Queremos saber cómo concilian los hombres

Cuando la actual vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría, se reincorpora al trabajo tras once días de haber dado a luz, es indudable que no está siendo el mejor ejemplo para conseguir una conciliación laboral y familiar digna, al obviar los derechos conseguidos.

Aunque también es pertinente preguntarse si ha sido justo el linchamiento que ha sufrido en determinados ámbitos, ajeno a las circunstancias personales particulares y al respeto por las decisiones ajenas, así como desconocedor de las circunstancias concretas en las que Soraya Sáenz ha vuelto al trabajo. Vamos, a mí no me lo ha parecido en absoluto. Y, por poco que nos identifiquemos con decisiones ajenas, ¿no hay que respetar una opción de crianza elegida libremente por los padres?

Pero, lo que más me molesta de este asunto es, ¿por qué no sucede los mismo cuando es un hombre el que va a trabajar tras ser padre? ¿Cuántos políticos han sido padres y ni nos hemos enterado? ¿Quién se indigna porque Sarkozy no esté junto a su mujer y su hijo cuando nació?

¿No son los hijos cosa de dos, y el mismo “ejemplo” de las mujeres debería ser seguido por los padres? ¿O la mujer ha de ser responsable principal cuando hablamos de bajas, permisos, excedencias, reducciones de jornadas, conciliación, crianza?

Pues, a pesar de que sepamos-digamos-pensemos que no, que la conciliación es cosa de dos, la fuerza de la costumbre y una tradición que pesa demasiado es que es la mujer la mayor responsable en este tema.

Se tiene que seguir luchando, y mucho, por demostrar que la conciliación es necesaria, que los niños deben estar con sus madres o padres el mayor tiempo posible, y que el Gobierno, los empresarios, trabajadores, medios de comunicación… la sociedad al completo deben aunar esfuerzos para que esto sea posible.

La trampa está en que no nos interesa cómo concilian los hombres

Recientemente he leído una entrevista a Yolanda Barcina, la presidenta navarra, a la que el periodista preguntaba si era fácil conciliar cuando una es presidenta de una Comunidad foral. Barcina le devolvió otra pregunta: “¿Qué respondería un hombre a esta pregunta? ¿A cuántos se la ha hecho?”. A lo que el periodista responde que seguramente a ninguno. “¡Esa es la trampa!”, concluye la presidenta.

Y sí, esa es la trampa. Que en esta sociedad se presupone a la mujer cuidadora y responsable principal de los hijos. Que a los hombres se les niega reducciones de jornada porque la crianza de un hijo es asunto de sus mujeres.

Y, si bien sería necesaria una baja maternal de seis meses, que es el periodo que la OMS recomienda de lactancia materna exclusiva para el bebé, los padres no deberían quedar excluidos de permisos, incluso si se les obligara a cumplirlos las cosas de conciliación parece que irían mejor. Aunque en esto de “obligar” yo tengo mis reparos, porque de nuevo no estaríamos atendiendo a las necesidades personales de cada uno. Derechos, y no obligaciones, que dicen.

En un contexto lleno de desigualdades y tradicionalmente machista, es la mujer la que deja de trabajar (también cobran menos, por lo que “se pierde” menos; vemos que la injusticia tiene sus raíces bastante atrás), es la mujer la que en su empresa tiene menos facilidades para conciliar.

La propia Barcina señala en la entrevista que se ha sentido discriminada por ser mujer, cuando no le dieron un empleo para el que estaba mejor cualificada que otros candidatos “porque se podría quedar embarazada”. En la actualidad, la abuela vive en la casa familiar, “una ayuda fuerte para conciliar”.

Pero es una conciliación difícil donde gana el trabajo, a juzgar por lo que dice Barcina: que intenta estar con su hijo la primera (o primeras) hora del día y cenar con él. Reconoce que la vida pública le ha llevado a renunciar a pasar más horas con su hijo. Para ella es más una cuestión de calidad que de cantidad. Algo con lo que podremos estar más o menos de acuerdo, pero que ha sido fruto de la decisión meditada de la madre y tal vez a ella no le parezca tampoco siempre igual de bien o mal.

Políticos y no políticos, que hablen de conciliación

El caso es que escuchar, leer a una mujer hablar de estos temas es bastante habitual. Parece que sea intrínseco al hecho de ser madre. Pero no es lo mismo preguntar a la madre ¿cómo mama? a ¿cómo concilias?

También es habitual criticar a las madres por no cumplir los permisos: lo de la anterior ministra de defensa en funciones, Carme Chacón, cuando regresó al despacho nada más cumplir la cuarentena tras el nacimiento de su hijo, se queda corto frente al caso comentado de la actual Vicepresidenta.

Lo mismo encontramos en el lado opuesto: mujeres que alargan sus permisos, cogen excedencias, reducciones… y son criticadas e incomprendidas por el entorno. Pero estamos hablando en todo momento de mujeres. A los hombres no se les pregunta, no se les critica, es como si no fuera con ellos este asunto.

Cuántas veces me habrán preguntado durante los embarazos o permisos si iba a reducir jornada, a alargar excedencias… Sin embargo, no creo que a mi marido se lo preguntara nadie. Volvemos a lo mismo, ningún “periodista” pregunta a los hombres.

Y ello incluso cuando alguna vez, entre nosotros, se barajó la posibilidad de que fuera él el que redujera jornada. Pienso que tal vez hubiéramos optado por ello si el entorno y nosotros mismos hubiéramos barajado la opción de una manera más “realista”, más habitual, más “normal”. Sin que esto signifique que yo esté en desacuerdo con mis reducciones de jornada, una situación en la que aún me encuentro y de la que disfruto. Seguramente lo disfrutaría igual mi marido.

Con optimismo creo que poco a poco leeremos y escucharemos a más hombres relevantes en la opinión publica hablar sobre su conciliación, igual que cada vez lo hacen más de su paternidad. Ello llevará a que cada vez más hombres corrientes lo hagan, a que las familias anónimas acepten que conciliar es cosa de dos. Igual que la crianza de los hijos es cosa de dos, que es tomar esta cuestión desde otra perspectiva.

Queremos saber cómo concilian los políticos, los hombres, queremos saber si cogen un día del permiso o doce, si reivndican más facilidades para conciliar, si reducen sus jornadas, si les niegan la reducción, si el bebé toma de la teta o le da él biberón. Eso sí, al final, de las críticas no se van a librar, en uno u otro sentido. Pero está bien que se hable de ello. Pasito a pasito…

Fotos | Gracie and Viv, Ed Yourton y Robert Whitehead en Flickr
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