Los cinco pilares de la inteligencia emocional para aplicar en la crianza de los hijos

Se habla mucho, y cada vez más, de inteligencia emocional (IE). Pero, ¿sabemos realmente lo que es? ¿La ponemos en práctica durante la crianza de nuestros hijos?

En este artículo explicamos qué es exactamente la inteligencia emocional, qué cinco pilares la configuran y cómo podemos aplicar cada uno de ellos en la educación de nuestros hijos.

Y también, hablamos sobre por qué les beneficia a los niños un estilo de crianza basado en este conjunto de habilidades, lo que hace posible que se desarrollen como niños sanos a nivel emocional.

¿Qué es la inteligencia emocional?

El concepto de inteligencia emocional aparece por primera vez en la literatura psicológica en el año 1990, en un escrito de Peter Salovey y John Mayer, psicólogos americanos.

Pero el término se consolida y populariza gracias al también psicólogo (y periodista) americano Daniel Goleman, quien publica en 1995 un libro que lleva el mismo nombre (Inteligencia Emocional).

Los cinco pilares de la inteligencia emocional

Goleman describe la IE como una amplia gama de competencias y habilidades que nos permiten gestionar nuestras propias emociones, empatizar con los demás, entusiasmarnos y comprometernos con las cosas y, en definitiva, gestionar las emociones de forma adecuada.

Basa su teoría de la IE en 5 pilares (o cinco grandes áreas), que conoceremos a lo largo del artículo:

  • Autoconocimiento emocional (conocimiento de uno mismo).
  • Empatía.
  • Autorregulación emocional (autocontrol emocional).
  • Automotivación (capacidad de entusiasmarnos).
  • Habilidades sociales (relaciones interpersonales).

¿Cómo educar con inteligencia emocional?

Pero, a nivel práctico, ¿cómo podemos criar a nuestros hijos desde la inteligencia emocional, para que crezcan sanos emocionalmente? A través de estos cinco pilares que ya enunció Goleman, y que iremos desarrollando.

Explicaremos cómo ponerlos en práctica y por qué resulta beneficioso hacerlo en la educación de nuestros hijos.

1. Potencia tu autoconocimiento emocional

Como hemos visto, uno de los pilares de la inteligencia emocional es el autoconocimiento emocional, aquel conocimiento que tenemos de nuestros propios sentimientos y emociones, y de cómo estos nos influyen.

Si somos capaces de reconocer la forma en la que nuestro estado anímico afecta a nuestro comportamiento, y de reconocer nuestras fortalezas y nuestros puntos débiles, estaremos más cerca de educar a través de la inteligencia emocional.

Este pilar de la inteligencia emocional, al ayudarnos a identificar nuestras propias emociones, nos permite tomar decisiones en un estado psicológico equilibrado, lo que favorece un estilo de crianza positivo.

Pero, ¿cómo potenciamos nuestro autoconocimiento emocional? Encontramos varias formas de hacerlo: escuchando nuestras emociones, observándolas, relativizándolas, validándolas... Escribiendo aquello que sentimos, encontrando momentos para parar, meditar, reflexionar, dándonos permiso para sentir y expresar, etc.

2. Pon en práctica la empatía

Otro de los pilares de la IE es la empatía, aquella habilidad para reconocer y entender las emociones ajenas. Esta habilidad nos ayudará a interpretar adecuadamente las señales de nuestros hijos cuando estén tristes o enfadados, por ejemplo, lo que nos ayudará a proporcionarles el soporte o la atención que necesitan en cada momento.

Además, la empatía nos ayudará a establecer un vínculo estrecho y de calidad con los hijos, ya que a través de la misma ellos pueden sentirse más comprendidos y acompañados.

¿Cómo la ponemos en práctica? Por ejemplo, cuando escuchemos a nuestro hijo, intentando desprendernos de nuestras creencias y juicios, escuchando desde el corazón, activamente, intentando ponernos en su piel.

3. Desarrolla la autorregulación y educa desde ahí

La autorregulación emocional, también conocida como autocontrol emocional, es otro pilar de la IE. Nos ayuda a reflexionar sobre nuestros sentimientos, a gestionarlos y a dominarlos cuando la situación lo requiera o cuando nosotros lo deseemos.

Esta capacidad, además, nos permite no dejarnos llevar por las emociones cuando estamos "en caliente"; así, gracias a ella podemos gestionar mejor la impulsividad, por ejemplo, y tomar decisiones más conscientes (igual que el autoconocimiento emocional).

Criar desde la autorregulación emocional es criar transfiriendo un mensaje a nuestros hijos, que es el siguiente: es importante ser conscientes de las propias emociones para regular su expresión y adaptarla a cada contexto.

Además, no olvidemos que somos modelos de nuestros hijos, y que pueden aprender de nosotros a través de nuestro comportamiento, imitándolo (y ofreciéndoles las herramientas que necesitan a cada momento).

4. Motívate y enseña a tu hijo a automotivarse

Otro de los pilares fundamentales de la inteligencia emocional es la automotivación, o la capacidad de motivarse a uno mismo. Esta habilidad nos impulsa a seguir mejorando, pese a las adversidades, y nos ayuda a aprovechar las oportunidades de la vida y a comprometernos con aquello que deseamos conseguir.

¿Cómo poner en práctica la automotivación? Enfocando nuestras emociones hacia nuestros objetivos y metas. Y una vez hecho esto, focalizando nuestra atención a estas metas, y no tanto en los obstáculos.

Pero, ¿por qué es importante automotivarnos y motivar a nuestros hijos, durante la crianza? ¿Cómo puede esto ayudarles a ser felices? Es importante porque a través de ello, les estamos enseñando la importancia de motivarse y de ilusionarse con las cosas; y es que la motivación es el motor de la acción, de la vida.

Además, también les estamos enseñando así a ser proactivos, a tener iniciativa y a comprometerse con las cosas.

5. Prioriza las habilidades sociales

Finalmente, el quinto pilar de la inteligencia emocional son las habilidades sociales, necesarias para vincularnos de forma saludable a través de nuestras relaciones interpersonales.

Por ello, educar a través de la inteligencia emocional es educar priorizando las habilidades sociales, como una parte importante del desarrollo de nuestros hijos.

Como decíamos, estas habilidades les permitirán vincularse con los demás, hacer amigos, ser ellos mismos, nutrirse de las relaciones sociales...

Pero, ¿cómo podemos hacerlo? Por un lado, y como en los puntos anteriores, siendo modelos de nuestros hijos; enseñándoles así, de forma indirecta, cuáles son las normas de comportamiento, las normas sociales para vivir en sociedad...

Eso sí, sin dejar de potenciar que sean ellos mismos y que encuentren su propio camino a la hora de vincularse.

Y por el otro, mostrándoles las habilidades que pueden poner en práctica cuando se relacionan con los demás: por ejemplo, cómo saludar, cómo iniciar conversaciones, cómo disculparse, cómo hacer y recibir elogios, etc.


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