
En la mente de las personas que no han pasado por ello suele haber dos tipos de embarazadas: las felices y las deprimidas, una visión fruto en muchas ocasiones de lo que nos muestra la publicidad y el cine. Especialmente predomina una visión de la embarazada feliz porque espera con ilusión un hijo.
No negaré, que, salvo en el caso de embarazos no deseados, exista esa ilusión. Pero, ¿se puede esperar un hijo sin estar feliz? ¿Es posible, y, más importante, es normal que nuestro embarazo no sea tan bonito como esperábamos? La mujer puede llegar a incrementar su malestar si piensa (o le hacen creer) que no es normal que su estado de ánimo no sea óptimo.
Pero los cambios de carácter durante el embarazo son habituales, ya que los cambios hormonales revolucionan nuestro cuerpo, y probablemente nuestros sentimientos sean un tíovivo que pasa por momentos dulces y amargos, por momentos críticos y tranquilos.
Sentirse mal con una misma es normal, y puede ser debido a muchas razones, desde las más físicas a las más psicológicas. Una mujer puede pasar un mal embarazo porque tiene náuseas u otras molestias asociadas al embarazo, porque tiene miedo ante lo desconocido, porque le preocupa la nueva responsabilidad, porque no está tan estupenda como las embarazadas de los anuncios…







