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Cómo afecta el divorcio a los hijos según su edad (y cómo podemos gestionarlo los padres)

Cómo afecta el divorcio a los hijos según su edad (y cómo podemos gestionarlo los padres)
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Una de las cosas que más preocupa a los padres cuando deciden poner punto final a su relación es el posible efecto que esta ruptura tenga en los hijos. ¿Qué le puede pasar al peque? ¿Qué podemos hacer para que les afecte lo menos posible el divorcio a nuestros hijos?

A la espera del informe para el año 2017, el INE (Instituto Nacional de Estadística) publicó el pasado mes de septiembre de 2017 las cifras referentes a separaciones, divorcios y nulidades relativas al 2016 en España. Durante el año 2016 se produjeron un total de 101.294 casos de nulidad, separación y divorcio.

Un divorcio o separación no es algo agradable, y no lo es para nadie. Quiero decir con esto que no hay manera de pasar asépticamente por ello, que lo hagamos como lo hagamos los niños siempre van a vivir un cambio en sus vidas. La clave es que dependiendo de cómo lo hagamos el impacto será mínimo o terrible.

Cómo le afecta a los niños el divorcio

Es imposible establecer una regla fija sobre los efectos del divorcio en los más pequeños, ya que son muchas las variables que entran en juego y que van a determinar el impacto. Sabemos que hay principalmente tres factores que van a influir en el cómo afectará a los niños el divorcio o separación de los padres: el tipo de separación o divorcio, la edad de los niños y su personalidad (y las herramientas con las que cuenten, claro).

Cómo gestionamos los adultos la separación marcará la diferencia

Según un estudio ya clásico, para los niños que se enfrentan a la ruptura del núcleo familiar, el punto más estresante es la exposición a los conflictos de sus padres.

Según el INE, en 2016 en España el 76,6% de los divorcios fueron de mutuo acuerdo, mientras que el 23,4% restante fueron contenciosos. En el caso de las separaciones, el 85,1% lo fueron de mutuo acuerdo y el 14,9% contenciosas. Obviamente tener un divorcio en el que ambos progenitores están de acuerdo no indica ni garantiza que todo vaya como la seda ni que todo se haga de manera ideal de cara a los niños, pero hay muchas más posibilidades que si lo hacemos sin ni siquiera hablarnos con nuestro ex.

No, no es lo mismo una separación “amistosa” que una por la vía de lo contencioso. ¿Lo ideal? Una ruptura civilizada, meditada y abordada desde el respeto, una ruptura en la que ambos progenitores son capaces de dialogar, en la que ambos llegan a acuerdos evidentes y expresos sobre los niños... Una ruptura en la que, en definitiva, a pesar de que ya no se funcione como pareja se sigue funcionando como equipo de cara al cuidado y educación de los hijos. Y creedme, esto es posible, hay muchas parejas que lo logran, con esfuerzo, claro.

Por otra parte el tiempo que tarda la justicia en resolver los casos en los que no hay acuerdo tampoco ayuda: cuanto más tiempo tarda en resolverse la situación más tiempo están expuestos los niños a estrés, ansiedad... lo que puede producir dificultades de adaptación y problemas emocionales a medio plazo.

De nuevo citando los datos del INE, la duración media de los divorcios de mutuo acuerdo fue de 3,1 meses, mientras que la de los contenciosos alcanzó los 9,9 meses. Casi 10 meses de incertidumbre para los peques, de discusiones entre los progenitores... Evitémoslo en la medida de lo posible.

Cómo puede afectar el divorcio a los niños según la edad de éstos

  • Bebés: los bebés son tremendamente receptivos (casi un espejo) del estado de ánimo de papá y mamá de manera que si nosotros estamos tensos, irritables o deprimidos ellos lo notarán y les afectará de igual forma. Podemos observar que lloran más, que están irritables, que necesitan especialmente proximidad física (inseguridad), etc. Además el hecho de que los adultos estemos estresados puede hacer que no se atienda correctamente a las necesidades de estimulación y cuidado del bebé, lo que puede afectar a su correcto desarrollo.
  • Niños en edad preescolar: no son capaces de entender qué sucede, y si la ruptura está siendo complicada es posible que manifiesten estrés, ansiedad y miedos. ¿Cómo se manifiestan éstos? Volviendo a estadios anteriores del desarrollo ya superados (hacerse pis en la cama de nuevo, habla más infantilizada, rechazo de algunas comidas, etc.), pesadillas, miedo a la oscuridad o a ir solo por casa...Como muchos aún no tienen un conocimiento y manejo total de sus emociones es posible que nos encontremos con somatizaciones, expresiones físicas del malestar, como vómitos, dolor abdominal... En casos complicados es posible que detectemos que el niño está especialmente agresivo, es la forma en la que los niños gestionan la depresión y la exteriorizan, no con tristeza como los adultos.
  • Hasta aproximadamente la preadolescencia los niños pueden vivir la separación como un conflicto de lealtades (“Si quiero a mamá significa que no quiero a papá”, “Si quiero ir con uno...”) y que ello afecte tanto a su estado de ánimo como al rendimiento escolar. Puede verse afectada su autoestima y comenzar a mostrar problemas de conducta, especialmente en el caso de los chicos (no atender a las normas, conductas delictivas, etc.)
  • Adolescencia: los adolescentes acusan mucho las separaciones conflictivas. Podemos encontrarnos con depresión, problemas de conducta (delictiva, consumo de drogas), dificultades para establecer vínculos afectivos (o tener relaciones afectivas tanto ahora como a medio-largo plazo), etc.
separacion niños

¿Qué podemos hacer los padres para que no les afecte el divorcio a los niños?

Evitar el conflicto

Si tuviera que dar una única respuesta ésta sería: evitar o al menos reducir en la medida de lo posible la carga de conflicto entre los adultos, entre los miembros de la ya “no pareja” y por supuesto no hacer partícipes a los niños de nuestro conflicto adulto.

Un trato cordial

Como decía antes son tres las variables que determinan el impacto que tendrá un proceso de este tipo en los niños: su edad, su personalidad y cómo gestionemos el conflicto. Ésta, la del manejo del conflicto, depende enteramente de nosotros, los padres, así que vamos a hacer todo lo posible por comportarnos como seres civilizados. Eso implica, sobre todas las cosas, respetar al otro. Respeto y dignidad. Porque somos padres, porque somos el modelo de nuestros hijos, porque nos ven, porque ellos se sienten inseguros... porque es nuestra responsabilidad, porque ellos no tienen la culpa de que nuestra relación no funcione.

¿Y si no es posible un trato cordial?

Si hemos llegado a un punto en el que el entendimiento no es factible, en el que el respeto se perdió en hace tiempo, lo que debemos (sí, he dicho debemos) hacer es separar los dos roles, el de padres y el de ex pareja, y hacer del de padres un departamento estanco. ¿A qué me refiero con esto? A que es posible que no queráis dirigiros la palabra, pero delante de los niños, cuando vayáis a recogerlos, en las reuniones del cole, tenéis que ser equipo, porque habéis dejado de ser pareja pero no habéis dejado de ser padres.

Una buena comunicación con nuestros hijos

Además de esto, que es fundamental debemos tener una muy buena comunicación con nuestros hijos y mantenerles informados en todo momento de los pasos que vamos a dar y sobre todo de qué va a pasar con ellos.

Puede que nos parezca innecesario decirles cosas como “Vas a seguir viviendo en esta casa” por lo obvio, pero para ellos no lo es: los niños ante los cambios (y esto sin duda lo es) sienten gran inseguridad y empiezan a imaginar escenarios terribles (es normal, tienen miedo e incertidumbre), por lo que debemos rellenar con información veraz esos huecos.

Dejadle claro que le queréis y que la separación es entre vosotros, no con él, decidle que vuestro amor va a estar ahí siempre, porque sois su padre o madre.

No interferir en la relación con el otro

Y en relación a esto, otro punto clave para procurar el bienestar de los peques es no interferir en la relación con el otro progenitor (salvo situaciones obvias como el maltrato). No tenemos derecho a privarle del amor, de la proximidad y del aprendizaje que le proporciona el otro, por mucho que nos fastidie, por mucho que prefiramos no volver a verle.

Intentar hacerlo lo mejor posible de cara a los peques ha de ser objetivo principal para nosotros los padres. Si la cosa se complica, si vemos que nuestro hijo está pasándolo realmente mal lo mejor que podemos hacer es acudir a un profesional que nos aconseje y nos ayude para que el niño sufra lo menos posible. Ánimo.

Fotos | iStockphoto
En Bebés y más: Cuando papá o mamá tienen una nueva pareja: cómo decírselo y cómo manejarlo con los hijos

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