Qué es el puttering: el hábito diario de los niños con más inteligencia emocional, según los psicólogos

Realizar pequeñas tareas de forma tranquila y sosegada sin una meta específica es algo muy positivo para los niños, y te contamos por qué

Laura Ruiz Mitjana

Colaboradora

Hay un momento en la infancia que suele pasar desapercibido, casi invisible a ojos de los adultos, pero que esconde un enorme valor emocional: cuando un niño se entretiene en cosas pequeñas, aparentemente sin rumbo, moviéndose de una actividad a otra sin un objetivo claro. 

A eso, en inglés, se le llama puttering. Y, aunque no lo parezca, ese “andar de aquí para allá” tiene mucho que ver con la forma en que los niños desarrollan su inteligencia emocional.

Puttering: ¿qué es? El curioso origen del término

La palabra puttering proviene del inglés y se popularizó en el ámbito anglosajón para describir esa forma tranquila, improvisada y casi juguetona de hacer cosas sin prisa y sin una meta concreta. En los adultos, se usa para referirse a los ratos en los que alguien ordena cajones, riega plantas o recoloca fotos, por ejemplo, sin un plan previo. 

En niños, este hábito aparece de manera natural: cuando saltan del dibujo a la plastilina, después miran un libro, luego se tumban en el suelo a observar una hormiga y más tarde vuelven a colorear. Para un adulto puede parecer dispersión, pero en realidad es un entrenamiento valiosísimo para la gestión emocional y la creatividad.

El puttering es esa forma tranquila, improvisada y casi juguetona de hacer cosas sin prisa y sin una meta concreta.

Por qué es tan importante en la infancia

Los psicólogos lo observamos con frecuencia: los niños que practican puttering, y sin ánimo de generalizar, suelen mostrar mayor flexibilidad emocional, mejor tolerancia a la frustración y una capacidad sorprendente de autorregularse

Esto ocurre porque, al moverse entre pequeñas actividades sin exigencia externa, el niño aprende a escucharse, a reconocer lo que necesita en cada instante y a darse permiso para cambiar de foco sin culpa.

En una sociedad obsesionada con la productividad, el puttering nos recuerda que los niños no necesitan estar permanentemente en actividades estructuradas para desarrollarse bien. De hecho, cuando un niño vive rodeado de horarios rígidos y clases extraescolares encadenadas, pierde ese espacio vital donde entrenar la espontaneidad y la conexión consigo mismo.

Pongamos un ejemplo para ilustrarlo; imagina una tarde cualquiera en casa. Tu hijo empieza dibujando una casa, al minuto decide levantarse para darle de comer al pez, luego vuelve y cambia el lápiz por unas pegatinas, y finalmente se queda mirando la lluvia por la ventana. 

Para ti puede ser caos. Para él, es un proceso natural de exploración y regulación interna. Está practicando, sin saberlo, la habilidad de pasar de una emoción a otra con suavidad, sin atascarse.

El vínculo con la inteligencia emocional

La inteligencia emocional no se construye solo hablando de emociones o leyendo cuentos sobre ellas (que también). Se construye en la práctica diaria, en esos pequeños momentos de libertad donde el niño aprende a conocerse. El puttering permite:

  • Identificar emociones: al decidir espontáneamente qué hacer, el niño se da cuenta de cómo se siente.
  • Autorregularse: al cambiar de actividad cuando se aburre o se frustra, aprende a gestionar sus estados internos.
  • Fomentar la creatividad: al no seguir un guion, surgen conexiones nuevas entre objetos, juegos e ideas.
  • Reducir la presión: vivir actividades no productivas sin juicio les enseña que su valor no depende de lo que producen.

Lo que podemos aprender los adultos

Quizá lo más sorprendente es que el puttering no es solo cosa de niños. Cuando los adultos nos permitimos ordenar un cajón sin objetivo, pasear por casa con una taza de café mientras cambiamos un libro de sitio o dejamos que el tiempo fluya sin apuro, estamos entrando en el mismo estado mental. 

Y ese estado, según la psicología, calma la mente, reduce el estrés y mejora la capacidad de conexión con nosotros mismos.

Puttering: mucho más que "perder el tiempo"

Así, el puttering es mucho más que “perder el tiempo”: es un espacio donde los niños aprenden a conocerse, a sentir, a decidir y a confiar en su propia brújula emocional. Tal vez la próxima vez que veas a tu hijo deambular entre juegos sin rumbo, en lugar de apurarlo o redirigirlo, sonrías y pienses: “ahí está, entrenando su inteligencia emocional”.

Porque, a veces, lo más valioso para crecer no se encuentra en una agenda llena, sino en esos ratitos aparentemente insignificantes donde la vida, sencillamente, ocurre.

Foto | Portada (Freepik)

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