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"Hay que pasar de la paternidad adultocéntrica a la niñocéntrica para criar a nuestros hijos", explica el psicólogo Julio Rodríguez

"Hay que pasar de la paternidad adultocéntrica a la niñocéntrica para criar a nuestros hijos", explica el psicólogo Julio Rodríguez
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Qué levante la mano quien pueda asegurar que su vida y su forma de verla no cambió por completo al tener hijos. Seguramente, nadie podría hacerlo. Porque cuando te conviertes en madre (o padre) no solo cambian tus prioridades sino que te replanteas cosas que antes tomabas como ciertas y que cuando afectan a tu hijo... ¡Hay que asegurarse que son verdad!

Eso es lo que asegura Julio Rodríguez López que le sucedió al convertirse en padre y tener que enfrentarse a "un universo nuevo y desconocido. Te asaltan dudas e inseguridades".

Así que este doctor en biología y psicólogo decidió no creerse a juntillas todo lo que leía en Internet o le contaban sobre la paternidad y empezó a investigar para saber cómo criar a su hijo. De esa investigación científica personal nació el libro 'Lo que dice la ciencia sobre educación y crianza'. Desvelamos algunos puntos claves que pueden ayudarnos a criar a nuestros hijos, adaptándonos nosotros a los niños, no los niños a nosotros.

"Todo ha sido dicho ya, pero como es tanta información, a veces se hace difícil procesarla (…) Así pues, todo lo que afirmo y detallo en este libro es producto del estudio y de la investigación científica que, hoy en día, es lo único que se acerca un poquito a la verdad objetiva, sin manipular ni sesgar".

Así habla el autor de su libro y qué lo diferencia del resto y que nació con un propósito personal y que quiso compartirlo porque "puede ayudar a otros padres".

"Ser padres no es una aventura, es una responsabilidad".

"Necesitamos más medidas de conciliación"

Julio Rodríguez insiste en que "nuestra sociedad nos lleva a una paternidad adultocéntrica, cuando debe ser una paternidad niñocéntrica", que piense en las necesidades de los niños y no en las de los adultos.

"Los niños tienen su propio mundo de niños, con sus problemas, sus crisis, sus ideas, sus conflictos, sus miedos y sus preocupaciones. Hay que adaptarnos a ese mundo, adoptar un punto de vista niñocéntrico, sacrificarnos para entenderlo, agacharnos para hablarle a su altura. Es su momento y hay que dárselo todo. Además, beneficia también a los padres".

Y la culpa de esta actitud no es de lo padres "sino de la falta de medidas para poder compaginar el trabajo y el cuidado * de nuestros hijos".

Decimos "el bebé no nos deja dormir", cuado él no tiene la culpa sino el que tengamos que levantarnos a las siete de la mañana para ir a trabajar. Y lo mismo ocurre al regresar agotados de la oficina: "el niño no llora porque es un pesado, sino porque necesita la atención de sus padres, el contacto con ellos. Es una respuesta biológica de supervivencia".

Así que, cuándo vamos a contar con buenas medidas de conciliación que nos permitan disfrutar más tiempo con nuestros hijos, de pensar en lo que realmente necesitan y no lo que pensamos los adultos que precisan, como trabajar más para darles más cosas.

"Los hombres no lloran"

De todas esas frases célebres que tenemos que escuchar de 'voces experimentadas' esta es la primera a la que se ha referido el investigador de la genética de enfermedades psiquiátricas en Santiago de Compostela.

"No tiene ninguna base científica y no se corresponde en absoluto con lo que hay que hacer en la crianza de nuestros hijos. De hecho, va en contra de lo beneficioso para el desarrollo emocional del niño".

No entiendo la postura que sostiene que hay que dejar que el bebé se duerma solo, a oscuras y dejarle que llore hasta que se acostumbre. Ningún estudio apoya esta postura, sino todo lo contrario.

Los bebés no entienden que sus padres están detrás de la puerta y que no les han dejado solos. Ellos solo perciben el miedo biológico a la muerte, innato, que sienten al creerse solos e indefensos ante el mundo.

Así lo explica este padre, investigador sobre la base científica de la crianza, que admite ser "un gran defensor del colecho hasta edades muy avanzadas como una forma de educar a nuestros hijos" en la seguridad y la autoestima que confiere estar cerca de los padres, en contacto físico.

Practicar el colecho es positivo para la estabilidad emocional.

Por eso insiste en que hay que atender al niño siempre que lo demande, para hacerle sentir seguro y protegido.

"Ya lo sabrás cuando seas mayor"

Explica el autor que lo único que se consigue con esta actitud es "cortar la curiosidad innata de los niños". Asegura que tienen que saber y "los adultos muchas veces pasamos de darles explicaciones por comodidad, porque nos resulta más fácil".

Sin embargo, tenemos que hacer lo contrario: no coartarlos y fomentar su curiosidad.

"Los niños no son adultos en pequeñito, son niños (…) Todas las reglas, normas, directrices, etcétera, que son aplicadas a los niños por sus padres son normas de adultos".

"No podemos pretender que un niño juegue cinco minutos y luego se venga con nosotros y esté sentado en la mesa perfectamente, sin decir ni una palabra y aguantando conversaciones de política. Eso no sería portarse bien, sino acabar con la niñez".

"Una bofetada a tiempo"

Sigue sorprendiendo que cuando todos los estudios han demostrado que la violencia es ineficaz, existan aún personas que la defiendan en la crianza de los niños.

Así lo asegura Julio Rodríguez, porque con un cachete no se aprende nada positivo:

"Solo infundimos miedo al niño y ese es el modelo que va a tener, el recuerdo que le damos como padres. Ejercer la violencia provoca traumas y conflictos y van a asumir que es la manera de solucionar todos los problemas y que solo el más fuerte es el que gana y tiene la razón, cuando es una postura totalmente errónea".

La postura de los padres debe ser, según el psicólogo, de respeto y "predicar con el ejemplo, ya que nuestros hijos nos imitan en todo y si nosotros usamos la violencia, ellos también se servirán de ella en su relación con otros niños".

"Hay que evitar totalmente la violencia física, psicológica o verbal. Hay que respirar hondo, meditar, abrazarlo y negociar con él las normas y los comportamientos. En lugar de enseñarle a obedecer a la autoridad, hay que enseñarle a negociar con la autoridad. El respeto se gana demostrando la razón y siendo coherente, no siendo el más fuerte ni imponiendo a través del miedo".

"El mejor castigo es el premio"

"Para fijar en el niño una conducta determinada lo más efectivo es el premio. Y dentro de estos, lo mejor es elogiar y describir el esfuerzo que permite esa conducta. Para eliminar una conducta determinada en un niño lo más efectivo es premiar la conducta contraria".

Así lo asegura el psicólogo e investigador, que añade que "el segundo mejor castigo es la omisión del premio. Pero será mucho mejor si no se tiene que llegar a recurrir nunca a él".

Y es que insiste en que la clave para educar a los hijos es el diálogo.

"La letra, con abrazos, risas y explicación, entra".

Pautas básicas para una buena comunicación

Y, en ese punto, sugiere un par de cambios en la actitud de los padres, imprescindibles para mejorar la comunicación y, a la postre, la educación de los hijos:

  • Al hablar con los niños, especialmente cuando estén tristes, enfadados, emberrinchados, frustrados o sea preciso explicarles algo o razonar con ellos (la base de todo su libro), es mucho mejor:

– Agacharse hasta estar a su altura.

– Mirarlos a los ojos (y que os miren ellos).

– Hablar con ellos en tono neutro (aunque por dentro estéis a punto de estallar del enfado).

De esa manera toda la barrera de la altura y su significado de imposición, fuerza y superioridad se disolverá y se establecerá una conversación entre dos iguales hablando de tú a tú.

"Los niños son seres humanos, interactivos, que aprenden – y lo hacen con mucha rapidez y facilidad–, que evolucionan y se adaptan".
  • Además, en esa misma posición, después o antes de hablar, se puede abrazar al niño; eso lo calma, lo reconforta y lo une a quien se dirige a él.

Cuando lo que se le diga no esté impuesto por la fuerza que inconscientemente es aplicada por la posición erguida del adulto, sino que se le presente hablando a la misma altura física, pero también psicológica, su pequeño cerebro se relajará y aceptará mejor esas palabras.

"Ese simple gesto, el de tomarse la molestia de ponerse a su altura para incluirlo en un mundo, el de los adultos, que él ve inaccesible e incomprensible, es un gesto de vital importancia para que la comunicación fluya mucho mejor y nuestros mensajes calen en él".

"Integremos al niño, tratémoslo como a un igual".

Hay que cuidar la salud emocional de los niños, porque son el futuro

Para el psicólogo es muy obvio la necesidad de cuidar la salud física de nuestros hijos, pero también su salud emocional. Y para lograrlo, hay que darles también la mejor educación posible, y no solo a nivel intelectual sino también en el plano emocional. Y para lograrlo, hay que mejorar la conciliación familiar y laboral, para tener tiempo para ellos.

Y así podremos satisfacer todas sus necesidades biológicas: fomentar su curiosidad y relacionarnos con ellos no como autoridad sino estando a su lado, para darles esa seguridad biológica que necesitan para llegar a la seguridad emocional.

"Sería ideal que padres e hijos pudieran dormir juntos en la misma habitación o en la misma cama al menos durante los primeros cinco años de la vida de los niños".

Así se expresa Julio Rodríguez, que explica que "hay muchos estudios que demuestran que los niños que viven en orfanatos, aunque sea solo de bebés, tienen muchos problemas psicológicos, porque han sentido que les fallaba su supervivencia básica al ser abandonados por sus padres".

Por eso, hay que lograr cambios en la sociedad, en las leyes, que apoyen la paternidad, que nos permitan entender que el llanto es el mecanism que tienen nuestros hijos para llamar la atención de sus progenitores, un instinto necesario para su supervivencia y no una forma de fastidiar.

Pero esa falta de 'paciencia' con nuestros hijos no es culpa de los padres, sino del estrés que provoca procurar responder a la imagen de ser buenos padres, de estar a tope en el trabajo y en casa, de llegar a todo.

"Los padres estamos tan cansados y saturados que cuidamos sus necesidades básicas pero no tenemos tiempo para el bienestar psicológico y emocional que nuestros hijos necesitan".

Los puntos clave para una educación emocional y cognitiva

Como colofón a la entrevista que Bebés y Más a realizado a Julio Rodríguez, le hemos pedido que repase los puntos básicos que resumen el resultado de su investigación científica para una buena crianza. Además de los puntos ya tratados, estos son sus consejos para los padres:

  • A razonar se aprende igual que a hablar. Hacedlo desde el primer momento, aunque no os entienda.
  • Explicad al niño todas las normas que debe cumplir para su seguridad, su relación cívica con los demás, su salud y su educación. No se las impongáis por autoridad, dejad que el niño participe activamente en el pro- ceso. Explicádselas y luego dadle libertad para llevarlas a cabo.

  • Lo más valioso para un niño es el tiempo que pase con sus padres; eso sí, dedicándole atención plena. Aparcad los móviles, ordenadores y televisión, echaos al suelo y montad en el tren de la imaginación y del juego. Entrad en el modo "multiaventura del caos".

"Habladle como a un adulto, pero queredlo y jugad con él como un niño".
  • Enseñadle a reconocer y a expresar sus emociones (también artísticamente), que él decida la vía que quiere seguir. Nunca lo coartéis ni juzguéis sus decisiones. Al revés, incentivadlo, apoyadlo y celebradlo. Siempre.

  • Enseñadle que la tristeza y los malos momentos son parte de la vida, que no hay que evitarlos ni ocultarlos, que debe afrontarlos.

  • Animadlo a que haga cosas que no se le dan bien. Eso lo ayudará a perder el miedo al fracaso, al cambio y a intentar nuevos retos y tareas. También será útil porque le hará acostumbrarse a salir de su zona de confort y a relativizar los logros y los errores y lo protegerá con- tribuyendo a que su ego no se infle artificialmente ni se lastime por un revés. Hay que destruir el ego.

  • Enseñadle que en la perseverancia está la maestría, que lo importante no es no caerse nunca, ya que eso es imposible, la vida no es así. Lo relevante es levantarse siempre. Fallar es importante porque permite aprender.

  • Dadle libertad para que decida sus proyectos, sus juegos, sus creaciones artísticas y sus actividades. Luego, apoyadlo en los logros y en las adversidades, mostradle afecto y atención plena, valorad su esfuerzo. Enseñadle que el éxito es relativo y dependiente de muchas eventualidades. Ganar no lo convierte en mejor persona que los demás ni lo hace merecedor de más respeto.

  • Enseñadle a ser empático, compasivo y respetuoso con los demás. Eso anulará su narcisismo y evitará que sea rencoroso, iracundo, envidioso, hostil, celoso e inseguro.

  • No lo dudéis nunca: no sucumbáis ni caigáis en una lucha de 'padres competidores' ni cedáis ante la presión social cortoplacista y materialista. Estáis haciendo lo correcto, estáis criando a un ser humano, aunque sea para un mundo de lobos. Su colchón de plumas, su traje espacial de plástico de burbujas y su habitación acorazada multidimensional lo harán capaz de sobrevivir en él, de domarlo, de controlarlo, de mejorarlo e incluso de cambiarlo.

Fotos | iStock

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