Mi pequeño adolescente de tres años: como afrontar esta etapa en el desarrollo de tu hijo

Todos hemos escuchado alguna vez etiquetas asociadas a las diferentes etapas por las que pasan los niños a medida que van creciendo, aunque quizá "los terribles dos años" o "la edad del pavo" al entrar en la adolescencia, sean las más conocidas.

Partiendo de la base de que siempre he mostrado mi total desacuerdo con la idea de estigmatizar y/o etiquetar las edades o etapas evolutivas por las que pasan los niños, es normal creer en algún momento que ciertos comportamientos de nuestros hijos parecen más propios de otras edades que de la fase que están atravesando, y sintamos la necesidad de etiquetarlos para comprenderlos mejor.

Tal es el caso de los tres, cuatro o incluso cinco años, edades en las que muchos niños hacen gala de una especial rebeldía e independencia que lleva a los padres a compararlos con pequeños adolescentes. Si es tu caso y quieres entender por qué tu hijo se comporta como lo hace, te lo contamos y te damos las claves para afrontar este momento con empatía y respeto.

"¡Tengo un pequeño adolescente en casa!"

A partir de los tres años, los niños entran en una nueva fase de su desarrollo que distará mucho de lo que hemos vivido con él hasta ese momento. Nuestro hijo comienza el colegio y se enfrentará a nuevos retos en su vida que le harán crecer en autonomía e independencia.

Atrás queda el gran hito que ha supuesto para él la conquista del movimiento, el control de esfínteres y la adquisición de un lenguaje cada vez más desarrollado. Es probable que tras una etapa complicada a causa de las rabietas, encuentres que su carácter ha cambiado y sientas que todo empieza a fluir.

Pero de pronto, comienzas a percibir ciertos cambios en su forma de actuar que te confunden y frustran, e incluso llegas a pensar que los dos años no han sido en realidad tan difíciles como esta nueva etapa que se avecina.

"¿Qué está ocurriendo?", puede que te preguntes un tanto confundido. "¡Parecía que todo empezaba a fluir y ahora sus comportamientos son más propios de un chico adolescente que de un niño pequeño!", piensas con impotencia. Y es que la adolescencia siempre se ha caracterizado por ser una etapa de rebeldía, independencia y toma de decisiones; aspectos que en cierto modo encuentras reflejados en tu hijo de tres, cuatro o cinco años.

Pero al igual que sucede con la adolescencia, el error está en ver los cambios que está experimentando tu hijo como algo negativo, cuando ocurre justamente lo contrario: estos cambios son normales y positivos, forman parte de su sana evolución para construir su propia personalidad y le servirán para aprender a relacionarse con el mundo en el que vive.

¿Cómo entender y ayudar a tu hijo en esta nueva etapa?

Independencia y toma de decisiones

A los tres años el niño comienza a ser más consciente de su propia individualidad y a medida que vaya creciendo querrá hacer notar con más fuerza sus opiniones, gustos y deseos, pues ya entiende que es una persona completamente independiente a sus padres y como tal quiere manifestarlo.

Comenzarás a percibir que tu hijo rechaza tu ayuda y que quiere hacerlo todo solo. Además, cuando intentas echarle una mano te recibe con furia e indignación, e incluso es capaz de quitarse la ropa que le has puesto para elegir la suya propia. También quiere decidir sobre su pelo y su peinado, sus zapatillas o la mochila que le has comprado para el colegio.

Expresiones como "¡esto no me gusta!", "tú no, ¡fuera!" o "¡yo se hacerlo solo!" comienzan a hacerse un hueco importante en su vocabulario, y seguro que hay momentos en los que sientes que hagas lo que hagas, no terminas de acertar.

  • ¿Cómo debemos actuar los padres?

Nosotros podemos ayudarle dejándole espacio para actuar, fomentando su autonomía y capacidad de elección ante decisiones cotidianas (por ejemplo, permitiendo que elijan su ropa) y acompañándolo desde el respeto.

Obviamente, habrá muchas cosas que debido a su edad y sus capacidades no pueda conseguir, pero nunca debemos lastrar sus intentos, hacer las cosas por él/ella o sermonearle con frases lapidarias como "¿ves? te dije que eres muy pequeño todavía para intentar hacerlo solo".

Si creemos en nuestro hijo y fortalecemos su confianza y autoestima, le dotamos de herramientas que le permitan crecer en autonomía y le prestamos nuestra ayuda respetuosa cuando lo necesite, crecerá como persona y desarrollará las habilidades fundamentales para desenvolverse en la vida.

Desafiando los límites

Nuestro hijo está atravesando una etapa en la que comienza a cuestionarse muchas cosas; tanto es así, que hasta la entrada en la adolescencia no volverá a vivir un momento de semejante ebullición mental. Todo querrá saberlo, descubrirlo y cuestionarlo, y es probable que no admita ciertas normas o límites si no están debidamente argumentadas.

Sus ansias por saber pueden llevarle no solo a cuestionar las normas, sino a preguntarse qué es lo que ocurriría si las quebrantara, e incluso llegar a hacerlo.

El adulto tendrá la sensación de que el niño le está retando, desafiando o ignorando, pero su comportamiento no es intencional ni lleva implícita una carga de 'maldad', por lo que es importante que entendamos que lo que está ocurriendo forma parte de su desarrollo normal y deseado, y debemos saber manejarlo con respeto.

  • ¿Cómo debemos actuar los padres?

Sin embargo, esto no significa que debamos permitir que el niño haga todo lo que quiera, saltándose las normas y los límites, pues un niño que crece sin ellos no es feliz.

Pero es posible establecer límites en los niños desde el respeto y la amabilidad, enfocando esta tarea como una maravillosa forma de enseñarles cómo convivir con las personas que les rodean y cómo actuar para ser respetuosos con los demás y consigo mismos.

Obviamente, cuando los niños son muy pequeños y no tienen todavía la capacidad de razonar y verbalizar, los límites debemos ponerlos los adultos. Pero a medida que el niño crece, es necesario hacerle partícipe de esos límites, pues entendiendo el por qué de las cosas le será más sencillo acatar las normas.

Montaña rusa de emociones

Muchos padres definen a sus hijos en esta etapa como "una montaña rusa de emociones", y se quejan de que tan pronto ríen y estallan de felicidad, como hacen un drama por algo que, aparentemente para nosotros, no tiene ninguna importancia.

Es normal y lógico que este comportamiento cambiante nos aturda y confunda en determinados momentos. Y es que, por lo general, tendemos a ver al niño de entre tres y cinco años como una personita que ya debería ser capaz de razonar, autocontrolarse y dialogar. Pero nada más lejos de la realidad.

  • ¿Cómo debemos actuar los padres?

Puede que nuestro hijo ya no sea un bebé, pero necesita toda nuestra ayuda para entender sus emociones, transitar por ellas y gestionarlas de forma saludable. Además, el hecho de que parezca que empieza a dominar el lenguaje no significa que ya sepa expresarnos en cada momento lo que siente, pues todavía carece de las habilidades lingüísticas necesarias para hablar de un tema tan complejo como el de las emociones (algo que incluso cuesta a muchos adultos, ¿cómo no va a resultarle difícil a un niño?).

Para poder ayudar a nuestro hijo a gestionar sus emociones es fundamental acompañarle desde el amor, el respeto y la empatía, intentando averiguar la causa que ha provocado su estallido o su enfado, y no juzgando únicamente el comportamiento que vemos. Una vez que sepamos lo que ha ocurrido, ayudaremos a nuestro hijo a reparar el error y a aprender de lo ocurrido.

En definitiva, aunque la etapa de bebé haya quedado atrás, nuestro hijo en edad preescolar nos sigue necesitando de la misma forma que siempre, aunque en ocasiones nos rechace haciendo haga gala de una mayor independencia y autonomía. Pero nosotros somos su refugio seguro y el acompañamiento respetuoso es clave para poder seguir aprendiendo.

Fotos | iStock

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