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Hemos hablado sobre algunas de las causas que pueden producir dolor en la lactancia, señalando, ahora, al tratar sobre la ingurgitación, que amamantar puede doler pero no debe doler.

La ingurgitación mamaria es bastante dolorosa pero puede solucionarse con técnicas adecuadas. Se trata de una congestión de las mamas y su crecimiento doloroso, presentándose en los días siguientes al parto. Se produce por el aumento de los vasos sanguíneos en el pecho y la leche que se produce de manera abundante.

¿Qué es la ingurgitación mamaria?

Supone un agrandamiento y un aumento de la tensión de la mama. Hay inflamación, enrojecimiento, dureza y calor. Además, esta congestión hace que la leche salga dificultosamente, por lo que el bebé debe esforzarse a veces más de lo que puede, aumentando así la congestión y pudiendo disminuir la producción por falta de succión.

No se trata de un problema que debamos ignorar. Causa dolor y emociones negativas en la madre, pudiendo además hacer que la mastitis aparezca. Yo lo recuerdo como una experiencia muy dificil y que, dado que no recibí atención ni consejos adecuados, casi terminó con mi lactancia antes de comenzarla.

Mi bebé pesaba menos de dos kilos y además estuvo separado de mi siendo alimentado con biberón. Su reflejo de succión era inadecuado, apenas alcanzaba a tomar el pezón en su boquita y la postura era mala. Se dormía y no era efectivo mamando. La subida de la leche se convirtió rápidamente en una congestión enorme, muy dolorosa, que todavía dificultaba más que el pequeño agrarrase el pecho y sacara leche. La lactancia directa era casi un gesto y salí del hospital con el bebé alimentado con biberones aunque sacándome un poco de leche, lo que, a la larga, me ayudaría a lograr relactar.

La congestión se produce al no extraer el bebé bastante leche y ser la producción incial muy abundante. En el parto, durante la expulsión de la placenta, han aparecido hormonas que indican al pecho que debe comenzar a producir leche. Normalmente la leche “subirá” y, aunque existan algunas molestias, estas pasarán al engancharse el bebé al pecho. Sin embargo en otras ocasiones puede haber una ingurgitación mamaria y esto produce dolor y preocupación a las madres.

La ingurgitación mamaria se presenta durante esos primeros días, y hace que la subida de la leche vaya acompañada de un edema, generalmente en ambas mamas, que impide el drenaje linfático. Si no se trata podría producir una mastitis, pero con la atención adecuada desaparecerá en una o dos semanas.

Cuando sube la leche se produce un endurecimiento normal de los pechos, que se presentan más calientes y pesados. Sin embargo, si hay ingurgitación, las mamás estarán además dolorosas, con edema, brillantes y enrojecidos. Además, el pezón estará más plano y la leche no fluirá normalmente. Eso conduce a que el bebé no se agrarre correctamente, llore, se muestre insatisfecho e inquieto, complicando más el problema y pudiendo desarrollarse, si no se actúa para solucionar el problema, grietas o mastitis.

La ingurgitación puede estar acompañada de fiebre y malestar general, lo que todavía aumenta la sensación dolorosa y la angustia de la madre. Todo esto hace aconsejable solucionar la ingurgitación lo antes posible para prevenir problemas mayores o el abandono de la lactancia precozmente.

Prevenir y curar la ingurgitación mamaria

La mejor manera de enfrentar la ingurgitación es prevenirla. Para hacerlo, es importantísmo iniciar la lactancia lo antes posible, preferiblemente en la misma sala de partos y no separar al bebé de su madre excepto si hay una verdadera necesidad médica que impida que permanezcan juntos.

Comenzada la lactancia las madres deberían poder consultar con una asesora o especialista que revise que el agarre sea correcto y que el bebés esté mamando adecuadamente. Sobre todo, hay que olvidarse de consejos como los de dar el pecho cada tres horas o no dejar que el bebé mame más que unos determinados minutos: lactancia a demanda de la de verdad. Y sobre todo en los primeros días, esto puede ser continuamente. Cuanto más accesible sea el pecho al bebé mejor regulará la demanda y la oferta, por lo que mantener el piel a piel es una recomendación que se suma a la de la lactancia frecuente.

Si la ingurgitación se manifiesta en la aureola hay que aumentar las tomas y revisar la postura. Puesto que el pezón se aplana y eso dificulta todavía más el agarre es útil presionar suavemente los bordes de la aureola para darle una forma más adecuada. Es mejor no usar el sacaleches para no aumentar la congestión. Aplicar compresas frias ayuda a calmar el dolor y a rebajar la inflamación.

Si la ingurgitación es en todo el pecho, afectando a los conductos y a los lóbulos, impidiendo incluso que la leche fluya, podemos ayudar a que salga más facilmente con una ducha caliente antes de poner al bebé al pecho y también extraer con el sacaleches un poco antes de comenzar, para que no sea tanta la tensión. Darnos un suave masaje circular con los dedos en todo el pecho también ayuda y, tras la toma, aplicar también compresas frías para rebajar la inflamación.

Puesto que la molestia puede ser muy intensa cuando se sufre una ingurgitación mamaria no hay que descartar la necesidad de tomar algún analgésico compatible con la lactancia, para lo que es conveniente consultar con un médico que sepa recomendar los medicamentos adecuados.

La ingurgitación mamaria, a pesar de ser, como decía, muy dolorosa, no supone la necesidad de destetar, sino más bien una razón para aumentar las tomas y mejorar, por supuesto, las técnicas de amamantamiento con la ayuda, si fuera preciso, de una asesora o especialista.

En Bebés y más | Ingurgitación o congestión mamaria, Amamantar puede doler pero no debe doler (II)

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