Niño de un año: todo sobre alimentación, sueño y desarrollo a los 12 meses de vida

El primer cumpleaños de nuestro hijo se convierte en un hito importante para todos. De hecho, en el momento en que sopla su primera vela pasamos de referirnos a él como bebé y se convierte en un niño. Va ganando autonomía.

Y es que, aunque en realidad no hay muchas diferencias respecto a los 11 meses en cuanto a sueño y alimentación, sí que es cierto que los niños de un año experimentan avances importantes en su desarrollo.

Alimentación del niño de un año

Con 12 meses el niño va coordinando muy bien sus movimientos y al final del primer año acabará siendo muy hábil a la hora de coger los alimentos y de hacer pruebas con los cubiertos.

A lo largo del año se irá completando su dentadura hasta los primeros molares, por lo que ya son capaces de morder y masticar cada vez mejor.

Ha llegado el momento de sentarle a la mesa con los mayores y dejar que comparta el mismo menú que nosotros. La carne, el pescado, los cereales, las legumbres... ya forman parte de la dieta del niño.

A partir de los 12 meses ya puede ingerir miel (antes de los 12 meses no se recomienda por el riesgo de intoxicación alimentaria por botulismo, y aquellas verduras que acumulan mayor cantidad de nitratos como acelgas, remolacha, nabo y espinacas.

También puede comenzar a beber leche de vaca. Antes está prohibido por el exceso de proteínas y minerales que contiene y que pueden ser perjudiciales para los riñones de un bebé.

La leche materna tiene cerca de 1 gr. de proteínas por cada 100 ml. (la de fórmula algo más), mientras que la leche de vaca tiene 3,3 gr. por cada 100 ml.

Tanto si el niño sigue alimentándose con leche materna como si toma productos lácteos (leche de vaca, yogures, queso fresco) se recomienda que ingiera 500-600 ml al día de leche para cubrir los 800 mg de calcio que precisa para su correcto crecimiento.

Aún tendremos que esperar para ofrecerle pescados de mayor tamaño, como el pez espada o emperador, cazón, tintorera y atún, por su contenido en mercurio.

Además, a causa de la presencia de cadmio, los niños deben evitar el consumo habitual de cabezas de gambas, langostinos y cigalas o el cuerpo de crustáceos parecidos al cangrejo.

Hay que recordar que compartir las comidas con el niño no sólo es ayudarle a comer sino que también es hablarle, que nos hable a su manera, y hacer de ese momento un encuentro familiar agradable. Recuerda que el ejemplo de los adultos, también en lo que se refiere a la alimentación, es fundamental.

El sueño a los once meses de edad

Los niños de uno a dos años tienen establecido un patrón más o menos estable de sueño. Algunos hacen una siesta por la mañana y otra por la tarde, y las horas nocturnas de sueño se alargan, aunque puede ser habitual que se sigan despertando durante la noche. En total duermen unas 12-13 horas, pero no de un tirón, sino distribuidas en esos diversos momentos del día.

Puede ser que los niños lloren durante esta etapa, antes de irse a dormir o al despertarse. Es normal y responde a un proceso de ansiedad que muchos bebés atraviesan a esta edad. Como el niño se siente inseguro si no siente a sus padres cerca, lo expresa de ese modo. Acompañarlos en esos momentos les ayudará a conciliar el sueño.

Desarrollo del niño de un año

Cuando el niño llega a un año ha crecido alrededor del 50% de lo que pesaba al nacer, un hito que no se volverá a repetir en años siguientes. El segundo año del niño también está marcado por un rápido aumento de tamaño, pero muy inferior al del primer año.

El niño puede resolver problemas sencillos, y buscará ayuda cuando sepa que aún no puede realizar ciertas actividades (alcanzar o poner en marcha un juguete...).

Los niños comienzan a caminar en esta etapa si es que no lo han hecho anteriormente. A partir del año efectúa progresos muy rápidos hacia la autonomía física.

Los primeros pasos los realiza de brazos abiertos para equilibrarse mejor. Hay que tener cuidado para que en esa fase no se produzca ninguna caída importante que lastime al niño.

Sus nuevas aptitudes le permiten también utilizar hábilmente las manos y desplazarse sin ayuda para aumentar su campo de exploración. Por ello conviene tener un entorno seguro en el que se muevan (si es que no lo teníamos aún con el gateo) con el mínimo peligro posible.

Sociabilidad del niño de un año

A partir del año, el niño va ampliando su vocabulario rápidamente. Al principio, con pocas palabras es capaz de decir muchas cosas, poco a poco irá incrementando el número de palabras empleadas y los enunciados. Cerca de los dos años, puede hacer combinaciones sencillas de palabras: "Mamá ven", "Pan sí", "Niño guapo"...

Demuestra que entiende muchas palabras aunque no las puede decir. Ya puede seguir órdenes sencillas y contestar nuestras preguntas si le pedimos que señale objetos o animales en un libro...

El lenguaje expresivo y la habilidad de pronunciar las palabras, también se está desarrollando. El bebé hace sonidos como si estuviera conversando, y sigue el ritmo de su voz. Podemos repetirle las nuevas palabras porque el niño tratará de imitarnos y con el tiempo, su habla será más clara y fácil de entender.

El niño de un año necesita nuestra aprobación continua. Ante sus pequeños "logros", nos buscará con la mirada para ver si aplaudimos, lo animamos o por el contrario lo reprobamos. Cuanto más le acompañemos en su desarrollo, más se animará a seguir aprendiendo. Cuanto más le hablemos, más se desenvolverá lingüísticamente.

Les encanta jugar e imitar, ya sea con niños de su edad o con los adultos. Aprenden a través del juego, así que no hemos de desaprovechar esa oportunidad de acompañarlos y animarlos en sus juegos.

Pero no todo nos sorprenderá gratamente. Muchos niños demuestran una personalidad bastante fuerte en esta etapa con rabietas. El bebé probará algo de independencia al transitar de un lado a otro y moverse más, sabe cuáles son sus deseos, pero no sus límites.

Su confianza e independencia chocará con lo que no puede hacer o conseguir y por lo tanto reaccionará con enfado delante de sus propias limitaciones o de las impuestas por sus padres.

Y más si tenemos en cuenta que aún no han desarrollado el lenguaje lo suficiente como para expresar todo lo que quieren decir.

Si se enfada y no sabe cómo explicar por qué, o ve que no le entienden mis padres, o no consigue lo que desea, llega el enfado.

Entender por qué se han enfadado, hablarles y explicarles la situación harán que en el futuro las situaciones que no les agradan se resuelvan de igual modo: hablando.

Así que si tu hijo va a cumplir un año o está a puto de cumplirlo, felicidades. Os espera un año de descubrimientos y disfrute mutuo. Aburrirse o relajarse es imposible a partir de los 12 meses de vida.

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Fotos | iStock

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