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Una de las primeras barreras con que se encuentran muchas madres, y por ende, también los hijos, son las grietas que aparecen en el pezón de algunas madres que dan el pecho a sus bebés.

Normalmente aparecen los primeros días cuando la técnica no es del todo adecuada (la posición del bebé no es correcta), si la mamá utiliza jabones, detergente en la ropa u otros compuestos químicos agresivos o si se utilizan cosméticos hechos a base de alcohol con glicerina o bien por una combinación de varios de estos factores, siendo la causa más habitual la posición del bebé.

Conociendo las causas es posible prevenirlas, ya que si se eliminan o minimizan los factores desencadenantes, el problema no se originará o, como mínimo, conoceremos las posibles soluciones y podrá prevenirse un empeoramiento de las mencionadas grietas.

Qué son las grietas

Las grietas en los pezones son heridas, cortes muy finos que en ocasiones no se ven, pero que ocasionan mucho dolor cuando el bebé empieza a mamar. La piel se agrieta como lo hacen nuestros labios y nuestras manos cuando hace frío y la zona queda muy sensible, transformando algo que debería ser placentero en un momento que las madres no desean que llegue, con tal de evitar el sufrimiento.

Hay varias estrategias que pueden ayudar a prevenir las grietas si aún no se han producido y que son útiles para solucionarlas si ya han aparecido:

Lo primero, un buen primer agarre

Una de las razones de que muchos bebés se cojan mal al pecho es que no se les haya permitido mamar durante la primera hora de vida o que se les haya separado de su madre antes de haber hecho la primera toma.

Los bebés nacen preparados para succionar y se ha visto que, si al nacer se les deja encima del pecho de su madre, son capaces de reptar y moverse hasta llegar por sí solos al pecho y empezar a succionarlo. Unos tardan más y otros menos, pero normalmente, dentro de las primeras dos horas, lo hacen todos.

Si se separan madre e hijo o incluso si se introduce algo en la boquita del bebé (una sonda, un dedo, una tetina, un chupete…) cabe la posibilidad de que el bebé haga una impronta oral con lo que le ha entrado en la boca y trate de mamar, no como sabe de manera innata, sino como acaba de aprender al notar algo en la boca. En tal caso, lo más probable es que se agarre mal al pecho y que empiecen los problemas. Por ello se insiste en que, si el bebé está sano, se permita el contacto continuo, piel con piel, con la madre, al menos hasta que haga la primera toma.

Valorar la postura y el agarre del bebé

Dado que una mala posición a la hora de mamar es la principal causa de que dar el pecho duela y de que se hagan grietas lo primero que debe hacerse es valorar la postura del bebé.

En primer lugar hay que ver cómo está posicionado su cuerpo con respecto a la madre. Durante toda la vida hemos visto a niños tomando biberón tumbados boca arriba sobre el brazo de nuestra madre. Esto hace que muchas madres cojan de la misma manera a los bebés, con una diferencia: en vez de recibir el alimento con un biberón desde arriba lo reciben con el pecho desde el lado. Esto hace que los bebés tengan que girar la cabeza para comer, haciéndolo todo más dificultoso (algo muy simple de comprender si tratamos de comer sentados en una silla de lado y girando la cabeza para orientarnos hacia el plato y el cubierto).

La postura ideal, por lo tanto, es aquella en la que el bebé venga de cara hacia el pecho, es decir, que todo su cuerpo esté orientado hacia la madre, casi barriga con barriga.

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Los niños que toman biberón apoyan su cabeza en la zona de flexión del brazo, por eso si se colocan así quedarían probablemente algo alejados del pezón y tendrían que “tirar” del pecho hacia sí para poder mamar correctamente. Al forzar la posición del pecho el agarre no es adecuado y puede producir dolor y grietas. Lo ideal es que el niño esté en un punto del brazo tal, que en condiciones normales, sin tocar el pecho, el pezón apunte a su nariz. De este modo, con sólo aproximarse y abrir la boca el bebé podrá agarrarse al pecho dejando el pezón en la parte superior de la boca, que es donde debe quedar.

La boca debe quedar bien abierta antes de cogerse. Si la abre poco es muy probable que coja sólo el pezón y que empiece a ordeñarlo (y eso duele mucho), llegando a dañarlo si lo hace a menudo. Por esta razón se recomienda tocar un poco la nariz con el mismo pezón, para que el bebé empiece a abrir la boca poco a poco. Si no le dejamos cogerse en el momento, la abrirá cada vez más (mientras cabecea). En el momento en que veamos que la tiene bien abierta: ¡plas! (teta p’adentro), a la vez que apretamos un poco a nuestro bebé contra el pecho, para que le cueste echar atrás (con lo que mamaría sólo del pezón), pero sin presionar en su cabeza, ya que les molesta y se suelen desenganchar del pecho.

Hay ocasiones, sobretodo en los primeros días, en que se combinan situaciones potencialmente “peligrosas”, como sería que la madre tuviera un pezón grande y el bebé una boca pequeña. En estos casos hay que estar aún más pendiente del agarre, ya que los bebés pueden tender a agarrarse sólo del pezón. Lo bueno de este potencial problema es que se soluciona solo, pasando unos días, cuando el bebé crece un poco, con él su boca y cuando es además más experto en el arte de succionar.

Evitar el uso de tetinas y chupetes

El pecho debe succionarse llegando a él con la boca bien abierta, las tetinas y los chupetes, en cambio, se suelen agarrar con la boquita más bien cerrada. Además, el mecanismo de succión del pecho es muy diferente al modo de tomar leche en un biberón con las tetinas tradicionales, en que el bebé no tiene que hacer nada especial para que la leche caiga, sino más bien al contrario, aprender a detenerla para que el flujo no sea continuo.

Si un bebé aprende a poner la lengua en el agujero de la tetina para detener la leche y pretende hacer lo mismo cuando va a mamar del pecho (“mira mamá, qué he aprendido”), lo único que conseguirá será sacar el pecho de la boca, una y otra vez. Si encima cierra la boquita para coger el pecho tal y como coge un chupete, lo más probable es que acabe agarrándose mal y provocando grietas.

No lavar los pechos

Hace unas décadas los pechos se lavaban después de cada toma y a las madres se les decía que se pusieran gasas estériles para evitar que la piel se llenara de gérmenes que luego fuera a chupar el bebé. Esto, que además era un auténtico suplicio por ser innecesario, hacía que la piel del pezón quedara seca, tanto, que lo más fácil era que se agrietara.

Ahora se recomienda todo lo contrario, una ducha diaria y listo, sin jabón siquiera.

No aplicar cremas ni lociones en el pezón

A menos que haya algún problema que lo indique, no hay que aplicar ninguna loción ni crema en la areola. Nada de nada. Los tubérculos de Montgomery, que son los granitos que se aprecian a simple vista en la areola, segregan una grasa que lubrifica la misma para proteger de las agresiones externas. Si encremamos la zona estamos impidiendo que hagan su función natural.

Utilizar discos de lactancia adecuados

Utilizar discos absorbentes de lactancia que no irriten. Recuerdo que a Miriam se le pusieron de todos los colores una vez que compramos unos algo más baratos, teniendo que tirarlos para volver a los de siempre. Puede ser buena idea utilizar unos de tela, que son lavables y por lo tanto reutilizables.

Fotos | Raphael Goetter, Daquella manera en Flickr
En Bebés y más | Amamantar puede doler pero no debe doler (I) y (II), Por qué muchos niños no se cogen bien al pecho, Cómo prevenir y curar las grietas del pezón

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