Ecografía de las 20 semanas: qué se observa y por qué es importante en el embarazo

En el segundo trimestre del embarazo, entre la semana 18 y la 22, se realiza a todas las embarazadas una ecografía de rutina llamada ecografía de las 20 semanas o "la eco de las 20" (en salas de espera y cafeterías), aunque su nombre más acertado sería llamarla ecografía morfológica de las 20 semanas, ya que en ella se realiza un examen detallado de toda la morfología del bebé.

En la semana 20 de embarazo tu bebé mide alrededor de 16-20 centímetros, pesa unos 350 gramos y sus órganos ya están en un estado avanzado de desarrollo, lo cual permite diagnosticar cualquier anomalía.

¿Cómo se realiza?

Es una ecografía normal, muy parecida a la del primer trimestre, que se realiza sobre el abdomen de la mujer, mientras está tumbada. No es necesario realizarla en ayunas, ni se debe beber previamente, como requieren las ecografías pélvicas.

Son muchos los parámetros que se observan y dependiendo de la posición el feto, la cantidad de líquido amniótico, la morfología y la "maestría" con el ecógrafo, la prueba puede durar entre 15 minutos y media hora.

Ecografía morfológica de las 20 semanas

La ecografía de las 20 semanas permite confirmar que el crecimiento fetal es correcto para su edad gestacional, valorar el latido cardíaco, los movimientos del feto, su morfología y observar sus órganos internos.

Se comprueba, aunque no con un 100 por ciento de fiabilidad, si existe alguna malformación por lo que suele ser una exploración más exhaustiva y detallada de los órganos del bebé. También se controla el nivel de líquido amniótico, el funcionamiento de la placenta y del cordón umbilical.

Es muy probable que en esta ecografía se pueda conocer el sexo del bebé, siempre que su posición lo permita.

¿Tiene algún peligro?

Es una técnica sencilla, inocua e indolora. No implica una radiación ni exposición, por lo que es una práctica segura tanto para la embarazada como para el bebé.

¿Para qué sirve?

Como ya hemos dicho antes, en esta ecografía se va a analizar la morfología del bebé, su entorno (placenta y líquido amniótico), el corazón y resto de órganos internos así como los movimientos del bebé. Todo ello para comprobar que se esté desarrollando dentro de los parámetros normales.

Al tener un mayor desarrollo, se pueden identificar las posibles malformaciones fetales. Se calcula que se pueden detectar el 88,3 por ciento en el caso de las malformaciones mayores del sistema nervioso, el 84 por ciento para las renales, y el 38 por ciento para las relacionadas con el corazón y los grandes vasos sanguíneos del sistema circulatorio.

Por ejemplo, la probabilidad de detectar una espina bífida en esta prueba es del 88% y el de una hidrocefalia del 98%.

En caso de detectar alguna anomalía deberá estudiarse y valorarse proponiendo, si fuera necesario, la realización de estudios más detallados.

Todo esto hace que casi con toda seguridad, vuestro ginecólogo o la persona que en ese momento esté realizando la prueba, esté bastante más callado de lo normal y no os preste mucha atención, sobre todo si ya de por si no es demasiado hablador.

Esto no indica necesariamente que haya encontrado algo malo, tened paciencia y esperad a que termine para que os pueda comentar en detalle y más relajadamente cómo ha ido la prueba.

Ecografías en 3D y 4D

Tradicionalmente se realiza una ecografía convencional en 2D, pero según la potencia del ecógrafo, se podrían obtener también imágenes de ecografía en 3D (tridimensional) o las llamadas 4D (tridimensional en movimiento).

Muchas veces se suelen combinar las imágenes, haciendo primero un análisis más exhaustivo en 2D y posteriormente en 3D o 4D para poder verle la carita.

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