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Pautas para prevenir desde casa los trastornos de la alimentación en niños y adolescentes

Pautas para prevenir desde casa los trastornos de la alimentación en niños y adolescentes
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En nuestro especial sobre Alimentación Infantil ya hemos hablado sobre los trastornos de la alimentación, refiriéndonos más concretamente a cómo detectarlos. Hoy me gustaría detenerme en la prevención de la anorexia y la bulimia desde la familia.

Nos contaba en una entrevista Marta Ampuero (de Fundadeps) que estos trastornos se producen significativamente durante la adolescencia, aunque cada vez hay más niñas y niños preadolescentes en los que se observa una excesiva preocupación por el peso, y en los que se aprecia una tendencia a seguir los ‘cánones de belleza’ que perciben como impuestos.

Si nos cuentan que durante la década de los años 60 la prevalencia era inferior al uno por ciento, y ahora se encuentra en torno al cuatro por ciento, nos deberíamos preocupar. Y es que aunque el sobrepeso es el problema relacionado con la alimentación más alarmante (sobre todo teniendo en cuenta unas cifras que nos hablan del 30 % de niños de entre tres y 12 años); no debemos olvidarnos de la carga social que arrastran la anorexia y la bulimia, y de las terribles consecuencias que acarrean para la salud.

¿Tenemos la última palabra las familias? yo diría (y de veras lo siento) que no, porque tras la primera infancia los niños empiezan a descubrir el mundo más allá de sus familias y poco a poco recibirán más influencias del exterior. Sin embargo asumir un papel decisivo y activo en su educación marca la diferencia en la adquisición de conocimientos, en la autoestima de los niños, y en la formación de un espíritu crítico. Y como mínimo cuando los padres permanecen ‘del lado’ de los peques y mantienen los canales de comunicación abiertos, es más fácil abordar los problemas. He consultado algunas fuentes que hablan del descontento de chicos y chicas adolescentes en relación a su peso: más allá de las cifras, me ha llamado la atención que con la edad la insatisfacción en el caso de las chicas aumenta. Aunque ya sabemos que este tipo de trastornos se presentan mayoritariamente en niñas, aunque no estando los chicos exentos de padecerlos.

Me gustaría hacer un inciso para recordaros nuestro ‘decálogo de alimentación saludable para niños’, y para aseguraros que el nivel de actividad física es determinante para mantener la salud y el peso. El ejercicio físico también se posiciona como un factor de prevención ante la prevención de trastornos de la alimentación.

Pero volvamos a las familias, y a la prevención, y sobre todo volvamos a confiar en nuestra capacidad para relacionarnos con nuestros hijos, para estar presentes en sus vidas y para detectar los problemas a los que se vayan enfrentando. Un padre o una madre no pueden dejar pasar mucho tiempo desde la aparición de cambios en conductas o hábitos, o desde la observación de que el hijo está más malhumorado, más preocupado, etc. Y nosotros somos especialistas en detectar estos cambios, lo que ocurre es que no siempre estamos dispuestos a actuar, y (lo que es más importante) no siempre queremos mirar el problema ‘de cara’.

¿Qué podemos hacer para prevenir los trastornos de la alimentación?

  • Los padres debemos promover la autoaceptación y autoestima en los niños. Y es que una baja autoestima es un factor de riesgo en la aparición de anorexia o bulimia: los peques deben saber que pueden decidir por sí mismos y tener confianza en sus habilidades.

  • Estaremos pendiente de las manifestaciones tempranas de perfeccionismo; así como de los niños que se desarrollan tempranamente (y por lo tanto puedan presentar signos de pubertad anticipadamente), y de aquellos que disfrutan acercándose a comportamientos en exceso arriesgados.

  • Transmitir la idea de una imagen corporal saludable: un cuerpo sano nos ayuda a mantener y desarrollar mejor nuestras funciones, este es un mensaje mucho más positivo que hablar de delgadez o gordura. En casa estarán prohibidas las burlas hacia personas que (a juicio de los niños) tienen sobrepeso o proporciones corporales ‘poco agraciadas’.

  • Permitir la expresión de sentimientos, ideas y emociones en casa, sin interferir en los pensamientos de los niños. Esto nos permitirá detectar prontamente la aparición de problemas. Aprovechar los espacios de comunicación familiar para escucharles y para trabajar todos juntos en la superación de dificultades.

  • A partir de la pubertad se manifiestan una serie de cambios hormonales, psicológicos y afectivos muy grandes en los niños. Uno de los aspectos que más nos conviene asimilar es que desean ser aceptados por sus iguales, y creen que para ello se les deben parecer o deben mostrarse de acuerdo incondicionalmente sus opiniones. Nosotros como padres, y como personas que más les queremos les transmitiremos nuestro amor incondicional y nuestra aceptación hacia su físico y forma de ser, lo que buscamos con ello es darles seguridad.

  • Comer en familia e implantar una alimentación saludable en casa. Evitar una actitud rígida hacia las comidas, sobre todo en lo tocante a porciones, alimentos que no gustan, etc. Sin permitir por ello que se haga uso habitualmente de alimentos cargados de grasas y aditivo.

  • Favorecer la práctica de actividades físicas: no es necesario que se practique un deporte si los niños no están motivados, pero todos juntos realizaremos con frecuencia actividades como caminar, jugar al aire libre, bañarnos en la playa, etc. El ejercicio hace que nos sintamos bien y es una forma efectiva de conseguir (junto con la alimentación) un cuerpo sano.

¿Cómo actuar cuándo se presenta el problema?

  • Ante los primeros signos que puedan estar relacionados con los trastornos alimentarios, extremaremos una actitud comprensiva y abierta al diálogo. Así podríamos determinar la causa real y mostrarles nuestro apoyo a los niños.

  • Cuando tenemos sospechas fundadas de que nuestro hijo presente anorexia o bulimia, acudiremos al pediatra para que nos oriente.

Nadie conoce mejor que nosotros a los niños, y por lo tanto nadie está más capacitado que nosotros para hacer prevención en este asunto. Sólo necesitamos disponer de la información adecuada, saber a quién acudir, y fiarnos de nuestro instinto protector.

Imagen | smith en Flickr

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