Estas son las cinco cosas que puedes hacer y las cinco que deberías evitar si tu hijo tiene un mal comportamiento

Rabietas cuando menos lo esperamos, frustraciones que cuesta manejar, gritos, peleas, negarse a compartir, rivalizar continuamente en el juego... Estos son algunos ejemplos de las cosas que con frecuencia hacen los niños y que los adultos catalogamos como "malos comportamientos".

Pero este tipo de comportamientos se deben a una falta de madurez emocional y habilidades sociales a la hora de manifestar una necesidad que no está siendo atendida, por lo que comprender esta premisa básica nos ayudará a gestionar estas situaciones.

Te contamos cinco cosas que puedes hacer y cinco que debes evitar si tu hijo tiene un mal comportamiento.

Cinco cosas que NO deberías hacer si tu hijo tiene un mal comportamiento

Ignorarlo. Por diferentes motivos, hay padres que deciden ignorar el mal comportamiento de su hijo. Pero recordemos que el "mal comportamiento infantil" es tan solo la punta del iceberg de una necesidad que no estamos sabiendo ver ni satisfacer. Además, nuestros hijos necesitan límites claros y firmes para crecer felices, por lo que es importante hacerles entender que ciertos comportamientos son intolerables y como tal deben ser corregidos.

Chantajearlo. Los padres a veces caemos en el error de utilizar el chantaje para que nuestros hijos hagan lo que les decimos o frenen un comportamiento que consideramos inapropiado ( "si dejas de comportarte así, iremos al parque esta tarde"). Generalmente, los chantajes se deben a una falta de recursos adecuados y respetuosos por parte de los adultos para manejar una situación que nos desborda. Pero el chantaje, al igual que el castigo, no es un método educativo, nos desconecta de nuestros hijos y afecta profundamente a su autoestima.

Castigarlo. Si castigamos a nuestro hijo por un mal comportamiento estaremos centrándonos exclusivamente en su conducta en ese momento y pasando por alto las necesidades que mencionábamos en el punto anterior. Dicho de otro modo, estaremos transmitiendo al niño el mensaje de que no nos importa lo que le pase o sienta, porque lo único que queremos es que nos obedezca y se comporte como nosotros le decimos.

Tomártelo como algo personal. A veces, los padres nos tomamos como algo personal el comportamiento de nuestro hijo y realmente llegamos a pensar que actúa así porque "nos está toreando", "nos quiere retar", "sabe que estamos cansados y es su forma de fastidiar"...

Es importante entender que los niños no se comportan mal con el objetivo de molestarnos y poner en evidencia al adulto, sino que lo hacen como respuesta a una emoción o necesidad que no están sabiendo gestionar de otro modo debido a su falta de habilidades sociales y a su inmadurez emocional.

Actuar pensando en "el qué dirán" los demás. Criar no es fácil, y mucho menos si nos sentimos observados y juzgados por quienes nos rodean. Por eso, cuando el niño está teniendo un mal comportamiento en público (por ejemplo, una rabieta en un supermercado, una pelea con otro niño en el parque...) muchos padres olvidan la importancia de 'conectar' con su hijo y terminan actuando como creen que los demás esperan que actúe. Esto nos puede llevar a resolver la situación de una forma muy diferente a como lo habríamos hecho en la intimidad de nuestro hogar.

Cinco cosas que SÍ debes hacer si tu hijo tiene un mal comportamiento

Conecta con tu hijo. La principal causa del mal comportamiento infantil es una falta de conexión, por eso, antes de corregir su comportamiento necesitas 'conectar'. Para ello, ponte a la altura de tu hijo, mírale a los ojos y conecta con ese niño inseguro, frustrado, triste o desalentado. Escúchale sin juicios, hazle ver que lo amas y que estás a su lado para guiarle de una forma respetuosa y amorosa.

Valida la emoción, no la acción. Debemos enseñar a nuestros hijos que cualquier emoción es válida y necesaria, pero no así el mal comportamiento asociado a una mala gestión de esa emoción. Es decir, es lícito sentir rabia, ira, celos o frustración, pero debemos enseñar a manejar estas emociones de una forma saludable. Para integrar este aprendizaje los niños necesitan tiempo, madurez, acompañamiento respetuoso y sostén emocional.

Enseña a tu hijo técnicas de autocontrol. Controlar las emociones y los impulsos nos permite tener una vida más armoniosa y una mejor gestión emocional. Es importante enseñar a los niños desde pequeños a actuar con autocontrol. Podemos apoyarnos en juegos, manualidades o cuentos infantiles que fomenten la gestión emocional.

Averiguar que hay detrás de su conducta. Pueden ser muchas las situaciones que desencadenen un desbordamiento emocional en niños que acabe derivando en un mal comportamiento. Pero si somos capaces de ver más allá de esa mala conducta, es posible que logremos entender (que no justificar, insistimos) los motivos que la han provocado y reconducir la situación de forma respetuosa.

Habla con tu hijo de las consecuencias de sus actos. Desde la calma, habla con tu hijo sobre lo ocurrido y pregúntale qué le ha llevado a comportarse así. En caso de que su comportamiento haya afectado a alguien, invítale a reparar su error con una disculpa sincera. También es recomendable enfocarse en el futuro y ayudarle a encontrar alternativas respetuosas que le sirvan para gestionar su comportamiento si vuelve a presentarse una situación similar.

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