Por qué tu adolescente y tú habláis idiomas diferentes: 11 claves para entenderle y acercaros

La adolescencia es una etapa plagada de cambios físicos, psicológicos y cognitivos, en buena parte relacionados con el desarrollo de la personalidad, el autoconcepto y la identidad.

Pero los cambios no solo afectan al propio adolescente; también los padres debemos adaptarnos a esta nueva etapa de la vida, entiendo cómo piensan, sientan y actúan nuestros hijos, para poder comunicarnos con ellos de una forma positiva y eficaz.

Y es precisamente este punto el que vamos a abordar hoy. Porque durante la adolescencia no siempre es fácil que padres e hijos se entiendan.

¿Sientes que tu adolescente y tú estáis en polos opuestos? ¿Qué habláis idiomas diferentes o que no hay entendimiento entre vosotros? Te damos algunas claves que podrían ser de utilidad a la hora de entender y conectar con nuestros hijos adolescentes.

¿Por qué parece que mi hijo y yo hablamos idiomas diferentes?

Puede que antes tu hijo y tú fuerais uña y carne y os entendierais con solo miraros. Pero desde que la adolescencia llegara a vuestras vidas "pisando fuerte", sientes que has perdido esa conexión: ¿Qué está pasando? ¿A qué se debe nuestra falta de entendimiento? Estas son algunas posibles causas.

Prejuicios asociados a la adolescencia. En muchas ocasiones, los padres nos enfrentamos a la adolescencia de nuestros hijos con la mente cargada de prejuicios, estereotipos y etiquetas. Estos prejuicios nos llevan a educar con miedo, autoritarismo y falta de conexión, actuando como si lleváramos una venda en los ojos que no nos dejara ver lo que realmente hay detrás de su comportamiento.

Su cerebro está cambiando. Durante la adolescencia el cerebro cambia, madura y muestra una gran plasticidad, favoreciendo el aprendizaje y la adaptación al medio. Pero también derivados de estos cambios, el adolescente deja de sintonizar con las voces de sus padres, cree que nadie le entiende y comienza a construir un pensamiento más abstracto y egocéntrico. Si los padres no comprendemos estos cambios a la hora de relacionarnos con nuestros hijos, es normal que aumente la desconexión entre nosotros.

Necesidad de independencia y libertad. El adolescente tienen ganas de sentirse libre, de ser autónomo e independiente y de construir su propio espacio personal y social, así como su identidad. Esto no significa que no nos necesite, pero debemos saber leer detrás de su conducta y encontrar el equilibrio entre independencia y respeto mutuo.

Guerras de poder. El hecho de que nuestro hijo adolescente esté construyendo su propia identidad le llevará en ocasiones a cuestionar nuestros límites y a tomar decisiones que no entendemos ni nos gustan. Ante este tipo de situaciones es fácil caer en las luchas de poder en las que busquemos imponer nuestro criterio, separándonos de nuestros hijos cada vez más.

11 claves infalibles para entenderte con tu hijo adolescente

Conecta con tu "yo adolescente". Si la adolescencia de tu hijo se te está "haciendo bola" o sientes que estáis en polos opuestos, es necesario pararse a reflexionar y conectar con nuestro pasado. Volver a revivir cómo éramos en la adolescencia, lo que sentíamos, necesitábamos y esperábamos en esa etapa nos va a ayudar a entender mejor a nuestro hijo.

Habla con tu hijo sobre tu adolescencia. Quizá tu hijo crea que os separa un abismo y que no le entiendes porque su realidad y la tuya son muy diferentes. Acerca posturas compartiendo tus vivencias adolescentes y demostrando a tu hijo que aunque las modas fueran otras, las necesidades, preocupaciones y sentir eran similares a lo que está experimentando él/ella.

Comparte tiempo con tu hijo adolescente. Podemos buscar planes para compartir nuestro tiempo. No hace falta perseguir grandes pretensiones; bastaré con buscar planes sencillos que ambos disfrutemos y nos ayuden a conectar.

Usa el humor para comunicarte. El humor no solo ayuda a rebajar la tensión a la hora de comunicarnos, sino también a "romper el hielo" y acercarnos más a nuestros hijos.

No juzgues sus gustos. Aunque no compartas sus gustos evita caer en el juicio y la crítica. Por el contrario, interésate en lo que hace y dale tu opinión de forma respetuosa si te la pide (si no te la pide y quieres dársela igualmente, prueba a usar la fórmula: "¿quieres saber qué haría yo?"). Recuerda que tu hijo está en la búsqueda de su propia identidad y para ello necesita probar cosas diferentes hasta afianzar sus gustos.

El arte de la negociación. Cuando entre tu hijo y tú hay puntos de vista o necesidades dispares, se hace imprescindible negociar y llegar a acuerdos; es decir, buscar soluciones conjuntas que acerquen nuestras posturas teniendo en cuenta las necesidades de ambos.

Usa preguntas de curiosidad. Las preguntas de curiosidad son una gran estrategia comunicativa, pues evitan las contestaciones monosilábicas, fomentan la comunicación y nos aportan información muy valiosa para entender mejor a nuestros hijos.

Crea un espacio de confianza. Aunque la confianza es algo que debemos fomentar desde la infancia, al llegar a la la adolescencia es importante seguir trabajándola. Para ello, se hace imprescindible que nuestros hijos encuentren en nosotros y en su entorno un espacio seguro y de confianza al que poder acudir sin sentirse juzgados.

Respeta su intimidad. Es importante que respetemos la parcela de intimidad de nuestro adolescente y sepamos interpretar las señales que podrían indicarnos que un momento no es el más adecuado para comunicarnos. Poco a poco, a base de demostrarle nuestra confianza y respeto, se irá sintiendo más cómodo para hablar con nosotros sobre cualquier aspecto.

Comunicación positiva. Comunicarse de forma positiva y eficaz con nuestros hijos pasaría por no acribillarles a preguntas, evitar los sermones y escuchar de forma activa. Es necesario conocer los enemigos de la comunicación, así cómo cualquier interferencia que nos aleje y desconecte.

La importancia de los gestos universales. Por último, destacamos la importancia de dedicar cada a día a nuestro hijo gestos universales que, sin necesidad de palabra, nos ayudan a entendernos y a conectar. Una sonrisa, un beso de buenas noches, una caricia o nuestra presencia incondicional harán que esa distancia que inicialmente sentíamos se acorte como por arte de magia.



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