
Un estudio norteamericano realizado por científicos de la Universidad de California han señalado que el miedo a las serpientes y las arañas es algo innato, fruto de la herencia y transmitido de padres a hijos como un elemento que favorecía en el pasado la supervivencia. Es decir, se han planteado si la aracnofobia es innata en los humanos.
Comenzaron estudiando animales, en concreto langostas, y demostraron que los descendientes de madres que habían estado expuestas al peligro de ser atacadas por arañas, respondían con mayor rapidez ante la presencia de un arácnido.


