Por qué no es posible malcriar a un bebé

Si eres madre seguro te han dicho alguna de las siguientes frases: "No lo cargues, se va a malacostumbrar", "Si no lo sueltas luego no te dejará hacer nada" "Ya déjalo en la cuna o nunca lo sacarás de tu cama". Y si eres como yo, seguro también odiabas escucharlas.

Pese a lo que muchas personas nos dicen y afirman, no es posible malcriar a un bebé por "exceso de afecto", al contrario, le va a beneficiar. No se van a acostumbrar a los brazos, no te van a controlar ni dominar y muchísimo menos a manipular. Te explico por qué.

Darle a tu bebé lo que necesita no lo hará malcriado

Imagina pasar toda tu vida -la única vida que conoces- dentro de una cueva, calientita y cómoda. Nadie te molesta, te sientes seguro y eres feliz. Entonces, un día el espacio comienza a sentirse bastante reducido porque has ido creciendo y decides que quizás es momento de salir y ver qué hay más allá. Averiguar a quién pertenece esa dulce voz que escuchas todo el tiempo. Así que sales, temeroso pero decidido.

Y resulta que el mundo exterior no es lo que imaginabas ni se parece a tu cueva. Es justo lo opuesto. Es frío, hay mucha luz, muchos ruidos y muchos seres extraños que se mueven a tu alrededor y te miran y hablan como si te conocieran. Da algo de miedo, ¿no? Esa seguridad que tenías en tu cueva ha desaparecido. Ahora te encuentras solo en un lugar desconocido.

Pero entonces, la escuchas. Reconoces esa voz que te es tan familiar. Volteas y está ella ahí, sonriéndote y mirándote con amor. Y de repente, todos los miedos, todas esas inseguridades que tenías, desaparecen. Ella está aquí para cuidarte, protegerte y guiarte. Justo lo que necesitas para empezar a familiarizarte con este nuevo mundo.

Así es como se siente un recién nacido. O al menos como imagino que lo hacen. Debe ser difícil para ellos pasar de estar en un lugar tranquilo y privado, al bullicio y multitud (porque recordemos que antes solo era él) del mundo exterior.

Piensa en alguna situación en la que hayas estado, donde hayas sido el nuevo o recién llegado. Un trabajo nuevo, el primer día de escuela o irte a vivir un país distinto. No conoces a nadie, no sabes dónde están las cosas ni cómo funciona ese nuevo lugar. Necesitas un guía. En las empresas está el personal de Recursos Humanos o algún compañero de trabajo. En la escuela los maestros y personal educativo. En un país distinto quizás la persona a la que le rentas tu nuevo hogar o tus nuevos vecinos. El hecho de que te ayuden y den la mano las primeras semanas no te hará dependiente de ellos, ¿verdad? Ya se deben imaginar a donde me dirijo con estos ejemplos.

Después del nacimiento, es nuestra madre quien nos guía. Quien nos cuida y nos enseña nuevas cosas. Si bien como adultos ya somos más seguros de nosotros mismos cuando se trata de iniciar en un lugar nuevo, siendo bebés no lo somos. Somos indefensos y totalmente dependientes. Así es tu bebé. A veces lo único que necesita es que le tomes en brazos para que se sienta mejor.

Durante sus primeros años, necesitarás mantenerlo cerca de ti para protegerlo y ver por él, enseñarle todo lo que necesita aprender, para que eventualmente él sea capaz de hacer las cosas, aumente su seguridad y pueda ir solo por el mundo.

Por qué no se malacostumbran

Darle el afecto y compañía que tu bebé necesita en sus primeros meses o años de vida no lo hará malcriado, ya que aunque los seres humanos somos sociales por naturaleza, también nos gusta ser independientes. Conforme vamos creciendo y dejamos de ser bebés entramos a una etapa de constante búsqueda de nuevas cosas y de hacer toda clase de descubrimientos.

Cuando mi hija era bebé solían decirme que no la cargara tanto porque se iba a malacostumbrar y como madre primeriza tenía mucho miedo de que eso sucediera. Pero me sentía mal de dejarle llorar en la cuna o saber que sufría al separarla de mí. Así que seguí mi instinto y comencé a cargarla cuantas veces quisiera yo, cada vez que ella me lo pidiera y hasta decidimos probar el colecho, que llegó para quedarse. Estando mi hija en mis brazos, éramos todos más felices. Seguro si esto lo lee alguien que piensa que los bebés se malacostumbran pensará que era una receta para el desastre y para que yo me quedara sin vida propia.

Pero la vida sola te va enseñando las cosas. Primero cuando mi hija comenzó a gatear y huía lo más veloz que podía de mí. Después, cuando empezó a caminar lo más divertido para ella hacer una travesura y salir corriendo en la dirección opuesta. De vez en cuando todavía me permitía cargarle. Pero cuando ya era experta en eso de la caminada, quería ir ella sola a todos lados. ¿Cargarla? Cómo, si tenía todo un mundo por explorar y ya no necesitaba a mamá para que la llevara de un lugar a otro.

Así es el desarrollo normal de los niños, todo son etapas en las que necesitan ciertas cosas, pero ninguna es para siempre. Así que mi consejo es el siguiente: carga a tu bebé cuanto quieras, abrázalo cuantas veces puedas y el tiempo que ambos lo necesiten. Por que un día crecerá y anhelarás de nuevo que sea pequeñito para tenerlo en tus brazos.

Fotos | iStock
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