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A partir del próximo curso muchos estudiantes podrán llevar la comida de casa al comedor escolar

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A principios del siglo XIX un zapatero de Portsmouth (Reino Unido) fundó un colegio dirigido a niños procedentes de familias sin recursos económicos: en esa escuela también se les daba de comer. La Revolución Industrial estaba siendo la época de más cambios para la Humanidad desde el Neolítico, pero el asentamiento en ciudades, la adaptación a procesos de producción y jornadas laborales, asegurando al mismo tiempo el bienestar de las familias, no era fácil para muchos.

A partir de ese momento la alimentación colectiva fue implantándose progresivamente en todo el mundo, a fin de subsanar la desnutrición de los escolares. Pero mucho antes (finales del siglo XII) se iniciaba en Japón una tradición con nombre propio: Bentõ, que consistía en preparar‘comida saludable’ para llevar. A pesar de haber caído en desuso en algún momento del siglo pasado, durante la época de los 80 los japoneses volvieron a llevar sus tarteras (inicialmente de madera y hoy en día con presencia de plástico) a las oficinas y colegios.

En España ya hay familias que no pueden costear el comedor escolar, y aunque como en casa no se come en ningún sitio, la precariedad económica obliga a muchos padres a realizar trabajos que les ocupan parte de la jornada escolar de sus hijos. Según datos de la Federación de Entidades de Atención a la Infancia y Adolescencia de Cataluña, la malnutrición ya alcanza al 4,4 % de los niños. Y esta cifra es precisamente uno de los ejes del debate que se inició a principios de junio en esa comunidad autónoma, cuando el Gobierno manifestó a partir del próximo curso se aprobarían recomendaciones para el uso de fiambreras en los comedores escolares. Y es que el tema es más complejo de lo que parece porque los colegios deberían disponer de medidas para garantizar la seguridad alimentaria, y por otra parte se teme que muchos niños no lleven comida en condiciones.

Tras Cataluña, la Comunidad Valenciana también ha empezado a hablar de una medida que no ha gustado ni a las Federaciones de Asociaciones de Madres y Padres, ni a los directores de Primaria. Pero la reducción de becas de comedor y la situación de las familias ha sido el detonante para estudiar alternativas. La Consellería de Educación de esta comunidad habla de plantearse la iniciativa con rigor y seriedad, y de tener en cuenta los espacios / horarios del servicio, la necesidad de que todos los alumnos que coman en la escuela estén tutelados, así como la garantía de que la comida que se lleve llegue en buenas condiciones a sus bocas.

Problemas que se pueden presentar al llevar la comida de casa al colegio.

  • Integración, si los niños que llevan tartera al colegio son pocos y se sientan en la misma mesa que los otros, pueden sentirse desplazados. Colocarlos en mesas distintas es una discriminación.

  • Alergias, se debe tener en cuenta a los niños intolerantes o alérgicos, aunque no se elabore menú para ellos. Porque otros pueden llevar de casa ‘alimentos prohibidos’, y tener la tentación de compartirlos.

  • Lugar dónde se come, el hecho de llevar la comida de casa no significa que se pueda comer en cualquier sitio (esto se puede dar en Secundaria), especialmente si no es un lugar destinado a la alimentación. Se debe pensar en las posibles contaminaciones.

Es innegable que si las medidas se implantan, los colegios deberán disponer de neveras, micoondas, y una buena planificación que incluya el personal destinado a supervisar el calentamiento, educar a los alumnos grandes, tutelar a los pequeños, y actuar en caso de intoxicación

Recomendaciones de higiene para una mayor seguridad en la comida de fiambrera.

  • No perdamos de vista la importancia de mantener la cadena del frío en cada momento. Si se altera la seguridad y calidad de los alimentos, se incentiva la actividad de microorganismos.

  • Una vez cocinado el plato, se tendrá en cuenta no introducirla caliente en el recipiente, debiendo dejar que se enfríe a temperatura ambiente. Una vez fría se tapa y se lleva al frigorífico hasta la hora de salir hacia la escuela. En el colegio los envases se depositaran en la nevera con una etiqueta identificativa.

  • Los niños deben saber que las fiambreras se deben manipular con las manos limpias.

  • El ‘tupper’ cerrado herméticamente tiene bastante capacidad térmica, y es apto también para alimentos sensibles.

  • En la escuela se mantendrán los microondas y frigoríficos limpios (incluyendo las juntas). Se debe vigilar que los platos se calienten uniformemente.

La inexistencia de experiencias previas exige que el proceso se desarrolle con mucho cuidado, a fin de no dañar la salud de los alumnos. Además se deberían valorar las incidencias en la integración de niños que lleguen con su fiambrera a la mesa del comedor. Y por supuesto considerar que algunas familias no podrán poner una comida en condiciones en la tartera de los peques.

Acabamos de empezar una etapa en la que las becas de comedor se adjudicarán según criterios de renta, aunque se teme que familias necesitadas se quedaran fuera de las ayudas. Si hay un colectivo que también puede resultar afectado por una medida aún sin concretar es (sin duda) el de las empresas de hostelería que elaboran menús escolares. Pero claramente ahora es el momento de poner a los niños y sus derechos en el centro del debate.

Imagen | MJ/TR (´・ω・) En Peques y Más | Empeora la calidad dietética de los menús escolares, Informe de CEAPA sobre comedores escolares: recomendaciones a las familias, Martha Payne ha creado un blog para contar que los menús escolares de su escuela son escasos y de dudosa calidad

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