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Un baño feliz

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Estar aseado es fundamental para el bienestar del bebé. Además de cambiarlo cada vez que esté mojado el baño diario es un momento muy grato para ellos. Supone no solamente el procurarle higiene, sino también un momento lúdico y de contacto con sus padres.Para un baño feliz es necesario disponer de algunos objetos y tomar algunas precauciones indispensables.

Para bañar al bebé normalmente vamos a usar una pequeña bañera de plástico, un asiento cuando son más mayorcito, un termómetro para medir la temperatura y además una superficie para luego secarlo y vestirlo. Los objetos que vayamos a usar, además de tener todas las certificaciones de seguridad, merece la pena que valoremos su comodidad para el niño y también para nuestro uso, pues vamos a utilizarlos muchas veces en los próximos meses.

La bañera debe ser de plástico para poder limpiarla, aunque no es aconsejable usar productos abrasivos, por lo que lo mejor es lavarla y secarla después de cada baño. Las bañeras son de varios tipos, algunas llevan su propio soporte y otras se colocan en la bañera de los adultos, pero es fundamental que queden a una altura que nos permita bañar al niño sin tener que agacharnos.

Además de elegir una bañera con certificado de seguridad es prioritario tener unas medidas adicionales para velar por el niño. El agua siempre tendríamos que ponerla a una altura que no le cubra y verificar todas las veces su temperatura con un termómetro. No se debe tener cerca objetos enchufados y nunca, nunca, dejar al niño ni un segundo sin vigilacia aunque ya pueda sentarse,

Hay algunos complementos que mantienen al niño flotando en el agua, y si los usamos deberemos ser muy escrupulosos con su limpieza e igualmente no confiar en que podemos alejarnos del bebé aunque los usemos. Su utilidad no es de seguridad, sino para dejarnos más libertad de movimientos con las dos manos.

Los asientos podemos usarlos a partir de los seis meses, cuando el niño ya se mantiene sentado por si mismo, nunca antes. Aunque tampoco con esto nos podamos alejar ni un instante si que permite que el niño se mantenga sentado sin resbalarse y puede divertirse mejor con sus juguetes.

El termómetro es impresicindible. La temperatura del baño del bebé debería ser de 37 grados y permanecer igual todo el tiempo, sin dejar que se enfríe. No debemos confiar en que podemos controlar la temperatura correcta con la mano o el codo, por lo que usar el termómetro debe convertirse en una costumbre habitual.

Con estos sencillos pasos podemos asegurar un baño feliz para nuestro pequeño y seguro que nosotros también disfrutaremos de ese momento diario de complicidad y juego.

En Bebés y más | El baño: una experiencia sensorial y emocional

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