Nueve recomendaciones de expertos para cuidar la salud de los pies de los niños en verano

Cuando se habla de salud, los pies son una de las partes del cuerpo que más se suelen obviar, sin embargo, es una de las zonas más sensibles, especialmente en el caso de los niños.

Para cuidar los pies de nuestros hijos en verano no solo es importante tener en cuenta el calzado que utilizan, sino también los factores propios de esta época del año. María Valdivieso, podóloga en Centro Médico Complutense (Grupo Virtus), nos ofrece nueve claves para mantener a raya la salud de los pies de los niños en esta época del año.

Protege los pies de la exposición al sol

Es muy importante proteger la piel de los niños (y la nuestra) de los rayos solares durante todo el año, pero muy especialmente en verano. Para ello, debemos aplicar de forma generosa una crema fotoprotectora con un factor de protección alto (preferiblemente SPF 50), además de tomar otras precauciones que minimicen los riesgos que conlleva la exposición solar.

Pero los pies son los grandes olvidados cuando aplicamos la crema solar a los niños, ya que generalmente solemos detenernos en los tobillos, sin tener en cuenta que el dorso de los pies es muy sensible a la radiación solar. Por ello, es tan habitual que la gente se queme esta zona de los pies.

Así pues, tanto si los niños están en la playa o piscina, como si salen a jugar al aire libre y llevan calzado abierto, no podemos olvidarnos de aplicar crema solar también en sus pies.

¡Cuidado con las quemaduras en la planta de los pies!

A los niños les encanta caminar descalzos y es muy beneficioso que lo hagan. Sin embargo, en verano debemos evitar que caminen descalzos por superficies que podrían estar excesivamente calientes, como la arena de la playa más alejada de la orilla, suelos de piedra o asfalto, o incluso césped artificial.

En caso de que se produzca una quemadura en la planta del pie por este motivo, debemos actuar como con cualquier otra quemadura: enfriando la zona, aplicando los cuidados propios y en caso necesario, consultar con el pediatra.

Descalzos sí, pero no siempre

Pero caminar descalzos en verano no solo puede ocasionar quemaduras en la planta de los pies, sino otro tipo de problemas. Por eso, y aunque insistimos en que es muy beneficioso que los niños estén descalzos, deben hacerlo en entornos seguros y evitar zonas problemáticas.

Por ejemplo, las aguas estancadas, el pavimento de un parque infantil, el suelo de un bar de piscina, unos vestuarios públicos... no son lugares indicados para ir descalzos, pues el suelo está sucio, puede contener elementos cortantes e incluso ser foco de bacterias, hongos e infecciones para los pies.

En cuanto a caminar descalzos por la playa, la experta aconseja hacerlo siempre y cuando el terreno sea llano y la arena esté húmeda, pues si hay desnivel se pueden provocar tensiones a nivel articular y generar dolores de pies y rodillas.

Hongos y papilomas, un problema habitual en verano

Si los pies del niño sudan especialmente, hemos de procurar que estén al aire el mayor tiempo posible y asegurarnos de secarlos bien cuando vayamos a calzarle. También debemos utilizar un calzado abierto y transpirable que ayude a combatir tanto la humedad, como el mal olor derivado de la sudoración.

Ocurre lo mismo cuando vayamos a calzar al niño tras un baño en el mar o la piscina. El pie siempre debe estar bien seco -prestando especial atención al espacio entre los dedos- antes de poner el zapato.

La humedad en los pies puede propiciar una infección por hongos (patología conocida como 'pie de atleta') caracterizada por descamación, fisuras y picor.

En cuanto al papiloma plantar, se trata de un virus que se da en entornos húmedos con asistencia diaria de muchas personas, por lo que duchas públicas, vestuarios, piscinas o zonas de baño en parques acuáticos son sus mejores caldos de cultivo. Para evitarlo es fundamental frecuentar estos lugares siempre con chanclas o calzado de goma.

Limita el uso de calzado de goma

Pero no cualquier calzado de verano es apto para los niños. El uso prolongado de chanclas y zuecos de goma puede modificar la forma de pisar del niño y provocar dolores en rodillas, caderas o espalda.

Igualmente, si este tipo de calzado de goma se utiliza para realizar actividades físicas como jugar, correr, montar en bici, hacer deporte... aumenta el riesgo de lesiones, ya que el pie no estará correctamente sujeto, haciéndolo más propenso a padecer esguinces de tobillo, caídas o tropiezos que pueden acabar en fractura.

Elige el calzado de verano adecuado

Para saber cuál es el mejor calzado de verano para vestir al niño hemos de tener en cuenta tres claves: que sean cómodos, que estén fabricados en tejidos naturales (exceptuando el calzado de goma que utilizan para la piscina), y que ajusten bien, sin oprimir ni quedar demasiado holgados.

En la medida de lo posible se evitará el calzado cerrado y los calcetines, reservándolo para jornadas largas de juegos y caminatas. Las zapatillas deben ser de loneta o material transpirable y natural (pudiendo sustituirse por sandalias de marcha que sujeten bien la punta y el talón con velcro y/o hebillas), y los calcetines siempre de algodón o lino.

Cuando optemos por sandalias de vestir para paseos cortos o planes en familia, estas han de estar fabricadas en materiales naturales como la piel o el tejido, y tener suelas ligeras en TR o goma para facilitar un buen agarre.

Cómo evitar y tratar las ampollas y rozaduras

Tras un año entero utilizando calzado cerrado y calcetines, es normal que el pie se resienta al principio cuando pasamos al calzado de verano. No en vano, la podóloga María Valdivieso advierte que la fricción de la piel desnuda contra el calzado puede hacer que aparezcan rozaduras y ampollas.

Si eso ocurre, lo primero que hay que hacer es tratarlo como una herida para evitar que se infecte, limpiándola con un antiséptico y cubriendo la zona con apósito para protegerla del contacto con el calzado. Si la ampolla molesta, María aconseja pincharla de manera higiénica, pero nunca quitar la piel ya que protegerá hasta que esta se regenere de nuevo.

Pies siempre hidratados

Al igual que hidratamos la piel de los niños tras el baño, hemos de hidratar sus pies, especialmente en verano que es cuando sufren un mayor desgaste. Existen cremas específicas para los pies que podemos aplicarlas de noche, habiendo lavado previamente la zona con agua y jabón y secado correctamente.

La hidratación no solo ayudará a mantener el correcto equilibrio del PH de la piel (especialmente en el caso de niños con piel atópica), sino evitar rozaduras, ampollas y durezas. No obstante, si estas aparecen y no sabemos cómo tratarlas, lo recomendable es visitar al podólogo.

Revisa sus uñas con frecuencia

Cuando nuestros hijos son bebés no se nos escapa ningún detalle de su cuerpecito, especialmente en el momento del baño o aseo diario. Pero a medida que van creciendo y ganando autonomía en el aseo y el vestir, es más frecuente pasar por alto pequeños detalles de algunas partes de su cuerpo como las uñas, especialmente las de los pies.

Es importante revisar con frecuencia las uñas de nuestros hijos para asegurarnos que no presentan alteraciones o patologías, siendo las más frecuentes los uñeros o uñas encarnadas (que pueden complicarse si el niño juega descalzo con la pelota o practica juegos de impacto sin zapatillas), la infección por hongos y las lesiones y traumatismos provocados, por ejemplo, al caer sobre el dedo un objeto pesado o tras sufrir un pisotón fuerte sin calzado.

Ante la aparición de cualquier cambio o alteración en la uña que nos haga dudar, debemos consultarlo con el especialista.

Fotos | iStock, Pexels (Tatiana Syrikova)

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