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Los primeros días del bebé

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Los primeros días del bebé son el inicio de una serie de cambios muy importantes en la vida familiar. Marcarán el estilo de la relación que tendréis con el recién nacido, así que conviene reflexionar sobre cómo debemos comportarnos con él.

Lo más importante los primeros días es estar atentos a su comportamiento. El nacimiento es un suceso muy intenso en la vida del bebé, por lo que es una prioridad que nosotros nos adaptemos al niño y no al revés (todavía no tiene recursos para adaptarse a nosotros).

Esto va relacionado con las visitas de los primeros días y los compromisos sociales. No es justo que el bebé tenga que soportar los caprichos de los adultos. Yo aconsejaría que los tres primeros días, los del hospital, recomendemos que no nos vengan a ver. Es un periodo en el que la pareja necesita intimidad para ir consultandose las inseguridades que van surgiendo (esto va a cimentar la seguridad mútua) y no tiene sentido que desfilen por la habitación familiares y amigos. Además, normalmente se comparte la habitación en los hospitales públicos y sería una buena costumbre intentar respetar a la compañera de cama.

Una vez en casa, las visitas son inevitables (y deseadas) pero es conveniente poner algunos límites. Si quieren ver al niño y está dormido, que le admiren mientras sueña, pero que no se les ocurra despertarle. Quizá podría ser una buena idea tener una buena cantidad de fotos para enseñar a las visitas en caso de que el bebé esté dormido, la madre cansada o simplemente no les apetezca mucha vida social. Aquí el padre puede actuar de anfitrión y asumir estos compromisos.

Sobre todo en estos días hay que esforzarse en conocer al recién llegado, tratar de darle la mayor seguridad y confort y velar porque duerma y se alimente de la forma más satisfactoria. Hay muchos autores, sobre todo psicólogos especializados en la corriente psicoanalítica, que le dan una gran importancia a los primeros días y meses de vida del bebé y a la relación familiar que se establece para la construcción de la estructura emocional que después gobernará toda la vida del adulto. Aunque esto deba plantearse con medida (los bebés no son tan frágiles ni creo que arrastremos durante toda nuestra vida las experiencias de la infancia), es de sentido común pensar que un niño requiere calma.

Como conclusión, defiendo que en estos días debe de ser la tranquilidad la tónica general. Los padres disfrutamos de quince días de permiso que podemos invertir en cuidar al bebé y a la madre y pasar el mayor tiempo posible juntos, aprendiendo a conocer los gestos, ruidos y peculiaridades de nuestro hijo. Esta preparación inicial en la que afianzamos nuestro conocimiento en su forma de comunicarse corporal y facialmente y en la que empezamos a asumir nuestras responsabilidades, nos preparará más adelante para convertirnos en padres reflexivos y orgullosos de nuestra labor.

Foto | Flickr (Sprungli) En Bebés y más | Ser papá: los primeros días y las visitas

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