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Cuanto más infeliz es un niño, más materialista es (y cuanto más materialista es, más infeliz)

Cuanto más infeliz es un niño, más materialista es (y cuanto más materialista es, más infeliz)
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Vivimos todos en una sociedad en la que hemos confundido el "tener" con el "ser", hasta el punto que parece ser superior aquel que tiene un mejor coche o una cuenta corriente con más ceros. Los niños, nuestros hijos, como es lógico, acaban por copiar nuestras conductas (incluso las erróneas) y acaban convirtiéndose en nosotros, en muchos aspectos.

Uno de los aspectos en que caen, tanto por nuestra culpa como por culpa de la industria, es en la creencia de que teniendo más cosas serán más felices. ¿Y quién busca de manera activa la felicidad? Pues las personas que no lo son, o los niños que no lo son. Un estudio realizado en los Países Bajos ha querido mostrar que los niños más infelices son más materialistas y, como la cosa puede ser aún peor, que los que son más materialistas acaban siendo más infelices.

Cómo hicieron el estudio

Investigadores de la Facultad de Investigación en Comunicaciones de la Universidad de Amsterdam cogieron una muestra de 466 niños y niñas de entre 8 y 11 años y les hicieron dos encuestas separadas por un intervalo de tiempo de un año. Les preguntaron acerca de sus bienes materiales, su satisfacción en la vida y sobre la publicidad.

Esto último lo hicieron porque querían ver cómo el marketing, cómo los anuncios, podían interferir en la salud emocional de los niños. Se dieron cuenta de que los niños relativamente infelices eran más materialistas que los niños más felices, y observaron que los niños que eran expuestos a los anuncios de televisión lo eran aún más.

La caja tonta, la caja que atonta

Es obvio, mirad la cara de felicidad que tienen los niños en los anuncios de televisión, cara que ponen aún cuando el juguete con el que juegan es un auténtico peñazo. Los niños les ven, ven sus caras de felicidad, ven cómo disfrutan, ven cómo juegan con objetos coloridos que se mueven al ritmo de una música pegadiza y enseguida desean ser como ellos y sentir las mismas emociones para ser igual de felices.

Teniendo en cuenta que los niños pueden llegar a ver entre 10.000 anuncios anuales (en Gran Bretaña en 2007) y 40.000 (en EE.UU. en 2001), lo lógico es que acaben pidiendo muchas de las cosas que ven.

Sin embargo, como sabéis, la felicidad que da algo material es efímera. Dura unos días, a veces unas horas y a veces ni siquiera dura, porque muchos niños abren el ansiado objeto y se dan cuenta de que en el anuncio parecía más chulo y más divertido.

Y sin embargo vuelven a picar, una y otra vez, quizás porque no les queda otra y quizás porque los padres tendemos a potenciarlo. Culpables, así nos sentimos por no pasar con nuestros hijos todo el tiempo que deberíamos y, ante eso, acabamos por ceder muchas veces e incluso por comprar cuando no nos lo piden. "Me siento tan culpable, es tanto el tiempo que debería haber pasado contigo que reflejo mi penitencia en el tamaño de tu regalo, o en el número de objetos". Así los niños acaban teniendo de todo en grandes cantidades y, sin embargo, siguen siendo infelices, porque siguen necesitando más. Siempre más.

Suzanna Opree, autora del estudio dijo lo siguiente al respecto:

Estudios anteriores entre adultos no solo indican que las personas con una menor satisfacción vital se hacen más materialistas, sino también que las personas más materialistas se vuelven menos satisfechos con sus vidas [...] Por tanto, aunque no hallamos ningún efecto a corto plazo (tras un año), es probable que el materialismo de los niños lleve a una menor satisfacción vital a una mayor edad.

Cuanto más materialistas, más infelices

Los autores comentaron, como veis, que a la vista de los resultados y viendo estudios realizados con personas adultas cuanto más materialista es un niño mayor es el riesgo de que en la edad adulta sea más infeliz. Un adulto que sigue preocupado por apaciguar sus malas sensaciones, por buscar cosas que le hagan sentir bien, un adulto que necesita premiarse continuamente con cosas, es una persona que difícilmente saldrá de esa espiral, porque en su escala de valores es importante conseguir cada vez más cosas.

Y las cosas, como hemos dicho más arriba, son nuevas y aportan una falsa sensación de felicidad precisamente cuando son novedad. En el momento en que deja de serlo, cuando ya han pasado unos días o semanas, aparecen nuevas necesidades y ganas renovadas que comprar más cosas, incluso para sustituir las que se compraron unas semanas atrás. Como todo esto conlleva un gasto de dinero bastante continuado y la imposibilidad muchas veces de poder comprar todo lo que uno desearía aparece la frustración. Una persona menos materialista, en cambio, no vive con tanta urgencia ni ansiedad la renovación de las cosas ni depende de ellas para sentirse mejor.

Como dice una sabia frase: "El mundo mejorará cuando la gente se preocupe más por el ser que por el tener".

Vía | Healthfinder, Estudio original en Pediatrics Foto | Foto & Pam en Flickr En Bebés y más | Los niños, el amor y el materialismo, La tele que no educa: 'Barbie Life in the Dreamhouse', ¿Tiempo de calidad o cantidad de tiempo?

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