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¿Existirían los trastornos de la conducta y psiquiátricos en niños sin los factores que los favorecen?

¿Existirían los trastornos de la conducta y psiquiátricos en niños sin los factores que los favorecen?
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Recientemente los pediatras andaluces se han reunido en Sevilla en el marco de unas Jornadas organizadas por la asociación que los representa (APap - Andalucía). Entre otros temas tratados, parecen haber identificado un aumento significativo en el número de casos de trastornos de conducta, emocionales y psiquiátricos entre la población infantojuvenil.

Estos profesionales de la salud no sólo están preocupados por este aumento en la incidencia, sino también los ‘efectos secundarios que presentan algunos de los tratamientos farmacológicos recibidos por niños y adolescentes'. Se está apreciando un crecimiento espectacular en la prescripción - por parte de Unidades de Psiquiatría Infantil - de antipsicóticos.

Por motivos obvios, esto me ha llevado a recordar algo que he leído en el blog Los niños de Japón, desde el que se cita al doctor Baughman afirmando que ‘dónde se necesitaba solo el sentido común, la disciplina y la responsabilidad del maestro, la psiquiatría y las grandes empresas farmacéuticas han sido involucradas’. Baughman, es un conocido neurólogo norteamericano que lleva años exponiendo su postura crítica frente al sobrediagnóstico del TDAH, y los tratamientos farmacológicos psiquiátricos que se administran a menores. Y esto desde mucho antes que el “descubridor” de set trastorno - el psiquiatra Leon Eisenberg - realizara la afirmación de que el TDAH es una enfermedad ficticia.

Por si os preguntáis ¿qué son exactamente los trastornos de conducta?

Según Medline, engloban una serie de problemas comportamentales y emocionales que se presentan en niños o adolescentes, y pueden consistir en comportamiento impulsivo o desafiante. Es decir: una conducta asociada en condiciones normales a la preadolescencia, y etapa posterior, la convertimos en problema. También pueden traducirse en consumo de drogas o actividad delictiva.

De la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Juvenil extraemos que los niños y adolescentes que sufren de estos desórdenes tienen mucha dificultad en seguir las reglas y en comportarse de forma socialmente aceptable.

Sin embargo y de nuevo recordando (esta vez a Laura Bermejo cuando nos contaba que estamos obligando a los niños a adaptarse a una sociedad enferma), debemos saber que hay una serie de factores externos al menor, que pueden propiciar la aparición de estos trastornos.

Entre ellos el fracaso escolar, experiencias traumáticas, pobreza, haber sufrido algún tipo de abuso, daño cerebral, o vulnerabilidad genética

Entonces ¿por qué nos hemos llegado a creer que únicamente la farmacología dará respuesta a estos problemas? Si la solución es poner una etiqueta al niño y darle tratamiento, me parece a mí que escogemos un camino simple que puede tener consecuencias inciertas, cuando no negativas. Además de que como mínimo, perdemos la ocasión de preguntarnos el por qué de la conducta de los niños, para abordarla de forma satisfactoria para todos.

Los tratamientos farmacológicos a veces van unidos efectos secundarios indeseados

Según APap, comúnmente pueden causar aumento de peso, somnolencia o problemas endocrinos. Además los ensayos clínicos que estudian estos efectos adversos sólo informan de estos cuando su frecuencia es mayor del 10 por ciento. Los pediatras opinan que en los casos en los que se considere necesario administrarlos, el estilo de vida del paciente también debería cambiar, incidiendo en la alimentación para evitar la ganancia de peso.

Y yo sigo pensando que antes que medicar se deben agotar otras opciones, y todos nos debemos plantear la forma de prevenir estas problemáticas

Respecto al TDAH (uno de los trastornos del desarrollo), parece que en Andalucía hay un siete por ciento de niños de entre seis y 14 años diagnosticado, de hecho es el más frecuente en la infancia. Sólo pido que si bien el hecho de que su propio descubridor desenmascarara esta enfermedad supuestamente ficticia, no tiene por qué llevarnos a dejar de creer que exista (o puede que sí, no sé); deberíamos recordar los inconvenientes de sobrediagnosticarlo.

Esto es porque presenta una trascendencia negativa en el desarrollo del niño, y su diagnóstico y abordaje deberían ser concienzudos, con el objetivo de proporcionar a los niños y sus familias estrategias para su control.

Me muestro totalmente de acuerdo con los pediatras andaluces, cuando expresan la importancia de potenciar la comunicación de pacientes y familiares, como base para sopesar posibilidades terapéuticas

Rompiendo una lanza a favor de la infancia, y de los niños que se comportan como lo que son; debo remitirme a las informaciones recientes que asocian la carga tóxica ambiental con la posible aparición de enfermedades como el cáncer o la obesidad, y también con algunos trastornos del desarrollo. No digo que sea la única causa, pero en determinadas circunstancias podría ser favorecedora, entonces deberíamos abandonar la comodidad de tirar la culpa de la conducta de los niños a ellos mismos, y rebajar nuestras expectativas, a la vez que nos preguntamos que más podemos hacer por nuestros hijos.

Para finalizar, me gustaría recordar que estamos obligando a los niños a adaptarse a una sociedad enferma, así que no nos vayamos a extrañar de cómo reaccionan ellos después. En este sentido no parece que hayamos tomado el camino correcto, puesto que los que arrastrarán el lastre son ellos, y sus descendientes.

Imagen | Javcon117* Vía | iSanidad En Peques y Más | El castigo físico recibido durante la niñez puede aumentar la agresividad y los trastornos mentales, De cómo los berrinches se han convertido en desórdenes mentales

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