Criar a un bebé provoca cambios en el cerebro del cuidador, con independencia de la relación biológica que tengan

Según datos de una investigación llevada a cabo por la Universidad de Denver (EE.UU), las personas que cuidan de un bebé -tengan o no con él una conexión biológica- experimentan modificaciones en su cerebro similares al estallido cerebral que presenta el bebé en sus primeros años de vida.

El trabajo, que lleva por nombre 'Two Open Windows': Part II, pone de manifiesto la importancia de proteger los primeros meses de crianza, tanto desde el punto de vista del bebé como del cuidador, pues se trata de un momento especialmente sensible y vulnerable para ambas partes, y que requiere del máximo apoyo, sobre todo en el caso de familias con necesidades especiales o entornos complejos.

Los importantes cambios que se producen en el cerebro de bebés y cuidadores

El cerebro del bebé comienza a desarrollarse en épocas tempranas de la gestación, pero continua desarrollándose tras el nacimiento a una velocidad asombrosa, llegando a formar hasta mil conexiones nuevas por segundo en los primeros tres años de vida.

Estas conexiones conformarán la base del futuro del niño hasta tal punto que si crece en un entorno de estrés excesivo y prolongado, se producirán efectos dañinos en su aprendizaje, comportamiento y salud que arrastrará a lo largo de toda su vida. Por eso, la nutrición, la salud, la protección y el cuidado en esta etapa constituyen los nutrientes esenciales que el cerebro necesita para desarrollarse correctamente.

Además, los expertos no paran de recalcar la importancia que tiene el vínculo entre el bebé y sus padres (o sus cuidadores de referencia ), pues la forma en que los niños son criados o atendidos en los primeros años también influye en su funcionamiento cerebral durante el resto de su vida.

Pero también la neurociencia se ha encargado de investigar cómo cambia el cerebro de las madres y los padres que se ocupan de sus bebés. Así, en el caso de la mujer su cerebro comienza a cambiar durante el embarazo, aumentando su capacidad empática para ser más capaces de conectar con su hijo y entender sus necesidades.

Los padres tampoco escapan a la influencia que la oxitocina ocasiona en ciertas regiones de su cerebro. De esta forma, la ciencia ha demostrado que cuando un padre se implica en la crianza de los hijos cambia la actividad en el surco temporal superior de su cerebro, ayudando incluso a prevenir la depresión postparto.

Así pues, basándose en todos los hallazgos realizados en este campo hasta el momento, la primera parte del estudio 'Two Open Windows' publicada en 2015, ya ponía el foco en la importancia cuidar esos primeros meses de crianza, tanto por el bien del bebé, como de la propia madre o padre.

En este sentido, la investigación hablaba de un periodo sensible caracterizado por la presencia de "dos ventanas de oportunidad" que simbolizan los cerebros del bebé y de la madre/ padre; ambos especialmente receptivos a ser moldeados por las circunstancias del entorno.

Recientemente, la segunda parte de este estudio ha determinado que estos cambios cerebrales no solo ocurren en las madres y padres biológicos, sino también en cualquier cuidador involucrado en la crianza de un niño, con independencia de su sexo y de si existe, o no, relación biológica con el bebé.

La importancia de brindar apoyo a los cuidadores en sus primeros años de crianza

Partiendo de esta premisa, los investigadores consideran que se debería brindar apoyo a todas las personas que cuidan y crían a un bebé, adaptando a todo tipo de perfiles los programas diseñados tradicionalmente para atender las necesidades emocionales de las recientes mamás.

En este sentido, creen importante que los cuidadores encuentren apoyo para reducir los niveles de estés a la hora de relacionarse con el niño (especialmente si hablamos de 'estrés tóxico', que es aquel que surge cuando la persona debe enfrentarse a situaciones difíciles que pueden llegar a desbordarle, como podría ocurrir durante la crianza en estos momentos de pandemia), y aprendan a criar de una manera respetuosa y consciente, siendo también capaces de adaptarse a los cambios que depara la vida.

"Es necesario crear políticas sólidas e inclusivas, así como apoyos a las madres, padres, abuelos, padres adoptivos o cualquier otro cuidador no biológico" - recalcan los investigadores que han liderado este estudio.

"Los padres, las tías y los abuelos experimentan los mismos cambios cerebrales cuando se involucran en la crianza de un bebé, pero a menudo cuentan con menos apoyo"

Brindar al cuidador de un bebé el apoyo emocional necesario para su crianza no solo repercutiría positivamente en él y en su relación con el menor, sino también en la vida del propio niño y en su éxito futuro, pues como ya hemos mencionado, crecer en un ambiente respetuoso, amoroso y libre de estrés repercute de forma positiva en el desarrollo cerebral.

Fotos | iStock

Vía | Islander News

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