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Espasmos del sollozo o apnea emotiva: por qué se produce y qué hacer cuando parece que nuestro hijo no "arranca a llorar"

Espasmos del sollozo o apnea emotiva: por qué se produce y qué hacer cuando parece que nuestro hijo no "arranca a llorar"
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Los "espasmos del sollozo o apneas emotivas" son cuadros en los que el niño se queda sin respiración tras una espiración prolongada, que normalmente se produce como consecuencia de un episodio de llanto o un enfado. Aunque es sumamente angustioso para los padres, la mayoría de las veces se trata de casos leves que desaparecen por sí solos en torno a los cuatro o cinco años.

Te explicamos con más detalle qué es el espasmo del sollozo, por qué se produce, y cómo debemos actuar si presenciamos este episodio.

¿Qué son los espasmos del sollozo y cuáles son sus síntomas?

Como avanzábamos al inicio, los espasmos del sollozo son episodios involuntarios en los que, al tratar de tomar aire para llorar, el niño deja de respirar bruscamente (coloquialmente decimos que "se ha quedado privado").

En la mayoría de las ocasiones el color de la piel y los labios se vuelve azulada (aunque en casos menos frecuentes puede tornarse pálida), y se presentan movimientos muy agitados que podrían confundirse con convulsiones, aunque no lo son.

Tras 10-15 segundos de apnea, el niño arranca a llorar de nuevo, si bien en alguna ocasión el episodio se puede prolongar más tiempo, llegando a sufrir una breve pérdida de conciencia en la que quedará tendido en el suelo, con los ojos abiertos y los músculos muy rígidos.

Pese a que su naturaleza es benigna y no reviste riesgos para la salud, la situación resulta realmente impactante para los padres, que se sienten confusos y no saben cómo actuar.

¿Cuándo se producen?

Los espasmos del sollozo van precedido de una emoción fuerte que el niño no sabe gestionar, como un susto o sobresalto, una caída o, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, una rabieta.

Según los pediatras, su incidencia es del cinco por ciento en niños de entre seis meses y cinco años, edad en la cual la mayoría de los episodios desaparecen, pues los niños ya han desarrollado las habilidades suficientes para enfrentarse a las situaciones desencadenantes.

¿Existe alguna enfermedad asociada a los espasmos del sollozo?

espasmo del sollozo

No existe asociación con ninguna enfermedad, y tampoco un mayor riesgo de padecer epilepsia o muerte súbita. Según podemos leer en la web Familia y salud de la AEPap, "se cree que los espasmos del sollozo están relacionados con una alteración de la regulación del Sistema Nervioso Autónomo por diferentes mecanismos. Como consecuencia se origina una disminución transitoria del riego sanguíneo cerebral".

Además, se ha observado un componente genético o familiar, de manera que en el 35% de los casos existen padres o abuelos que también lo padecieron de pequeños, así como algún hermano.

Qué hacer (y qué no) ante este tipo de episodios

Por angustiante y frustrante que parezca, no hay que actuar de ningún modo especial ante un espasmo del sollozo, pues tras el episodio más o menos prolongado, el niño arranca a llorar y vuelve a respirar normalmente, sin que este hecho haya tenido ninguna repercusión en su salud.

Los pediatras insisten en la importancia de mantener la calma y esperar a que pase, sin zarandear, gritar, ni golpear al niño, ya que podríamos ocasionarle lesiones sin querer.

Eso sí, es importante asegurarse de que el episodio no se esté produciendo por otros motivos, como por ejemplo la aspiración de un cuerpo extraño o un problema respiratorio grave.

Así pues, y acorde a la recomendación de los expertos, si nuestro hijo presentara un espasmo del sollozo actuaremos de la siguiente manera:

  • Permaneceremos al lado del niño en todo momento, tranquilizándole y manteniendo nosotros también la calma.
  • Debemos asegurarnos de que nuestro hijo está en un lugar seguro y despejado, para evitar que se golpee en caso de caer el suelo o perder el conocimiento.
  • Otra recomendación que podemos seguir es tumbarle en el suelo y colocarle de lado.
  • No debemos realizar ninguna maniobra de reanimación.

Los pediatras también insisten en la importancia de no ceder a las presiones del niño si identificamos que la causa del espasmo se debe a una rabieta. Y es que suele ser común que para tratar de evitar estos desagradables momentos, los padres sobreprotejan a los hijos o les den todo lo que pidan, perpetuando con su actitud este tipo de episodios.

En cualquier caso, y a pesar de su naturaleza benigna, se recomienda consultar con el pediatra cuando suceda, para que nos ofrezca más información y nos de las claves para actuar con seguridad.

Fotos | iStock

Vía | En Familia - AEP

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