Niños muy autoexigentes: ¿cómo acompañarles?

Ser autoexigente tiene aspectos positivos y negativos; así, puede estimular a los niños a querer mejorar y a hacer bien las cosas. Pero, por contra, puede generar una presión que no siempre es fácil de gestionar.

¿Tienes la sensación de que tu hijo es muy autoexigente? ¿O de que es muy duro consigo mismo, y si no le salen las cosas a la "perfección", le cuesta asumirlo?

En estos casos, será importante dar un nuevo enfoque a los errores, transmitiendo el mensaje de que los errores pueden ayudarnos mucho a aprender, y que no pasa absolutamente nada si nos equivocamos.

¡Siguen teniendo la oportunidad de volverlo a intentar! Pero, ¿de qué otras formas podemos acompañar a los niños con una excesiva autoexigencia? ¿Qué consecuencias tiene ser muy autoexigente? Te lo contamos.

«No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla».
-Thomas Alva Edison-

Niños muy autoexigentes: ¿cómo son?

La RAE define la exigencia como "pretensión caprichosa o desmedida". Y es que la autoexigencia implica esperar mucho de nosotros mismos, buscar la perfección en muchas ocasiones, "darlo todo".

Y no es que ser autoexigente esté mal o esté bien, sino que esta autoexigencia, cuando es desmedida, tiene consecuencias emocionales importantes, así como para la autoestima del niño.

Los niños muy autoexigentes intentan hacer siempre las cosas bien. Pueden ser muy duros consigo mismos cuando se equivocan, porque entienden el error como un fracaso. Trabajan duro, se esfuerzan y perseveran, y quieren llegar a un "estándar" o a un mínimo que les satisfaga (ya sea en los estudios, con sus amigos, con su familia...).

A veces pueden ser también muy rígidos; es decir, les puede costar tolerar los cambios, o permitirse hacer las cosas de una manera diferente (también con los demás).

Por ello es importante trabajar la flexibilidad mental con ellos. Pero, ¿qué consecuencias puede tener esta autoexigencia excesiva, a nivel psicológico?

Consecuencias de la búsqueda constante de la perfección

Aunque la autoexigencia puede servir como motor de cambio, como motivación para mejorar, para dar lo mejor de nosotros, etc., lo cierto es que, cuando sobrepasa cierto umbral, esta puede perjudicar más que beneficiar.

Y es que, una cosa es ser autoexigentes, deseando hacer las cosas bien, y la otra, machacarnos cuando las cosas no salen a la "perfección".

En esa fina línea entre la autoexigencia "sana" (como motor de cambio y mejora) y la autoexigencia dañina, debemos detenernos y entender qué consecuencias puede tener la autoexigencia en los niños cuando esta es excesiva. En este sentido, esta puede generar:

  • Sentimientos de frustración.
  • La sensación de "no ser suficiente".
  • Baja autoestima.
  • Diálogo interno negativo (que el niño se diga a sí mismo cosas negativas).
  • Autocastigo.

¿Cómo gestionar esa autoexigencia con ellos?

Indagar en sus causas

Es importante que podamos ir desgranando qué se esconde tras esa autoexigencia, para poder ayudar a nuestros hijos a gestionarla. A veces nace fruto de la educación recibida, de las expectativas que los adultos, especialmente los padres, han depositado en ellos.

Otras veces nace del hecho de haber practicado (o de practicar) un deporte en un ambiente competitivo importante. Pero hay más causas; la propia personalidad, el deseo de gustar a los demás y de ser aceptado...

Indagar en sus motivos puede ayudarnos a comprender mejor a nuestro hijo y a ofrecerle las herramientas que necesita para gestionar esa autoexigencia.

Diferenciar lo que pueden controlar y lo que no

Los niños muy autoexigentes muchas veces tienden a querer controlarlo todo, y esto incluye también aquellas cosas que no pueden controlar. Y ahí es donde nace la frustración o el malestar.

Por ello es importante que eduquemos a nuestros hijos para que aprendan a diferenciar qué está bajo su control y qué no, es decir, qué depende de ellos y qué no.

Esto podemos hacerlo a través de una hoja, por ejemplo, dibujando un círculo y dividiéndolo en dos:

  • En una zona, escribiremos o dibujaremos las cosas que sí podemos controlar (por ejemplo: ser puntual, hacer los deberes, ir a los entrenamientos...).
  • En la otra parte del círculo, haremos lo mismo con las cosas que no podemos controlar (por ejemplo: que a los demás no les guste algo que hemos hecho, tener un mal día, que nos hagan un reproche, defraudar las expectativas del papá o la mamá, etc.).

Esta es una forma de empezar a rebajar esa autoexigencia en los niños que, muchas veces, se acentúa o se crea por el deseo o la falsa creencia de poder controlarlo todo.

En este sentido, debemos transmitirle el mensaje de que no todo depende de ellos, y que no pasa nada; por ello es mejor invertir la energía en lo que sí depende de ellos o en lo que sí pueden cambiar.

Utilizar el refuerzo positivo

El refuerzo positivo es una estrategia muy útil para que los niños se sientan validados, queridos y reconocidos. Un refuerzo positivo puede ser un halago, un beso, unas palabras de ánimo, una caricia, un tiempo de juego, un pequeño regalo...

Cuando reforzamos a los niños, les estamos dando amor y diciendo que son perfectos como son, que no necesitan llegar a ningún "estándar" (un estándar que, en muchos casos, son ellos mismos los que se lo marcan).

Es una forma de reducir esa autoexigencia y de trasladarles el mensaje de que lo están haciendo genial, que no necesitan "demostrarnos" que valen, porque valen solo por el mero hecho de existir, de ser ellos mismos.

Eso sí, también es importante saber cómo y cuándo aplicar el refuerzo positivo, para no caer en que el niño haga las cosas solo esperando ese "premio" (especialmente cuando hablamos de regalos).

Fomentar la flexibilidad mental

Como ya decíamos en la introducción, fomentar la flexibilidad mental en los niños muy autoexigentes también puede ser clave. ¿Por qué?

Porque la flexibilidad mental implica abrir la mirada, considerar nuevas perspectivas, crear una tolerancia cada vez mayor al cambio, al error, a lo inesperado.

Y todo esto, cuesta en los niños muy autoexigentes, que también suelen ser muy rígidos (para ellos, la "perfección" es "X" cosa).

¿Cómo fomentar la flexibilidad mental? Algunas ideas que pueden ayudarnos, y que explicamos con más detalle en este artículo, son:

  • Animarles a salir de la zona de confort.
  • Que puedan ponerse a prueba ante situaciones nuevas, retos... (una actividad divertida que les puede ir bien es un escape room).
  • Hacer el ejercicio del objeto: escoger un objeto y que digan usos diferentes al habitual. Por ejemplo: "¿para qué puede servir una mesa más allá de para comer o estudiar?"
  • Cambiar las cosas de sitio en casa de vez en cuando (que se acostumbren a los cambios).
  • Buscad juntos puntos de vista diferentes a una misma situación.

Reformular algunas creencias

Finalmente, otro apunte que puede ayudarte es reformular con tu hijo qué significa para él equivocarse, qué entiende por fracasar, o por la perfección...

En esos significados, entenderemos mejor cómo se siente y cómo podemos cambiar algunas creencias que tiene (de forma conjunta) sobre lo que significa "hacerlo bien" o "hacerlo mal".

Y tú, ¿cómo educas a tus hijos para que aprendan a gestionar positivamente la autoexigencia?

Recuerda que es importante validar sus emociones y entender su frustración, pero sin dejar de ofrecerle formas alternativas de gestionar lo que le sucede.


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