protegernos de algo aún más grave: la sepsis.

Molécula de bilirrubina. Molekuul_b

Cuando la mayoría de las personas piensan en la ictericia, probablemente piensan en la piel amarilla, un efecto causado por un exceso de un pigmento amarillo-anaranjado en la sangre conocido como bilirrubina. La bilirrubina se libera cuando se descomponen los glóbulos rojos viejos.

Normalmente la bilirrubina llega al hígado donde pasa a ser soluble en agua antes de ser excretada tanto en heces como en la orina, pero este proceso puede salir mal cuando ha habido alguna alteración en el hígado que impide que funcione adecuadamente. En los adultos, esto puede ser un signo de [condiciones subyacentes][6] que van desde la hepatitis hasta la cirrosis alcohólica.

En el caso de los recién nacidos, la situación es ligeramente diferente: el cuerpo necesita hacer una transición de la sangre del feto a la sangre adulta, pero el hígado todavía no tiene la capacidad de hacer frente a la bilirrubina liberada en la producción de glóbulos rojos. La ictericia resultante generalmente no tiene consecuencias.

El riesgo de complicaciones como la encefalopatía y el kernícterus se produce cuando la bilirrubina circula a niveles altos durante períodos prolongados, lo que le permite cruzar la barrera hematoencefálica y depositarse en las profundidades del cerebro. Como resultado, los neonatólogos tratan los niveles altos de bilirrubina con lámparas de fototerapia de luz azul y blanca, que convierten la bilirrubina en una forma más soluble en agua (temporalmente haciendo el trabajo que le corresponde al hígado). En la actualidad las complicaciones son por fortuna extremadamente raras, al menos en los países ricos.

El motivo inexplicable

ictericia

He aquí el misterio: ¿por qué los humanos no hemos evolucionado para superar este problema temporal de bilirrubina? Richard se hizo esta pregunta cuando hacía su doctorado en microbiología intestinal en la Universidad de Aberdeen mientras trabajaba de guardia en la unidad de neonatología como encargado del registro en el hospital de maternidad de la ciudad.

Una noche estaba cuidando a un bebé con [sepsis][8] (cuando el sistema inmunológico se pone en marcha para protegerse contra las infecciones, lo que puede llevar a una inflamación severa, a una insuficiencia de los órganos y a la muerte). El bebé estaba muy enfermo en cuidados intensivos, con inflamación y unos niveles de bilirrubina sorprendentemente altos que sólo estaban siendo controlados con tres lámparas de fototerapia. Por lo general, este tipo de ictericia grave es causada por una reacción inmunitaria entre los grupos sanguíneos de la madre y del bebé, pero no en este caso.

Richard comenzó a preguntarse si la bilirrubina estaba directamente relacionada con la infección y si era parte del intento del cuerpo del bebé de eliminar la sepsis (en este caso, el bebé sobrevivió). Fue ahí cuando empezó a pensar en el problema en términos evolutivos: si la ictericia puede dañar al bebé, ¿qué beneficios nos ofrece?

Según las investigaciones hasta la fecha, la mayoría de los científicos hablaba sobre efectos antioxidantes de la bilirrubina como forma de contrarrestar el estrés oxidativo causado por el nacimiento. Sin embargo, lo que no acababa de convencer era el momento en el que se producía: cuando la ictericia se desarrolla en la mayoría de los bebés, el proceso de oxidación vinculado al parto ya ha ocurrido por lo menos hace 24 horas.

Pensando en los bebés de la prehistoria que nacían en cuevas sin atención médica y sin antibióticos, Richard se dio cuenta de que la mayor amenaza para su vida después de sobrevivir al parto sería probablemente una sepsis abrumadora en los primeros días, exactamente cuando el nivel de bilirrubina aumenta de forma natural. ¿Podría la ictericia ser un mecanismo evolutivo para protegernos contra esto?

Comenzando la búsqueda

Richard trabajó con un equipo de 11 personas de la Universidad de Aberdeen y del Servicio Nacional de Salud de Escocia, reclutando a un estudiante de medicina dispuesto a pasar sus vacaciones de verano trabajando con placas de sangre, bilirrubina y bacterias cultivadas originalmente a partir de hemocultivos neonatales tomados en bebés sépticos.

Algunos de los primeros indicios que respaldan esta hipótesis surgieron por primera vez en 2009 cuando el equipo descubrió que la bilirrubina parecía afectar al crecimiento del causante más común de sepsis temprana en bebés: la bacteria grampositiva streptococcus agalactiae. Cuando había más bacterias implicadas en la sepsis, los resultados eran mixtos: la bilirrubina también afectaba a algunos tipos de estafilococos, pero no a la bacteria gramnegativa escherichia coli.

Colonias de streptococcus agalactiae. angellodeco

La investigación le valió a Sophie Gibnos para obtener una beca de doctorado del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido y seguir investigando dichas ideas. Sophie desarrolló un nuevo sistema de cultivo líquido para probar la hipótesis más a fondo y observar el impacto directo sobre las bacterias.

Los resultados de este proyecto acaban de ser publicados y nuestro equipo ha demostrado que incluso concentraciones modestas de bilirrubina reducen en un tercio el crecimiento de la bacteria grampositiva streptococcus agalactiae. También demostramos que la bilirrubina puede alterar el metabolismo del sustrato en las bacterias.

En resumen, parece que la hipótesis se está confirmando. Ahora lo necesario es trabajar más a fondo, probablemente en experimentos sobre la sepsis con animales, lo que nos permitirá reflexionar sobre si los médicos deberían elevar el umbral de bilirrubina aceptado para los bebés en riesgo de sepsis, como pueden ser los bebés prematuros.

Parece que estamos descubriendo algo nuevo sobre la fisiología de los recién nacidos y la ciencia clínica puede ser algo emocionante: llevar una idea en base a un paciente real al laboratorio y probarla, para posteriormente desarrollarla y ayudar a futuros pacientes.

Cuando en el futuro los recién nacidos desarrollen ictericia, todavía tendremos que tratarla con cuidado, pero es muy posible que nos sintamos agradecidos de que esté protegiendo a los bebés de una causa potencialmente mortal.

Foto | Petr Bonek y Happypix

Autores: Richard Hansen, Profesor Asociado Clínico Honorario, Universidad de Glasgow; Elaina collie-duguid, Gerente, Centro de Biología y Medicina Habilitadas por el Genoma, Universidad de Aberdeen; y Georgina Hold, Profesora de microbiología intestinal, UNSW.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón

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