Las graduaciones de nuestros hijos marcan un fin de etapa y nos recuerdan lo rápido que crecen

Dicen que en la crianza de los hijos los días son largos y los años cortos, y desde luego no falta razón. Pero quizá sea especialmente en estos días de graduaciones escolares y cambios de etapa, cuando más cuenta nos damos de ello.

El curso pasado celebramos la graduación de mi hijo mayor. Una graduación que supuso el punto y final de la etapa de Primaria y el adiós al colegio en el que llevaba años estudiando. Pero sobre todo, y aunque me cueste un mundo reconocerlo, aquella graduación también marcó en cierto modo el fin de su infancia.

En estos días en los que estoy asistiendo a las graduaciones escolares de hijos de amigas, me gustaría compartir los sentimientos que estos eventos producen, tanto en los niños como en nosotros, los padres.

Una bofetada de realidad sobre lo efímera que es la infancia

Si tienes un hijo que este año celebra su graduación y cambio de etapa, seguro que no puedes creerte que el tiempo haya pasado tan deprisa.

Apuesto a que mientras te sonríe orgulloso con su birrete puesto, no puedes dejar de pensar en aquel primer día de colegio, cuando con tan solo tres añitos tu peque comenzó una nueva aventura de la mano de un completo desconocido, que con el tiempo ha pasado a ser una de las figuras más importantes en su corta vida.

El niño frágil, inmaduro y dubitativo de entonces se ha convertido en un niñito feliz, que transmite con la mirada el orgullo de los logros conseguidos a lo largo de su primera etapa escolar.

Y mientras tu hijo se muestra ansioso y emocionado con la idea de cambiar de etapa académica, tú solo puedes contener las lágrimas al comprobar lo rápido que ha pasado el tiempo.

Esa bofetada de realidad es aún mayor cuando en el evento de graduación de tu peque comienzan a proyectarse imágenes del antes y el ahora. En solo tres cursos académicos verás la evolución de tu hijo y de todos sus compañeros, y sonreirás entre lágrimas de nostalgia.

Niños y niñas que entraron al cole siendo apenas unos bebés, y que hoy celebran su paso a Primaria convertidos en personitas maduras e independientes con ganas de comerse el mundo y seguir aprendiendo.


Pero si este evento nos deja en shock a los padres, no puedo explicar con palabras lo que supone acompañar a los hijos en su adiós a la etapa de Primaria. En esta nueva graduación las lágrimas son las grandes protagonistas.

Lágrimas de los padres, de los hijos y también de los profesores, pues han sido muchos años de relación con sus alumnos, de cariño, de risas cómplices, regañinas y confidencias.

Lágrimas que esconden un profundo orgullo de madre/padre y también una nostalgia aún mayor que la que sentiste años atrás. Pero sobre todo, lágrimas de tristeza ante la inminente despedida y el cierre de una etapa que no volverá. Porque en ese preciso instante, te estarás dando cuenta de su infancia está dando los últimos coletazos.

Atrás quedan los madrugones, las carreras a contrarreloj por llegar a tiempo al cole, las "luchas" familiares por hacer los deberes o las extraescolares. Tu hijo termina Primaria, y aunque vendrán otras muchas situaciones similares, ya nada tendrá que ver con lo que habéis vivido durante este tiempo en el colegio.

Ahora, las palabras Educación Secundaria, instituto y adolescencia se proyectan en el horizonte con toda la carga emocional que estos conceptos implican.

Nuestros hijos están listos para adentrarse en una nueva etapa, no solo académica, sino también de vida. Y al igual que sucedió una década atrás, cuando comenzaron el cole por primera vez, nos seguirán necesitando a su lado, para cumplir sueños y continuar alcanzando metas.


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