Cuando la relación de pareja se tambalea por problemas en la crianza de los hijos: qué podemos hacer como padres

Es frecuente que no compartamos todos nuestros gustos con nuestra pareja, que tengamos personalidades, estilos de hacer las cosas e incluso filosofía de vida diferentes. Quizá esas diferencias han pasado desapercibidas o no suponen ningún conflicto en la relación, pero cuando las discrepancias están relacionadas con la crianza de los hijos, la cosa cambia.

No cabe duda de que la llegada de los hijos tiene un gran impacto en la familia, y en ocasiones, el estrés generado por la crianza, las discusiones aparejadas o puntos de vista diferentes pueden ponernos a prueba como pareja.

Aunque es normal enfocar de distintas maneras determinados aspectos de la crianza y educación de los hijos, es importante saber cómo actuar para que estas diferencias no afecten a la relación de pareja.

La importancia de entender al otro

Para empezar es importante entender que como personas independientes que somos, todos tenemos nuestros gustos y nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

En este sentido, es curioso comprobar cómo, por lo general, solemos ser bastante respetuosos con los gustos y preferencias de nuestra pareja, e incluso acabamos amoldándonos a ellos. Pero cuando hablamos de criar y educar a los hijos, el hecho de que nuestra pareja vea las cosas de manera diferente a cómo lo vemos nosotros suele provocarnos rechazo.

Para evitar caer en discusiones y peleas de pareja es necesario "ponerse en la piel del otro", con el objetivo de entender por qué actúa o piensa de la forma en que lo hace.

Y es que a la hora de educar y criar entran en juego múltiples factores; desde la educación que uno mismo haya recibido en su infancia, hasta los valores que tiene, sus creencias, su personalidad, la forma de ver el mundo...

Pero sobre todo, es importante no olvidar jamás que nuestra pareja, al igual que nosotros, hace las cosas lo mejor que puede y sabe, movido siempre por el amor incondicional a los hijos.

Habla con tu pareja de forma positiva

Una vez comprendido por qué tu pareja actúa con tus hijos como lo hace, el siguiente paso es hablar con él/ella de forma honesta, abierta y respetuosa. Exprésale lo que te preocupa de la situación, qué actitudes te molestan y cómo podéis resolverlo juntos.

Hablar con confianza os acercará, te permitirá conocer cuál es su visión, llegar a puntos comunes y, sobre todo, empezar a actuar como el equipo que sois

Además, y al igual que hacemos con los niños, también debemos practicar la escucha activa con nuestra pareja, sin interrupciones ni críticas. Para  escuchar necesitamos tiempo, presencia y contacto visual. Cuando escuchamos y hablamos de forma positiva, las conversaciones se vuelven más relajadas y fluidas.

Estableced acuerdos de forma conjunta

Tras poner sobre la mesa lo que nos molesta del otro como padre/madre, es necesario establecer ciertos acuerdos; es decir, aquellos principios claves en la educación de los hijos con los que ambas partes estáis de acuerdo.

Cada pareja ha de establecer sus propios acuerdos, siempre pensando en el bienestar del niño y en ofrecerle una educación basada en el amor, el respeto y en unos límites adecuados, proporcionados y justos.

Teniendo claros esos "principios básicos", es más fácil flexibilizar el resto de normas; es decir, aquellas que con un miembro de la pareja pueden hacerse de una forma, y con el otro miembro de otra, sin que esto suponga ningún conflicto.

Enseña o corrige con amor

Todos aprendemos a ser padres mediante ensayo y error. Y es que aunque oficialmente nos convirtamos en madre o padre tras nacer nuestro bebé, nadie nos enseña cómo debemos criar y educar a los hijos, y aspectos tan cotidianos y básicos como cambiar un pañal, peinar a un niño, bañarle o hacer la colada con la ropita del bebé, pueden suponer un auténtico reto para muchos.

Pero al igual que es importante prestar atención a la forma en la que corregimos los errores a los niños, también debemos hacer lo mismo cuando quien se equivoca es nuestra pareja. Enseñar o corregir con amor, delicadeza y respeto es básico para cualquier relación.

No compares a tu pareja contigo

Pero una cosa es enseñar al otro algo que desconoce, y otra muy diferente es querer cambiar su forma de ser y actuar con vuestros hijos. Y es que tu pareja y tú sois personas independientes; con vuestros propios gustos, manías, formas diferentes de ver las cosas y maneras de entender la vida.

En este sentido, y tal y como mencionábamos más arriba, mientras existan unas bases inquebrantables establecidas de mutuo acuerdo, cada uno tendrá una forma diferente de hacer las cosas o de enfocar ciertos aspectos de la crianza y educación de los hijos, sin que sea mejor o peor que la del otro.

Equipo, no rivales

El hecho de no comparar la forma que tiene tu pareja de hacer las cosas con la que tienes tú, te hará ver que en la crianza de los hijos los padres no son rivales, sino que forman un equipo.

Para ello es necesario no discutir o desacreditar a tu pareja delante de los hijos (otra cosa es mantener un diálogo sobre nuestras opiniones y mostrarles que se puede llegar a un acuerdo) y mostrar unidad y coherencia ante los niños.

La responsabilidad de la crianza debe ser compartida

Criar y educar a un hijo es responsabilidad conjunta de la pareja, y tanto uno como otro deben involucrarse igualitariamente y saber delegar.

Cuando la pareja cuida, cría y educa a los hijos por igual no tienen cabida frases como "hoy mi marido está de niñera" o "mi pareja me ayuda en el cuidado de los hijos". Este tipo de comentarios no solo afecta a la relación entre ambos (provoca comparaciones, y merma la autoestima y la confianza en uno mismo y en el otro), sino que aumenta la carga física y emocional de uno de los dos miembros de la pareja al desequilibrar la balanza de responsabilidades, con todo lo que ello conlleva.

Descanso y tiempo en pareja

La crianza es agotadora, sobre todo en los primeros años de vida del niño y connforme el número de hijos va creciendo. Los innumerables retos a los que nos enfrentamos los padres cada día (horarios, conciliación, responsabilidades, falta de sueño...) pueden acabar generando estrés y cansancio, y a su vez repercutir en nuestra convivencia.

Pero no debemos olvidar que el vínculo de pareja es el sostén fundamental para los hijos, de ahí la importancia de cuidarlo cada día.

Por eso es tan importante cuidar de nuestra pareja como cuidamos de nosotros mismos y de nuestros hijos, mimando la relación, dedicándonos tiempo en exclusiva y cuidando esos pequeños detalles cotidianos que deberían ser los cimientos de cualquier relación.

Cuando la pareja conecta emocionalmente, se cuida y se dedica tiempo, está preparada para afrontar cualquier bache que pueda surgir con la crianza de los hijos.

En definitiva, es normal tener discrepancias con la pareja en la crianza y educación de los hijos, pero es importante tratarlas de forma positiva y respetuosa, haciendo equipo por el bienestar de los niños.

Fotos | iStock, Pexels

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