¿Saco a mi hijo de la guardería?

Sacar o no al niño de la guardería es una cuestión a la que muchos padres se enfrentan en los primeros años de vida de su hijo, cuando se dan cuenta de que el niño no es feliz. Pero ¿cuándo es conveniente sacar al niño de la guardería?

Los niños no necesitan ir a la guardería

Partamos de la base: los niños no necesitan ir a la guarderia, es una exigencia del sistema productivo, como bien nos explicó Carlos González en la entrevista que concedió a Bebés y más. Los pequeños seres humanos necesitan ser criados por sus madres y por sus padres, rodeados de familia y amigos cercanos que formen una especie de “tribu” pero no necesitan en absoluto ser separados de sus familias en absoluto y menos con la excusa de que socialicen o espabilen.

Lo natural, dejémoslo claro, es que los bebés y niños chiquitines estén con sus mamás todo el tiempo y no que se mezclen con otros muchos bebés al cuidado de desconocidos en un espacio diferenciado.

Partiendo de esto, la guardería puede ser necesaria para los padres, pues hoy el trabajo femenino se mueve en patrones que no incluyen a sus hijos. Y digo esto ya que las mujeres siempre han trabajado y lo hacían conciliando perfectamente la atención a sus bebés con su vida productiva.

Hoy muchas veces (bueno, con la crisis menos) papá y mamá trabajan fuera de casa y en un entorno completamente hostil a los bebés y sin espacios de cuidado en su centro de trabajo o cercanos y sin ninguna flexibilidad. No les que da otra que buscar quien cuide de sus bebés en su ausencia.

Las guarderías cubren esa función: guardan a los bebés mientras sus padres trabajan. Además de esa función básica pueden y deben atender a los niños correctamente y ofreceres cariño, apego, juegos, estímulos, aprendizaje y seguridad, pero desde luego para que los niños se sientan queridos, apegados, jueguen, se estimulen, aprendan y estén seguros las guarderías no son necesarias ni son la opción mejor.

Niños felices y niños infelices

Hay niños que son muy felices en la guardería, aunque, incluso si les encanta, lo ideal es que no tuvieran que pasar en ella más de dos o tres horias, jugando y contando que ya tuvieran más de un año o año y medio. Los más pequeños, que ni caminan ni se comunican bien, puede que se sientan cómodos y tranquilos, pero es complicado pensar que vayan a estar mejor que con una cuidadora exclusiva y apegada.

Veamos que signos nos ayudan a detectar si un niño está feliz en la guardería: abraza a su cuidadora, quiere entrar si pasamos por la puerta, se levanta alegre y pide ir al “cole”, sus pautas de sueño y alimentación no sufren cambios, está relajado y contento, no desarrolla comportamientos agresivos como morder o pegar, no está más nervioso o tiene más berrinches.

Es decir, la guardería es un sitio donde se ha adaptado y lo atienden correctamente ofreciéndole buenas experiencias de juego, cariño y diversión: una buena guardería.

Pero hay niños que claramente no están bien en la guardería, o quizá no están en la guardería adecuada. Están más tristes, nerviosos, agresivos. Tienen miedos y terrores nocturnos. Están inapetentes o muy hambrientos. Lloran al entrar cada vez o entran cabizbajos, resignados. No demuestran especial cariño por las cuidadoras ni ellas por ellos. Están apáticos. Dicen que no quieren ir. Percibimos menos alegría, seguridad y serenidad en general en su comportamiento.

A veces la causa será que la guardería no es adecuada, otras sencillamente que esa en concreto para nuestro hijo no lo es, sin que sea culpa de nadie. Y debemos detectarlo y hacer lo posible para ofrecerles, al menos, un entorno de cuidado en el que pueda sentirse feliz.

Los responsables de ofrecerle a nuestros hijos un lugar donde sean felices somos nosotros, sus padres. Si algo no funciona y no se soluciona, en vez de quejarnos del niño o luchar contra el sistema de ese espacio creo que lo primero es buscar otra solución para que nuestro hijo no sufra.

Puede tratarse de comportamientos que duran un tiempo, por su adaptación a un entorno nuevo para el que no estaban emocionalmente preparados o por otras circunstancias externas (no todo dependerá dela guardeía). Como padres lo que si debemos hacer es etar atentos, ofrecerles más mimos y cercanía para compensar la separación y analizar si su tristeza o tensión se extiende en el tiempo.

Si nuestro hijo no es feliz deberíamos ser capaces de reconocerlo y sacarlo de la guardería, buscando alternativas viables.

Alternativas a la guardería

Si nuestro hijo no es feliz ni está siendo cuidado como deseamos en la guardería creo que la decisión lógica es sacarlo. Por supuesto, entiendo que eso no siempre es posible o sencillo, pero si os animo a que, como padres, busquéis todas las alternativas posibles.

Estar en casa con una cuidadora que se ocupe solamente del niño es una solución ideal, pero debemos buscar a alguien de extrema confianza, pues en casa no tendremos la misma supervisión que hay en los centros. Por supuesto, abuelos u otros familiares serán una opción a tener en cuenta, siempre que puedan o quieran.

En último caso, si ni la familia puede ni conseguimos una cuidadora de confianza podemos explorar otras alternativas a la guardería: escuelitas y espacios de juego alternativos con filosofías respetuosas y abiertas o, al final, buscar otra guardería o escuela infantil que compense ventajas y desventajas. No hay que resignarse, hay que seguir buscando, si, hay que sacar al niño de la guardería si es evidente que no está siendo feliz.

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