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No necesitamos pegar a nuestros hijos para educarles

No necesitamos pegar a nuestros hijos para educarles
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Maltratar es tratar mal a alguien de palabra u obra, así que un cachete si que es un maltrato, aunque podemos matizar y decir que no es lo mismo una nalgada que una paliza. Se habla mucho últimamente de que aumentan los delitos de menores consistentes en agresiones a sus padres, y se señala la imposibilidad de "corregir razonable y moderadamente" a sus hijos, desde que la retirada de dos artículos del Código Civil, desautoriza el castigo físico.

Bueno, digo desautorizar por decir algo, porque pegar a los niños se sigue pegando, lo que pasa es que no es tan visible como la violencia de género, y no suele traspasar las fronteras del hogar. En su lugar pretendían los redactores de la modificación (del Código Civil), que al reprender a los niños, los padres respetaran la integridad física y psicológica, y también tener en cuenta su personalidad.

Crianza y Educación versus Sociedad de Consumo

Educación familiar

Y aclarado que un cachete si que es un maltrato, cabría matizar un par cosas: en primer lugar los padres estamos muy limitados a la hora de educar a los hijos, y muchas veces no por falta de voluntad o de recursos personales, sino porque carecemos de comunidades naturales que nos apoyen, nos den soporte en una tarea tan gratificante como complicada. Si a esto sumamos nuestras propias experiencias cuando éramos niños, y nadie se cuestionaba ni que los progenitores azotaran con el cinturón a los niños, ni que los profesores golpearan las manos de los alumnos; entenderemos (y entender no es lo mismo que aceptar) reacciones que desde la impulsividad, llevan a algunos padres a pegar a los niños.

Ahora bien, no es lo mismo golpear a un niño, y después pedirle perdón y decirle que estamos seguros de que no se lo merece, que vanagloriarse de saber educar "porque cuando no me obedece le doy una zurra"

En segundo lugar es verdad que parece que "se nos ha ido la mano" (esta vez es una metáfora) permitiendo que los niños tuvieran todo aquello que desearan, y ello ha desembocado en actitudes en exceso demandantes y exigentes. Por eso parece lógico retomar las riendas de la crianza y educación para volver a ese punto intermedio que nos llevará a que los niños tengan más valores, sepan apreciar mejor los esfuerzos que se hacen por ellos, y a la vez, desarrollen un pensamiento crítico.

Porque pensamiento crítico nos hace falta a raudales, ya que nuestras intenciones de moderación se topan con cantidad de estímulos que incitan al consumo, a las actitudes competitivas y a una forma de ser (social) extremadamente vulgar. Y quien alude a la falta de esfuerzo (supuestamente observado en la juventud), creo que tendría que mirar también este aspecto, porque las familias nos topamos con un muro bastante difícil de salvar

Los padres son padres

Criando

En esto si que le doy la razón al juez Calatayud (protagonista del artículo que motiva mi entrada), quien comenta que si uno es amigo de sus hijos, esto los convierte en huérfanos. Pero no es razón suficiente para que nadie ponga en las manos de los progenitores herramientas que les permitan utilizar el castigo físico si no hacen lo que queremos.

A los hijos hay que entenderlos, acompañarles, respetarles y educarlos; y no perder de vista la gran influencia que tenemos sobre ellos, y el modelaje que implica la forma en que nos movemos por la vida y cómo nos comportamos con ellos. Pero desde mi punto de vista siempre es mejor que eso lo hagamos desde el cariño y la cercanía, y dándoles posibilidades de crecer como personas a base de enfrentarse a sus errores e intentar mejorarlos, puede que de esta forma consiguiéramos una sociedad mejor.

Se pide (también) en el texto enlazado más abajo, que los profesores vuelvan a tener autoridad porque no se puede tolerar que los alumnos agredan a sus profesores. Pero como a mí me gusta darle la vuelta a todo (y no sólo escribiendo sino también en la vida real), creo sinceramente que aunque a los profesores se les debe respetar (igual que ellos a los alumnos), es necesario más diálogo, y que los padres nos impliquemos en la resolución de los problemas que se originan en el colegio.

En otras palabras, no me gustan esas familias que pasan de hablar mal del tutor a la puerta del colegio a plantarse en la reunión exigiendo y con una actitud prepotente; pero tampoco quiero pensar que a los padres se nos deja de lado, porque desde el respeto podemos pedir que se tengan en cuenta las necesidades particulares de nuestros hijos.

Si preguntamos a nuestro alrededor (e incluso puede que entre nuestros lectores encontremos ejemplos), tropezaremos padres y madres de hijos ya adultos, que jamás han puesto la mano encima a sus niños más que para abrazarles. ¿Quiere esto decir que no les han corregido nunca?, por supuesto que no, porque los niños, los adultos y los ancianos, nos equivocamos, y cuando lo hacemos valoramos mucho la intervención de alguien con autoridad (basada en la experiencia), y sin autoritarismo llevado al extremo (revisemos las posibles consecuencias de una educación autoritaria), nos ayude.

¿Por qué cambio y hablo de ayudar en lugar de corregir?, porque ayudar es tener empatía para entender las emociones de los demás, y ayudar es también restringir la utilización del smartphone porque interfiere en los estudios y en el tiempo libre; te ayuda quien te pone en la piel de los demás para que colabores en casa, y quien se sienta contigo a hablar después de que has pegado a tus hermanos.

¿Es inadmisible que los niños peguen a sus padres?, claro que lo es, de la misma forma que los segundos se ensañen con unas personas en desarrollo y más vulnerables que ellos.

Imágenes | Loren Kerns, Robert Spiegel, Lori Ann Vía | ABC En Peques y Más | El maltrato infantil ocasiona problemas en la salud física y mental cuando los niños crecen

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