El overthinking o pensar demasiado en la crianza conduce a la preocupación y el estrés

¿Lo estaré haciendo bien? ¿He tomado una buena decisión? No sé si tendría que haberlo hecho de esta manera... Si te suenan estos pensamientos, y es porque asaltan en tu mente día a día, puede que estés manifestando un fenómeno llamado overthinking (lo que se traduce como sobrepensar).

Cuando sobrepensamos las cosas en exceso y de forma recurrente en nuestro día a día, y concretamente, en la crianza de nuestros hijos, lo que ocurre es justamente lo contrario a lo que pretendemos; que nos bloqueamos, nos estresamos y nos (sobre)preocupamos por las cosas.

Porque una cosa es sacar conclusiones, analizar lo que nos pasa o reflexionar, y la otra es entrar en bucles mentales poco productivos y que no nos llevan a nada.

Overthinking o sobrepensar: qué es

El overthinking se define como la tendencia a la rumiación obsesiva, es decir, a repetir incesantemente patrones de pensamiento que conducen a un círculo vicioso de preocupación, ansiedad, nerviosismo y muchas dudas.

Es una forma de pensamiento que nos daña porque, realmente, no es un pensamiento adaptativo, productivo o útil.

En la crianza es "fácil" manifestarlo cuando por ejemplo se trata de nuestro primer hijo y tenemos  muchas dudas de "madre primeriza", cuando nos sentimos desbordadas, cuando ya tenemos una personalidad obsesiva previa... Así, hay algunos factores que pueden predisponen a esta forma de rumiación.

El overthinking es la tendencia a repetir incesantemente patrones de pensamiento que conducen a un círculo vicioso de preocupación, ansiedad, nerviosismo y muchas dudas

Los riesgos de sobrepensar en la crianza

Sobrepensar conlleva efectos negativos para nuestra mente y para nuestro cuerpo. Puede generarnos ansiedad, estrés, dificultades para dormir e incluso tristeza. También nos afecta a nivel cognitivo, porque dificulta nuestra capacidad para concentrarnos, para memorizar, y para ser ágiles mentalmente.

Y especialmente en el terreno de la crianza, lo que sucede muchas veces cuando sobrepensamos es que acabamos preocupándonos por cosas que no han sucedido.

Tenemos tanta información a nuestro alrededor que caemos en el error de estar pensando constantemente en todo y, lógicamente, esto se nos agranda la carga y la fatiga mental. De esta forma, sobrepensar nos genera estrés de cosas que muchas veces ni siquiera suceden, lo que nos dificulta aún más el día a día y alimenta ese agotamiento propio de la maternidad y paternidad.

Cómo evitar pensar en exceso o cómo salir de ese bucle mental

Hay algunas estrategias que pueden ayudarte a evitar entrar en ese bucle obsesivo o a salir de él. Algunas de ellas son:

1. Identifica tu principal temor

Muchas veces entramos en el overthinking porque hay algo que nos angustia mucho (por ejemplo, que nuestro hijo se haga daño). Es importante identificar cuál es tu principal temor o fuente de malestar, aquella que esté activando tus pensamientos rumiativos.

Pregúntate; ¿es algo de mi pasado (de una experiencia traumática)? ¿O del futuro, de algo que temo que pase? ¿Hay algo que esté en mi mano para cambiar esa situación?

Si hay algo que puedas hacer, busca soluciones a esa fuente de malestar (no te preocupes; ocúpate). Pero si no puedes hacer nada para cambiar eso, disponte a dejar ir aquello que no depende de ti, y concéntrate solo en lo que está en tu mano.

2. Diferencia lo que depende de ti de lo que no

Es importante diferenciar aquellas cosas que están en tu mano de las que no lo están. Haz esta tarea e invierte tu energía solo en las primeras.

Por ejemplo, está en tu mano acompañar a tu hijo al baloncesto para que no llegue tarde, pero no está en tu mano que él se lo pase mejor o peor en el entrenamiento, o que tenga la mala suerte de hacerse daño en un salto. Es tan solo un ejemplo, pero seguro que en tu día a día encuentras muchos de ellos.

3. Diferencia los pensamientos obsesivos de los funcionales

Para poder poner en marcha estrategias que te ayuden a no entrar en ese bucle mental, es importante identificar cuándo entras en él. Para ello, tendrás que diferenciar los pensamientos obsesivos de los funcionales/adaptativos. Algunas claves para diferenciarlos son:

  • Los pensamientos obsesivos son automáticos (vienen a la mente de forma rápida y espontánea), son poco realistas y nos generan malestar (por ejemplo: "soy un desastre, no hago nada bien").
  • Los pensamientos funcionales tienen algún fin, algún sentido o utilidad (por ejemplo: pienso cómo me organizaré la semana para no ir estresada).

En el momento en que entres en un bucle de pensamientos obsesivos (que uno te lleve a otro, y a otro...), ponle freno. Hay algo que rompa esa cadena de pensamientos; puede ser decir en voz alta algo (como una especie de mantra), ponerte a hacer algo, salir a caminar...

4. Busca tareas distractoras

Las tareas distractoras te ayudarán a evitar entrar en estos bucles o a salir de ellos cuando entres. Estas tareas pueden ser actividades gratificantes para ti, como: salir a pasear, leer un libro, ordenar la casa, quedar con alguien, hacer una llamada...

5. Ocuparse, no preocuparse

Recuerda; no es lo mismo preocuparse de las cosas que ocuparse de ellas. Si aprendes a diferenciar qué cosas tú sí puedes cambiar, podrás poner en marcha acciones que te ayuden a ocuparte de ellas y evitar entrar en preocupaciones innecesarias.

Las cosas nos preocupan y nos afectan, y es normal, pero debemos ponerle freno al hecho de preocuparnos en exceso hasta el punto de bloquearnos, porque eso nos daña y tampoco es funcional.

6. No te adelantes al futuro

Finalmente, intenta traer a tu mente aquí, en el presente. Cuando sobrepensamos, nuestra mente se va casi siempre al futuro, a algo que no ha pasado y que además, pinta muy catastrófico.

Y en realidad, la mayoría de cosas que pensamos que pasarán, nunca terminan sucediendo. Para esto, el mindfulness puede ayudarte, así como la meditación, el yoga, el deporte...

Y intentar, simplemente, poner la mente aquí y ahora en tus acciones cotidianas, cuando cocinas, paseas, leer... intenta centrarte en lo que sienten tus diferentes sentidos (el olor de las cosas, lo que ves, lo que sientes...). Así poco a poco evitarás entrar en el overthinking y podrás tomar decisiones en la crianza de forma más adaptativa y saludable para ti (y para tus hijos).

Fotos | Portada (Freepik)

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