Cinco cosas que hay que saber antes de publicar fotos o vídeos de niños en redes sociales

Este gesto que nos parece tan inocente puede tener consecuencias que no imaginamos

Lucy Ortega

Colaboradora

Hoy en día es de lo más habitual sacar el móvil, hacer una fotografía de un momento tierno, gracioso, importante o especial, y posteriormente compartirlo en redes sociales.

Sin embargo, especialmente cuando se trata de bebés y niños, este gesto que puede parecernos tan inocente puede tener consecuencias que no imaginamos. Te compartimos las cosas que debes saber antes de publicar fotos o vídeos de tus hijos en redes sociales.

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Una huella digital que anula la privacidad

Cada foto o vídeo que publicamos de nuestros hijos en Internet contribuye a ir creando la huella digital del niño, incluso aunque estos no tengan redes sociales. Se calcula que el 81% de los bebés menores de seis meses están en redes sociales, por supuesto sin saber siquiera que estas existen o en qué consisten.

Esta sobreexposición, porque hay que llamar a las cosas por lo que son, incluso tiene un término en inglés: sharenting, del que ya hemos hablado en otras ocasiones y que incluso algunos países están buscando prohibir.

Cada foto o vídeo que publicamos de nuestros hijos va creando su identidad en Internet, y al llegar a la vida adulta tendrán publicado un catálogo de imágenes que cuenten toda su vida. ¿Nos sentiríamos cómodos si alguien hubiera hecho lo mismo con nosotros?

Nada es realmente privado

Muchos padres sienten tranquilidad de compartir fotos de sus hijos pues solo lo hacen con sus contactos, entre los que suelen mantenerse únicamente amigos y familiares. Sin embargo, todo lo que publicamos en Internet fácilmente puede ser tomado por cualquier otra persona sin permiso y hacer lo que quiera con ello.

Por eso, aunque las configuraciones de privacidad pueden ser de gran ayuda, la realidad es que estos filtros no son perfectos ni infalibles (pueden hackearnos la cuenta, alguien de confianza puede tomar la imagen y compartirla en su cuenta de manera pública...), por lo que es importante ser conscientes de que una vez que estén publicados, imágenes y vídeos ya no están del todo bajo nuestro control.

Existen riesgos invisibles que muchos ignoramos

Foto | Daisy Anderson en Pexels

En diversas ocasiones hemos advertido sobre la importancia de no revelar datos personales de los niños en fotos y vídeos, especialmente al publicar fotografías de momentos importantes como el primer día de clases o si nuestro hijo recibe algún premio o reconocimiento.

Siempre mencionamos, por ejemplo, que debemos evitar mostrar el uniforme o el nombre del cole, así como evitar publicar los nombres y edades de los niños. Pero esto no es suficiente.

Todos los archivos digitales, incluyendo las fotos que hacemos con el móvil, contienen metadatos. En el caso de las fotografías, estos metadatos incluyen información técnica sobre la calidad de la imagen, pero también información que puede afectar la privacidad, como la fecha o la geolocalización. Si estos datos no son eliminados antes de compatir los archivos -algo que pocos se toman la molestia de hacer- cualquier persona puede saber nuestra ubicación exacta... y la de nuestra casa o el cole de nuestros hijos.

Por otro lado, las empresas en las que publicamos y compartimos nuestras imágenes y vídeos pueden utilizar estos archivos para crear bases de datos o entrenar sistemas de reconocimiento facial, haciendo que los rostros nuestros y de nuestros hijos queden indexados en bases de datos a las que no tenemos acceso ni control.

Considera las consecuencias a largo plazo

Lo que para nosotros puede ser una acción que nace del amor o del orgullo que sentimos por nuestros hijos, para ellos puede no ser así. Muchos niños al crecer se sienten avergonzados al descubrir todo lo que han publicado sus padres sin su permiso, afectando su autoestima o incluso sintiéndose traicionados por ellos. 

Por otro lado, esa huella digital que estamos creando puede influir en su futuro, desde su reputación en la adolescencia hasta su vida profesional y sus futuras relaciones. Esa foto en pañales que a nosotros nos parece tan tierna, dentro de algunos años puede volverse un arma para hacer ciberbullying a nuestro hijo o incluso afectar algún aspecto profesional o de trabajo al volverse adultos.

Los depredadores no descansan

Una de las razones más poderosas para pensarnos las cosas dos veces antes de compartir cualquier imagen de nuestros hijos es que los depredadores sexuales no descansan y están ahí, detrás de la pantalla y bajo nombres y perfiles falsos.

Por un lado, compartir imágenes y vídeos, especialmente aquellos en los que compartamos la rutina de los niños, como las idas al parque o actividades escolares, puede darles información suficiente que ellos podrán utilizar para acercarse a nuestros hijos y ganarse su confianza, tanto en persona como de manera digital si es que tienen redes sociales.

Por otro lado, y relacionado con lo que comentábamos sobre la privacidad, las imágenes de los niños pueden terminar en sitios inadecuados, como el caso que conocimos hace algunos años de la madre que encontró imágenes de su bebé en un sitio pedófilo. Con los avances en inteligencia artificial, incluso fotos inocentes de nuestros hijos pueden ser manipuladas o sacadas de contexto.

Finalmente y como ya lo mencionamos alguna vez: si el mismo Mark Zuckerberg censura la cara de sus hijas antes de publicar una fotografía con ellas en su cuenta de Instagram, nos queda claro que la privacidad de nuestros hijos no está a salvo en redes sociales.

Foto de portada | Ketut Subiyanto en Pexels

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