Niños que necesitan a sus padres para dormir: dos especialistas explican qué hay detrás y cómo actuar

dormir-con-padres

Una psicóloga infantil especializada en sueño y una pediatra explican qué hay detrás de esa necesidad de tener cerca a los padres por la noche

Redacción Bebés y más

Editor

Termina el cuento, se apaga la luz y, justo cuando los padres se disponen a salir de la habitación, una vocecita o un llanto los hace volver. A veces basta con sentarse un rato al borde de la cama, darle la mano o dejar la puerta entreabierta, pero otras la despedida se alarga y, horas después, se acercan unos pasitos y se meten en nuestra cama. Incluso hay niños que, después de meses o años durmiendo solos, de repente vuelven a necesitar compañía, y eso reabre uno de los debates más repetidos de la crianza: hasta dónde acompañar y cuándo animarlos a dormir solos.

Según recoge Mamas & Papas, para la psicóloga infantil María Luisa Ferrerós, especializada en neuropsicología y con un máster en alteraciones del sueño, en los últimos años han aumentado los niños que necesitan que alguien los acompañe para dormirse. “Este fenómeno ha crecido porque son más miedosos, están más sobreprotegidos y se les traspasan los miedos de los adultos”, asegura. La pediatra Laura Álvarez Chamorro, conocida en redes como La pediatra Laura, lo ve de otra manera, porque las dudas sobre el sueño infantil han sido una constante en su consulta y cree que quizá los padres tienen expectativas poco realistas, como esperar que sus hijos duerman solos en su habitación desde muy pequeños. Para ella, buscar compañía por la noche también puede responder a una necesidad de seguridad, precisamente en el momento del día en el que más la necesitan.

Miedo, costumbre o necesidad de cercanía

Ferrerós recuerda que las dificultades para dormir hay que valorarlas según la edad y las circunstancias de cada niño. Entre los dos y los cinco años suelen aparecer las primeras pesadillas, y hasta los cinco o seis considera normal que haya problemas relacionados con la maduración, aunque a partir de ahí, en la mayoría de los casos, ya deberían dormir de un tirón. Si las dificultades siguen, aconseja averiguar si ha habido algún cambio en el colegio, en casa o con los amigos que explique esa regresión, y si continúan a los 10 u 11 años, consultar con un especialista.

Además, los miedos nocturnos no siempre nacen de lo que los niños ven o imaginan, porque también puede haber ansiedad por separarse de los padres, sobre todo cuando pasan poco tiempo juntos durante el día. Álvarez añade otro matiz importante: “Una cosa es tener miedo y otra simplemente preferir dormir acompañado”. De hecho, recuerda que a los adultos también nos gusta acostarnos con nuestra pareja y nadie lo ve como un problema de autonomía, y por eso cree que lo importante no es tanto que el niño duerma solo como que descanse bien, esté activo y contento durante el día y se desarrolle con normalidad.

Buscar la causa antes que el método

Para Ferrerós, antes de probar cualquier método hay que entender qué está pasando, porque no todos los niños duermen igual y lo que le ha funcionado a una vecina no tiene por qué servir en otra casa. Si un pequeño tiene pesadillas y miedo a quedarse solo, por ejemplo, dejarlo llorar con la puerta cerrada no soluciona nada. “No tiene un problema de hábito: tiene miedo. La causa es fundamental para saber qué método podemos aplicar”, explica la psicóloga, que recuerda el caso de un niño de cinco años con pesadillas cuyo padre veía con él ‘El señor de los anillos’ sin darse cuenta de que algunas escenas lo asustaban, porque a esas edades confunden realidad y fantasía.

Sobre qué hacer cuando el niño aparece de madrugada en la cama de sus padres, Ferrerós distingue entre una noche puntual, por miedo o tras una pesadilla, en la que puede quedarse sin problema, y una costumbre diaria, sobre todo a partir de los seis años, en cuyo caso aconseja acompañarlo de vuelta a su habitación. Álvarez, en cambio, cree que no hace falta cambiar nada si toda la familia descansa bien: “Hay padres que disfrutan quedándose con sus hijos hasta que se duermen, otros practican colecho y otros prefieren que cada uno tenga su espacio. Lo importante es encontrar una organización en la que todos puedan descansar”.


Rutinas, calma y paciencia

Donde sí coinciden es en el valor de las rutinas. “Si cada día haces lo mismo, en el mismo orden y de la misma manera, el menor aprende, se siente seguro, sabe lo que va a pasar y eso ayuda muchísimo”, explica Ferrerós. La pediatra añade la importancia de mantener horarios regulares, favorecer el ejercicio y el tiempo al aire libre y evitar las pantallas en las últimas horas del día, porque la hora de dormir debería ser un momento agradable y no una batalla.

Para las familias que quieran que sus hijos empiecen a dormir en su habitación, Álvarez propone hacerlo poco a poco, preparando juntos el cuarto, dejando que el niño elija cómo decorarlo, jugando allí durante el día o dejando una luz tenue si le da miedo la oscuridad. También sugiere ir reduciendo el contacto de forma progresiva, pasando de tumbarse a su lado a darle la mano, luego sentarse en la cama y, al final, alejarse durante ratos cortos, sin compararlo con otros niños ni hacerlo sentir que por su edad ya debería dormir solo.

Eso sí, aunque los despertares forman parte del desarrollo, la pediatra recomienda consultar si hay ronquidos habituales, pausas al respirar mientras duerme, somnolencia durante el día, cambios de comportamiento o pesadillas frecuentes que lo hagan sufrir, y también cuando la falta de descanso afecta al día a día o los padres están agotados. “Me gustaría que dejáramos de medir el buen dormir de un niño únicamente por si duerme solo y del tirón”, resume.

Foto | Magnific

Ver todos los comentarios en https://www.bebesymas.com

VER 0 Comentario
↑