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Te contamos como alimentar y proteger la rutina de leer a los niños antes de acostarse

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Una de mis amigas dice que la razón por las que les lee a sus hijos por la noche, es que de esa forma predispone la mente a conseguir el relax y la paz necesarios para un sueño que además de ser reconfortante, sea feliz. En su opinión, al dormir tenemos ocasión de prepararnos para un nuevo día lleno de energía; y por eso, las lecturas previas deberían ser divertidas, amables, fantásticas, bellas o constructivas.

Estoy en parte de acuerdo con esta teoría, aunque está claro que al leerles en voz alta a los niños (algo que solemos hacer por la noches), conseguimos muchos beneficios que pueden o no coincidir con el expuesto. Y después está la cuestión de la cantidad, nivel de lectura y géneros preferidos que se lean en cada familia, factores que pueden influir en que no siempre sea posible abrir libros exentos de crudeza, miedo o tristeza.

En cualquier caso, leerles por la noche sigue siendo aún hoy en día, una actividad muy placentera para toda la familia, si embargo cada vez menos padres comparten lectura antes de acostarse con sus hijos. Como causas se señalan el estrés, el hecho de que los niños prefieran ver la televisión o conectarse a Internet (¿antes de dormir?, ¿pero no habíamos dicho que estas prácticas dificultan la conciliación del sueño?), e incluso la sensación de que tenemos menos tiempo para todo.

Melanie Mayo es editora del magazine Mothering, y cree que parte de la culpa en el descenso de esta práctica, es el exceso de información y opciones a los que los padres se enfrentan: ¿cuánto tiempo debo leer a cada niño? ¿qué libros son adecuados? ¿es conveniente conversar con ellos sobre las lecturas?, etc. Supongo que Melanie se refiere con ello a que sin quererlo, hemos restado espontaneidad y naturalidad a estos momentos tan íntimos de la familia

No le quito razón, aunque no quiero perder de vista que en muchas ocasiones existe falta de voluntad o desinterés, también que hay niños que se acuestan muy tarde, y más allá de las 22 horas es difícil organizarse para leerles y dejar tiempo a que concilien el sueño.

Lo que si que es de agradecer son las tres recomendaciones básicas que Mayo nos ofrece, porque le da la vuelta a algunas sugerencias que para los padres pueden caer como losas en forma de "normas" (y eso echa para atrás). ¿Qué pretende?, pues ni más ni menos que ayudar a alimentar y proteger la rutina de lectura a la hora de acostarse.

Leyendo
  • Belleza y maravilla: el libro que leamos a los peques debe estar relacionado con la belleza, belleza en las ilustraciones, y especialmente e la forma humana. Muchas ilustraciones representan a las personas de manera caricaturesca, exagerada, e incluso grotesca, y esto puede ser desalentador para la mente de un niño.

Por otra parte tanto el relato como los dibujos deben acercarse a la "maravilla", ayudar a imaginar, y desarrollar la temáticas. Parece ser que muchos niños destinados en apariencia al público infantil, tienen un tono adulto, e incluyen figuras como la ironía o el sarcasmo, que se anteponen a la bondad o la capacidad de asombrar de que deberían dotarse estas lecturas. "Todo lo que leemos junto a los niños antes de que se acuesten, influirá en sus sueños".

  • Los libros les deben gustar, al menos tanto como lo hacen nuestras lecturas preferidas, de los contrario uno no puede identificarse con la historia y las ilustraciones; esta recomendación ayudará a que los niños no desarrollen antes de tiempo (antes de la edad en la que tengan otros muchos intereses) resistencia a la lectura.

  • Conversa sobre el libro, pero no interrogues: para ello debemos estar muy atentos a la trama (no vale leer mientras pensamos en otras cosas). Al conversar cada uno acepta su versión de lo leído y construye su propia percepción, al conversar nos podemos preguntar sobre significados de las palabras y podemos cuestionar una ilustración que no refleja la historia, al conversar aprendemos giros del lenguaje y también imaginamos otros finales para las lecturas… en otras palabras, aprendemos a la vez que nos entretenemos. Eso sí, la conversación nunca debería ser forzada.

Cuando nos "comunicamos" de la otra forma, es decir interrogando, podemos dañar la confianza de los niños, y además les ponemos en un aprieto y existen probabilidades de que no sigan hablando. Sin contar con que resulta muy pobre preguntar hechos evidentes o expuestos en el relato, porque es justamente lo que hemos leído.

Dice Melanie que no podemos tratar a los niños como un adulto pero sí con el respeto que se merecen como personitas en desarrollo.

Dormir leyendo

Hemos dicho que la conversación nunca debería ser forzada, y esto es porque a la hora de dormir es conveniente reducir estímulos. Así pues esto también implicaría que los libros pueden ser más lentos y suaves, pero como he comentado al principio, esto no siempre es posible conseguirlo dependiendo de lo que le guste al niño u otros factores. De todos modos podemos ayudar a que se calmen mientras les leamos si nos quedamos junto a ellos y les procuramos una luz tenue, además para redondear el efecto, es posible aprovechar el momento para hacerles un masaje.

Por último recordar que cuando son más grandes, ellos nos pueden devolver los minutos que hemos empleado leyéndoles, y de vez en cuando nos darán una sorpresa leyéndonos. Dejémosles hacer, aunque la historia la conozcamos de principio a fin, sumerjámonos en sus voces y en la forma en que entonan, agradezcamos el esfuerzo y digámosles que nos gusta muchísimo que nos hayan leído.

Imágenes | Lars Plougmann, Peter Dedina, littleprincessdiaries Vía | Mothering En Peques y Más | Esto es lo que podemos hacer los padres para que nuestros hijos mantengan el interés por la lectura, A pesar de que se ha reducido el hábito lector en los niños, estamos a tiempo de recuperar la lectura por placer y diversión

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