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Las chucherías son peligrosas para la salud de los niños, ¿por qué no evitar el riesgo?

Las chucherías son peligrosas para la salud de los niños, ¿por qué no evitar el riesgo?
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Los adultos tenemos una actitud ambigua respecto a las chucherías: por una parte sabemos más o menos certeramente que son perjudiciales para la salud, por otra, tenemos cierta permisividad respecto a su consumo por parte de los niños.

En Peques y Más, tenemos una entrada referente al nulo valor nutricional de golosinas dulces o saladas, y sabemos que aunque se puedan considerar alimentos, sus calorías vacías no ayudan a alimentarse adecuadamente. A veces me pregunto por qué nos cuesta llamar a las cosas por su nombre, o por qué somos reacios a hablar claramente. ¿Por qué no decimos que las chucherías son peligrosas? Lo son por qué además de azúcar contienen diversos tipos de gomas y mucílagos que se adhieren a los dientes facilitando la aparición de caries, también porque (en el caso de bollería, helados o chocolates) la cantidad de grasas saturadas aumentan el riesgo de obesidad y arteriosclerosis; y por supuesto los ‘snacks’ salados (y sus elevados niveles de sal) son perjudiciales para la tensión arterial.

Así lo afirma la pediatra Ana Martínez Rubio, del Centro de Salud de Camas (Sevilla), quien además relaciona estos alimentos con la costumbre de ‘picotear’ entre comidas. Un hábito que no responde a las señales que nuestro organismo envía para avisar de que ‘ya está bien: no es necesario comer más’.

¿Es normal que los dulces y golosinas estén tan presentes en la alimentación infantil?

Niños que meriendan bollos, abuelos que regalan caramelos a diario, padres que dan de postre pastel, natillas o galletas rellenas como una costumbre… A nadie le extraña este comportamiento, pero no nos paramos a pensar que en épocas de carestía podía ser normal regalar alimentos a los niños, y los dulces transmitían de alguna forma ‘cariño’, la situación ha cambiado.

‘¡Bah, total sólo es un caramelo!, deja que el niño se lo coma’. Sumemos la cantidad de chucherías que bajo argumentos similares llegan a comer los niños en una semana, ¿verdad que es excesivo?

Según el estudio Kidmed, el 99% de los niños españoles toman dulces y golosinas a diario. Incluso varias veces. Y casi nadie parece preocuparse por ello

Las golosinas son baratas y las encontramos en casi cualquier lugar (el súper, la gran superficie, la tienda de chuches, el bar, el quiosco de prensa…). Pero los padres tenemos criterio propio, independientemente de la disponibilidad de estos productos ¿verdad?, ¿qué tal si lo ejercemos?

Chuches Ilustración

Educando a los niños

Los niños deben aprender poco a poco que los deseos no se pueden satisfacer inmediatamente y así estarán mejor preparados para soportar las dificultades de la vida adulta

Afirma Ana que ‘cuando premiar con dulces pasa a ser una costumbre, tomarlos puede convertirse en adicción’. Por otra parte, ¿somos incapaces de enseñar a los niños que pueden tolerar un poquito de hambre? Choca mucho en un momento en que hay peques que no pueden alimentarse bien debido a la situación de sus familias, otros crean que deben estar masticando constantemente.

Cuando mis hijos dicen ‘me muero de hambre’, les contesto que ‘morirse de hambre’ es otra cosa, comen cinco veces al día… no es necesario más.

Recordemos que las chuches están en la zona roja de la pirámide nutricional, la frecuencia con las que las podemos tomar es ‘en raras ocasiones’ o nunca. Es mejor ‘no negar, no ofrecer’, pero si negamos, expliquemos nuestras razones, y prediquemos con el ejemplo.

Después de comer dulces hay que lavarse los dientes bien. Y cuando los peques deciden gastar su paga en estos productos, recordémosles que de esta forma no consiguen ‘bienes’ duraderos, quizás sería mejor ahorrar para cosas a las que les saquen más partido.

En definitiva, comer una piruleta en una ocasión especial es una cosa, dejar que los niños abusen de los dulces es exponerlos a riesgos para su salud.

Imágenes | Eden, Janine and Jim, Branden Vía | Familia y Salud En Peques y Más | Antes de ofrecer chucherías a un niño alérgico, comprueba bien la composición (y pregunta a sus padres), ¿Son saludables las golosinas que no provocan caries?

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