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Por qué debemos educar a nuestros hijos para que no peguen a sus hijos
Educación Infantil

Por qué debemos educar a nuestros hijos para que no peguen a sus hijos

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Cada vez que se publica aquí en Bebés y más o en otros medios de gran alcance alguna noticia o recomendación relacionadas con el maltrato físico o el "cachete o nalgada a tiempo" se genera un debate, a menudo intenso, entre los padres que han decidido educar a sus hijos sin hacer uso de estos métodos y aquellos que defienden que no es para tanto y que tampoco pasa nada.

La realidad es que son numerosos los estudios que demuestran que no, que en realidad no es un buen método educativo. El problema es que en muchos casos, los padres no saben cómo hacerlo de otro modo, y entre justificar lo que sus padres hicieron (no todos están dispuestos a afirmar que sus padres lo podrían haber hecho mejor) y el quedarse sin ideas (mucha gente se queja si no puede pegar a sus hijos, porque considera que entonces no tiene cómo educarlos), el cachete sigue dándose en muchas familias.

Sin embargo, es nuestro deber intentar hacerlo mejor de lo que lo hicieron nuestros padres y educar a nuestros hijos para que en el futuro ellos no peguen a sus hijos.

Para mostraros el porqué, he creado un diálogo que perfectamente puede darse entre dos personas que hablan del tema, con opiniones dispares:

- Cómo está la juventud de hoy, madre mía... con tanta tontería de que no se les puede pegar ni castigar, y se nos están subiendo a las barbas.
- Pero a las barbas se subían muchos también en nuestra época, hombre, a ver si va a resultar que ahora se está descubriendo la adolescencia.
- Ya, pero que no. Nada que ver. Los de ahora han perdido el respeto a todos y a todo. Piensan que el mundo tiene que girar a su alrededor y hasta insultan y maltratan a los padres, y todo por lo que te digo, que no se les puede ni pegar.
- Pero vamos a ver, ¿de qué estamos hablando? Los niños de hoy, ¿no son los hijos de los que se supone que estamos tan bien? Si a nosotros nos pegaban y nos castigaban y eso era tan bueno, ¿por qué no lo hacemos con nuestros hijos?
- Pues eso digo yo, que deberíamos hacerlo... a mí también me pegaron y no me ha pasado nada. De hecho, hasta se lo agradezco a mis padres, que han hecho de mí una persona educada y con valores.
- Pues qué suerte has tenido, porque no todos acabaron igual. ¿Crees que a las peores personas del mundo actual sus padres no les pegaron ni castigaron? Mira, a mí también me pegaron y sí, claro que tengo valores y me considero una persona educada, pero creo que lo habría sido también si no me hubieran pegado y si no me hubieran castigado.
- Hombre, eso no lo puedes saber.
- Claro, ni tú tampoco puedes saber cómo serías si no lo hubieran hecho.
- Pues no, pero al menos por entonces respetábamos a los adultos. Eran otros tiempos. A ningún niño se le pasaría por la cabeza insultar a sus padres o no hacerles caso.
- Pues será en tu caso. Yo no los respetaba, yo los temía. Yo tenía miedo a mi padre, miedo a los profesores, miedo a todo adulto que levantara la voz. Así que en mi caso, no puedo estar muy agradecido, porque crecí con miedo.
- Vamos hombre, qué exageración...
- No puedes negarme lo que sentí. Miedo a mi padre. ¿Te parece lógico que un niño crezca con miedo a que su padre le pegue o grite si hace algo mal? Y no, no me pegó muchas veces, fueron bien pocas, pero las recuerdo todas. Como consecuencia no era capaz de dar un paso por miedo a equivocarme, así que me dediqué a esperar que él me dijera siempre cómo hacer algo. Estoy resumiendo, claro... no todo era así, pero cada vez que tenía que tomar una decisión complicada, se la preguntaba a él, para que me dijera qué era lo mejor para mí.
- Bueno, pero eso te pasó a ti, no le pasa a todo el mundo.
- Por suerte no, pero sí le pasa a muchos niños, que son incapaces de pensar qué es lo mejor para sí mismos, porque simplemente esperan a que los padres le digan qué hacer. Por eso no podemos volver al autoritarismo de esa época... tenemos que avanzar.
- Pues si avanzar es lo que hacemos ahora, menudo despropósito y menudo fracaso.
- Pues igual sí, pero es nuestra responsabilidad intentarlo. Ya se sabe que pegar a los niños es negativo porque corres el riesgo de que se vuelvan temerosos y que no puedan crecer ni avanzar...
- ¿Qué quieres decir con que "se sabe"?
- Pues que hay estudios que lo demuestran.
- ¿Estudios? Mira, hay estudios para todo. No me creo nada. Por cada estudio que dice una cosa, hay otro que dice otra. Además, que vengan a mi casa esos que hacen los estudios y vean a mis hijos... ¿Qué se supone que tengo que hacer, sentarme a explicarles por qué no pueden pegarse? ¿Explicarles con amor que no hay que tirar los platos al suelo? ¡¡Venga hombre!!
- No, no dicen que tengas que hacer eso. La acción negativa la tienes que detener siempre, y luego es cuando haces la diferencia. Si pegas, no solo estás cometiendo un delito, sino que le estás enseñando que la violencia física es un buen método para aleccionar y para conseguir las cosas; además, le estarás mostrando que su padre, el que debería ser su guía y modelo a seguir, es capaz de hacerle daño y que eso le parece bien y normal, que al padre le parece lógico... vamos, que así creas distancia en la relación, cuando lo ideal es lo contrario, que tengáis buena relación para que haya confianza y comunicación.
- O sea, ¿que tengo que ser su amiguito?
- Yo no he dicho eso. Tienes que ser su padre. Y ser su padre no es ser un amigo. O no es ser solo un amigo.
- Mira, haz lo que quieras. Ya me puedes denunciar si quieres por el delito que dices que cometo, que me venga a buscar la policía si quiere, que ya le explicaré yo que sólo estoy intentando educar a mis hijos, a ver qué me dicen... ¡Si hasta ellos pegan en las manifestaciones!
- No, claro que no te voy a denunciar. ¿Me estás comparando a un policía con tu manera de educar a tus hijos?
- No, no pongas en mi boca lo que yo no he dicho. Te estoy diciendo que seguro que no voy a la cárcel por darle un cachete a tiempo a mis hijos.
- Pues supongo que no, por dar uno no, pero si al uno le sigue otro, y la cosa se pone seria, seguro que sí. Pero esto es un fallo del sistema, que sigue aceptando que podamos "educar" a nuestros hijos pegándoles. Ahora a nadie se le ocurriría decir que por pegar sólo una vez a la mujer no pasa nada.
- Pues claro que pasa algo. Sólo un lunático pegaría a su mujer...
- Pues eso, claro que pasa. Pero hace muchos años era lo normal. Si creías que tu mujer hacía algo mal, la pegabas y listo. Ahora esto es delito y además inmoral... aunque no fuera delito no lo haríamos ni tú ni yo.
- Pero es que no puedes comparar, yo a mi mujer no la tengo que educar, pero a mi hijo sí.
- Antes se consideraba que a la mujer también la tenía que educar el marido.
- Ya, pero ahora no. Y a un hijo lo tienes que educar siempre, tanto antes hace décadas, como ahora, como dentro de cien años, porque son niños. No es comparable.
- No, en ese sentido no, pero si hemos conseguido ver que es deleznable pegar a una mujer y ahora ya no nos parece ni medio normal, quizás podamos conseguir que en unos años pegar a un niño sea visto igual.
- ¡Y dale! ¿Y cómo se supone que los tengo que educar? Cualquiera te va a decir lo mismo, que un cachete a tiempo soluciona muchos problemas después.
- Cualquiera que no esté educando bien a sus hijos sí, o cualquiera que no tenga aún hijos.
- ¿Quieres decir que estoy educando mal a mis hijos?
- No. No voy contra ti. Estoy diciendo que se puede educar a los hijos de un modo diferente. Debemos partir de la base que los niños no son adultos, y como tales, aún no entienden el mundo tal y como nosotros lo entendemos. En la mayoría de ocasiones, lo que hacen no lo hacen para hacernos daño o con mala intención. Están explorando, investigando, probando, aprendiendo... ¿o crees que un niño te pinta la pared para hacerte rabiar? El sólo ve una pared gigante blanca y piensa que menudo lienzo más gigante tiene para dar rienda suelta a su imaginación. Son los padres los que tienen que explicar que no se puede pintar en una pared, pero sí en el papel.
- Bueno, sí, pero muchas veces lo hacen con toda la intención de molestar, que los míos lo hacen.
- Pues entonces vale la pena evaluar por qué lo hacen. ¿Por qué parece que te están retando? ¿Por qué se enfadan cuando te dicen que quieren algo y no se lo compras? ¿Por qué dan tanto valor a las cosas materiales?
- Coño, pues porque les gustan... porque saben que las quieren.
- Sí, pero ¿por qué las quieren con tanto ahínco? ¿No puede ser que los hayamos acostumbrado a ello? ¿Que los hayamos hecho nosotros materialistas? Porque muchos niños necesitan cosas porque a falta de padres, sus padres les regalan cosas... es decir, muchos padres no pueden apenas pasar tiempo con los hijos, y para demostrarles cuánto les quieren, les compran cosas. Si hasta luego, cuando los niños se enfadan, los padres se lo dicen: "¿Por qué te enfadas conmigo, si siempre te compro cosas que te gustan?".
- Bueno, pero es que el mundo funciona un poco así...
- Claro, pero eso no quiere decir que esté bien. Eso no es ser padre, eso es tener dinero. Así no te ganas el respeto de tus hijos, así no te ganas el sentido de autoridad. Además, tampoco es un comportamiento inocuo; los niños se pasan el día recibiendo inputs en la tele de cosas que deben desear, luego los padres se las regalamos en los cumples, o cuando nos apetece porque queremos conseguir una sonrisa rápida y un abrazo quizás inmerecido, o se las traen no sé qué personajes mágicos a los que no conocen de nada pero les compran cosas que quieren. Los hacemos dependientes de lo material y luego nos quejamos porque nos piden cosas cuando no toca. Pero es que ellos no saben cuándo toca ni cuándo no toca. De hecho, a menudo no saben ni calcular el valor de las cosas. ¿Qué saben ellos si tenemos mucho o poco dinero? ¿Cómo van a saber si vale mucho o poco? ¿En referencia a qué? ¿Qué es el dinero? Para ellos, lo que quieren, es lo más importante del mundo en ese momento...
- Y entonces qué, ¿se lo compramos todo?
- No. Entonces les explicas por qué no puede ser, y tratas de desviar la atención hacia otra cosa, por si cuela. Y si no, no queda otra que mantenerte firme explicando la situación. Pegarle porque llore cada vez más no aporta nada al niño, y menos cuando somos en parte culpables de sus deseos.
- Bueno, si le pegas deja de llorar.
- ¿Y qué aprende? Aprende que no tiene derecho a mostrar su enfado y frustración. Eso no tiene sentido... tan válida es la alegría como la pena, la felicidad como la decepción. Ya que nosotros no sabemos hablar de los sentimientos negativos, no sabemos expresarlos, no nos atrevemos a abrirnos en ese sentido porque creemos que los demás pensarán que somos débiles, lo mínimo es enseñar a nuestros hijos a entenderse cuando lo sienten, y a expresarlo. Cuánta gente tiene problemas hoy en día porque no es capaz de decir lo que siente, y porque cuando se siente mal, no se atreve... así va todo el mundo, respondiendo todos "Bien" al "¿Cómo va todo?", cuando estarían deseosos de poder contar sus penas para recibir apoyo. Apoyo un abrazo de esos que duran unos cuantos segundos y nadie dice nada. Joder, el mundo sería otro si nos abrazáramos más. Pero ya se sabe, como "Todo el mundo tiene lo suyo, pues mejor no molestar".
- Que sí, pero repito: que se portan mal, y a veces a caso hecho, y no siempre es porque no les compro algo. Que se pegan entre ellos, que me pegan a mí (bueno, lo intentan, que no les dejo), que me hacen trastadas...
- Pues evalúa por qué lo hacen.
- ¿Quieres decir que es culpa mía?
- No. Claro que no siempre es culpa nuestra. ¡Son niños! Los niños son caóticos, son a menudo inconstantes, tan pronto están contentos como están tristes, están pegando a otro niño y al rato son los mejores amigos... ¡son muy difíciles de entender! Pero están aprendiendo y creciendo, y no son impasibles a lo que pasa a su alrededor. Si sientes que te están intentando hacer daño de alguna manera podrías evaluar cómo es vuestra relación. Ellos no tienen las herramientas para expresar sus sentimientos, ni el enfado. Por eso cuando son pequeños se pegan con sus hermanos o con otros niños, porque no saben discutir y van a lo rápido.
- Pero entonces son cosas de niños... es normal.
- Sí, pero aunque sean cosas de niños, les tienes que explicar que eso no se hace. Claro que no saben dialogar, pero que no sepan hacerlo no es motivo para pegar, así que debemos detener la acción, decirles que no se pega, porque hacen daño, y enseñarles una alternativa, que debe ser el diálogo: "No le pegues, dile lo que te pasa".
- Pero yo les pego, si están pegando.
- ¿Y crees que tiene sentido? ¿Tiene sentido decirle a un niño que no pegue, que hable, y que tú no le hables y le pegues?
- No mucho. Pero es que si no lo hago no veo que me haga caso.
- Porque los niños no dejan de serlo en dos minutos. Se lo explicarás y al rato se le habrá olvidado seguramente. Y al día siguiente quizás vuelva a pegar a otro niño. Pues igual vale la pena evitar los parques o los sitios donde encuentre a otros niños por un tiempo... o estar a su lado vigilando constantemente, y seguir explicándole por qué no deber hacerlo, evitando la acción y marchándoos si hace falta: "Como siempre que venimos al parque pegas, no vendremos más. Cuando creas que podemos ir sin que hagas daño a otro niño, iremos". Seguro que con 10 años no tienes que ir al lado de tu hijo explicándole por qué no tiene que pegar.
- A ver, ¿y qué es eso de la relación conmigo?
- Pues eso, que igual que no saben hablar a los niños, no saben decirte que les gustaría que pasaras más tiempo con ellos, por ejemplo. ¿Cuánto hace que no juegas con ellos?
- Hombre, algo voy haciendo... pero es que apenas estoy en casa, y cuando estoy hay mucho por hacer... ya juegan ellos a sus cosas.
- Cierto. Así, más o menos andamos todos. Pero eso no quita que ellos sientan o crean que merecen más tiempo contigo. Quizás lo único que quieren es jugar más contigo, que les hagas más caso.
- ¿Y por eso me lían las que me lían?
- Puede ser. ¿Por qué nos enfadamos los adultos? ¿Por qué los hay que se dejan de hablar? Es como un castigo por el enfado, por lo que el uno le ha hecho al otro. Pues los niños hacen algo parecido... no es que te quieran castigar, es que no saben cómo hacerlo para hacerte entender que te necesitan un poco más, o que te necesitan de otra manera.
- ¿Qué quieres decir?
- Que a veces no es cuestión de tiempo, a veces sí que estás pero lo que quieren es que estés de otro modo. No creo que sea tu caso, pero hay padres que sí están pero apenas educan. Están, pero son muy permisivos. Les dejan hacer lo que quieren, les dan lo que piden, les consienten, les permiten demasiado. Esto cuando son bebés está muy bien, pero cuando crecen un poco y sus necesidades ya no son cosas básicas, cuando aparecen los primeros deseos, esas ganas de tener no sé qué juguete, o lo que tiene ese niño en sus manos, o... y lo consiguen de uno modo u otro, empieza a gestarse una relación peligrosa.
- Porque no les están poniendo límites.
- Eso es. Porque esos padres huyen del autoritarismo, de castigarles o pegarles, como todos deberíamos huir, pero no actúan como modelos, sino que se sitúan como benefactores del niño. No le enseñan apenas nada, sino que solo hacen lo que el niño quiere, como si el niño supiera lo que es lo mejor en todo momento. Y claro, el niño acaba por "quejarse", y lo hace extremando sus funciones. Cuando los padres se despiertan por la mañana y le preguntan al niño qué van a hacer ese día, y el niño decide, y así con todo o casi todo, los padres ceden su rol al niño, y este acaba por hacer de padre y madre. Y claro, un niño no sabe ser padre ni madre, no es su función, así que los somete, los maltrata, les dice lo que deben hacer en todo momento.
- Y ahí es donde yo digo lo de que un buen cachete a tiempo...
- Claro, pero no es eso lo que el niño necesita. Él sólo está intentando llevarlos al límite, aprieta cada vez más para que reaccionen, para que lleguen a ese punto en que digan "oye, nuestras vidas ya no son nuestras, se las hemos cedido a nuestro hijo", y que cambien algo.
- Que tomen las riendas.
- Eso mismo, que hagan de padres, que pasen tiempo con su hijo, que tomen decisiones. Claro que los hijos pueden decidir muchas cosas, ¡pero no todas! Son niños, su mayor preocupación tiene que ser jugar. Jugar y aprender. Jugar y observar. Ver a los padres siendo coherentes, lógicos y teniendo un comportamiento responsable. Que los vean relacionándose con otras personas, hablando con ellos como adultos, y no como niños. Por eso los padres tenemos que pasar tiempo con los hijos, para que nos vean "ser". Para que se empapen de nuestra manera de vivir, y no esa tontería de que los niños no necesitan estar con sus padres más que un ratito, si es de calidad.
- Uy, pero eso se dice mucho, que a los niños les basta con un rato con los padres.
- Pues sí, se dice mucho, pero no. A ver a qué niño le parece bien ver a sus padres solo un ratito cada día. Somos los padres los que transmitimos los valores. Y cuando lo hacemos, y lo hacemos bien, con paciencia y diálogo, y evitando conflictos, no hace falta pegarles.
- Creo que te sigo...
- ¡No hace falta pegarles! No hace falta, y es mejor evitarlo, porque tú no quieres que tus hijos se porten bien porque, si hacen algo malo, les vas a pegar. ¿Qué pasará cuando no estés para castigarles? ¿Si no estás para pegarles? Tú lo que quieres, lo que queremos todos, es que se porten bien porque quieran ser así... Yo quiero que mis hijos sean buenas personas porque crean que deben ser buenas personas, no porque sepan que, si no lo son, los voy a castigar. Yo no estoy siempre con ellos... y llegará un día en el que ya no estaré.
- En la adolescencia, por ejemplo.
- Exacto. En la adolescencia no estaré ahí, y se las tendrán que ver con su grupo de iguales buscando su identidad y su lugar en un momento de cambios, maduración y conflictos. Vale la pena que lleguen con nuestra confianza, con una buena relación con nosotros, y no pensando aún que si hacen no sé qué los vamos a castigar, y que si los pillamos les vamos a hacer no sé cuántos. Porque basta que tengan eso interiorizado para que lo hagan... basta con que piensen que algo está prohibido para que lo quieran probar o hacer.
- Y entonces qué, ¿mejor no prohibir?
- Ni prohibir, ni no hacerlo. Educar... todo va de lo mismo. Si quieren hacer algo en la adolescencia, lo harán, porque no te vas a enterar de la mayoría de lo que hagan, a menos que sea muy gordo. Así que vale la pena educar, dialogar, tener confianza, una buena relación, para que no sientan el deseo de echar a volar como rebeldes sin causa en esa época, porque están hartos de sus padres y del mundo entero. Esto no te asegura nada, pero vale la pena intentar hacerlo bien desde casa, ¿no? Hacerlo bien para cuando sean adolescentes y para cuando sean padres.

Fotos | iStock
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