Si tu hijo tiene altas capacidades, no actuar al respecto no es opción

Las altas capacidades en la infancia están cargadas de mitos y prejuicios que en muchas ocasiones nos llevan a actuar de forma incorrecta. El problema principal suele radicar en el miedo a que nuestros hijos carguen con una etiqueta que les perjudique, y por eso muchas veces optamos por no halar del tema.

Pero silenciar en nuestro entorno las altas capacidades, no mencionárselo a nuestro hijo y no hacer nada por atender sus necesidades no va a hacer que desaparezca su potencial. Al contrario, el coste de la inacción es muy serio y puede perjudicar al niño a corto y largo plazo.

Las ocho consecuencias de no atender las altas capacidades en niños

Si acaban de detectar a tu hijo altas capacidades, entre las muchas dudas que probablemente se te presenten esté la de qué hacer a partir de ahora: "¿Es recomendable actuar siempre, o debería 'dejarlo estar' y hacer como si nada hubiera cambiado?"

Muchos padres se hacen esta pregunta movidos por el desconocimiento de lo implican las altas capacidades, sus propios miedos y sobre todo la falsa sensación de que el niño 'está bien' y no parece necesitar ningún tipo de atención especial.

Silenciar las altas capacidades y permanecer de brazos cruzados ante el potencial de tu hijo no debería ser una opción, en ningún caso.

Te compartimos cuáles son los motivos por los que 'no hacer nada' es contraproducente para tu hijo con altas capacidades:

1. Puede que ahora 'esté bien', pero la situación cambie. Muchos padres de niños con altas capacidades piensan que si su hijo tiene un buen rendimiento académico y aparentemente está bien, ¿qué sentido tendría actuar?

Pero según los expertos, el hecho de que el niño esté bien ahora no significa que vaya a estarlo más adelante, y quizá para entonces el coste de la inacción sea demasiado alto. Y es que en muchas ocasiones, los problemas derivados de no actuar durante la infancia acaban destapándose con fuerza en la adolescencia, ocasionando situaciones conflictivas y un profundo malestar.

2. Estamos pasando por alto sus derechos. Desde el punto de vista educativo, la Ley ampara a los alumnos con altas capacidades y obliga a tomar medidas que permitan el desarrollo de su potencial intelectual. Estas medidas varían de un alumno a otro, dependiendo de su capacidad, intereses y velocidad de aprendizaje, entre otros aspectos.

No poner en conocimiento del colegio que nuestro hijo tiene altas capacidades o no hacer nada al respecto desde el centro educativo, supone frenar su desarrollo y pasar por encima de sus derechos.

3. Sin atención no hay desarrollo. Los niños con altas capacidades nacen con un alto potencial que necesita ser atendido adecuadamente para poder desarrollarse en todo su esplendor. En contra de lo que se suele creer, no aprenden por ciencia infusa ni lo saben todo, por lo que si no actuamos como corresponde no podrán desarrollar todo su potencial.

4. Aburrimiento y problemas en el colegio. Un niño con altas capacidades al que no se le atiende como necesita es un niño aburrido y desmotivado. En el colegio, esta situación puede desembocar en conductas disruptivas, falta de atención, rechazo a ir a clase e incluso fracaso escolar.

Según datos del Ministerio de Educación, la tasa de abandono escolar en nuestro país se situó en 2022 en un 13,9%. De este porcentaje, entre el 30 y el 50% se calcula que corresponde a alumnos con altas capacidades.

5. Sufrimiento físico y emocional. Un niño con altas capacidades no solo tiene una inteligencia superior a la media, también su personalidad, creatividad y sensibilidad emocional son diferentes al resto de niños de su edad.

Si no prestamos atención a los aspectos emocionales derivados de la alta capacidad, es muy probable que nuestro hijo sufra desequilibrios, frustración, baja autoestima, tristeza e incluso depresión. También podrían producirse somatizaciones en forma de dolores y malestar físico.

6. Acoso escolar. Según los estudios, los niños con altas capacidades tienen más probabilidades de sufrir acoso escolar si no cuentan con un buen acompañamiento a sus necesidades y particularidades. Y es que con frecuencia, los niños con altas capacidades tienen la sensación de "no encajar" con el resto de compañeros de su edad, por lo que sufren la incomprensión del entorno.

Para evitar este tipo de situaciones, aparte de concienciar y luchar contra el acoso escolar desde las aulas y el entorno familiar, es fundamental hablar con nuestro hijo sobre sus altas capacidades para ayudarle a conocerse y prestarle la atención que necesita.

7. Problemas en la vida adulta. Un niño con altas capacidades que no recibe la debida atención a sus necesidades, probablemente arrastrará problemas emocionales a lo largo de toda su vida derivados de esa sensación de 'no encajar' o sentirse diferente al resto.

8. Ningún padre se plantearía 'no hacer nada' en cualquier otra situación. Si en una revisión de salud te dijeran que tu hijo no ve bien, ¿se te pasaría por la cabeza no ponerle gafas? Obviamente no. Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, por lo que si en alguna parcela de su vida necesitan ayuda o atención especial, jamás pensaríamos en no dársela.

Pues con las altas capacidades sucede lo mismo. Al final, todo se traduce en la importancia de atender unas necesidades cognitivas, de aprendizaje, emocionales y sociales derivadas de esta condición.

¿Cómo atender correctamente las altas capacidades?

Sobre este tema hemos hablado en Bebés y Más en diversas ocasiones. La adecuada atención a las altas capacidades pasaría, en primer lugar, por derribar mitos e informarse correctamente acerca de lo que estos niños necesitan, tanto desde el ámbito académico, como el social y emocional.

A la hora de actuar deberíamos hacerlo desde diferentes ámbitos: colegio, familia y ayuda psicológica si se precisa.

Ni qué decir tiene que atender las necesidades de los niños con altas capacidades no pasa por aumentar su carga de trabajo, sino por convertirles en protagonistas de su propio aprendizaje, incentivándoles mediante retos y propuestas interesantes que favorezcan su desarrollo integral. Y todo ello sin perder de vista la atención emocional.

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