El poder del olor de la madre en los bebés es extraordinario

El olfato es el sentido más desarrollado en el bebé en el momento de nacer, muy superior al que tenemos de adultos, hasta tal punto que le permite alimentarse por sí mismo buscando el pecho de la madre. Si se coloca al bebé sobre el abdomen de la madre en contacto piel con piel, el bebé reptará instintivamente hasta su pecho. El recién nacido se arrastrará guiado por el olor, hasta alcanzar el pezón y empezar a succionar.

Esto demuestra que el poder del olor de la madre en los bebés es extraordinario, y no sólo en estos primeros momentos de vida, sino que ese vínculo olfativo madre-hijo perdura en el tiempo con gran influencia.

El olor de una madre

Sentir la cercanía de la madre, el olor y el calor que le proporciona su contacto le aporta seguridad al bebé. El olor materno produce una impronta única e irrepetible en el cerebro del bebé aún inmaduro y produce un efecto tranquilizador, ayudándole a calmarse ante cualquier situación desfavorable.

Y encontraron que es algo que aprenden antes de nacer. Durante el embarazo, el bebé está expuesto al olor y sabor del líquido amniótico en el vientre de su madre, generando una impronta en su cerebro.

Esto se traduce en un instinto de supervivencia que une al bebé con su madre, pero no solo hablamos del olor a leche materna que le guía hacia el pecho para alimentarse, sino también de seguridad, calidez y amor.

La agudeza del olfato materno

Pero no solo el bebé tiene un extraordinario poder para reconocer a su madre a través del olor. La agudeza del olfato materno también es espectacular haciendo que ese reconocimiento madre-hijo sea recíproco.

Algunos estudios realizados han demostrado que, después de pasar una madre sus primeros diez minutos con el bebé, es capaz de poder distinguir a su hijo de entre varios sólo por el olor. Los experimentos dieron como resultado un 90 por ciento de éxito.

El olor de una madre, incluso cuando está ausente

El olor de una madre tiene tal poder sobre su cría que influye en ella incluso cuando no está presente. Los olores son las únicas señales sensoriales que pueden representar a la madre en su ausencia.

Investigadores israelíes hicieron un experimento con 62 madres a las que se les pidió que usaran camisetas de algodón durante dos noches consecutivas y que evitaran usar desodorantes u otros productos perfumados, para que su olor natural se contagiara a la ropa.

Luego, se les presentó a sus bebés, de aproximadamente siete meses, una mujer desconocida. Cuando los bebés tenían la camiseta de su madre debajo de la nariz, eran más propensos a sonreír, reír y mirar al extraño que si estuvieran oliendo una camiseta idéntica sin usar.

Las ondas cerebrales de los bebés tenían más probabilidades de sincronizarse con las del extraño cuando podían oler la camiseta de su madre.

Esto demuestra el gran poder que tiene el olor materno sobre su bebé, incluso cuando está la madre ausente, ayudando a los bebés a tranquilizarse y sentirse seguros.

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