El curioso momento en el que una madre acepta que su cuerpo ya no es el de antes del embarazo (y decide quererse igual)

No es la primera vez que hablamos del cuerpo de las mujeres cuando se quedan embarazadas y cuando ya son madres. Y no será la última, porque la industria sigue presionando a todas las mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, para que sigan intentando ser quienes no son, y para que aspiren a ser mujeres que ni siquiera existen, de tan retocadas que están ya las fotos que nos muestran.

Hoy lo hacemos mencionando a Constance Hall, una mujer muy conocida por hablar a menudo de su papel como madre, que hace unos días decidió mostrar al mundo el curioso momento en el que decidió aceptar que su cuerpo ya no es el de antes del embarazo.

El día que se fue a comprar un vestido y se sintió ofendida

Según explica en su página de Facebook, la anécdota sucedió un día que fue a comprar un vestido nuevo. Al parecer estaba mirando felizmente unos que le parecían muy bonitos, cuando la dependienta de la tienda se le acercó para decirle amablemente que esos vestidos eran talla 6 y 8 (sería el equivalente a nuestra talla 36 y 38), y que los vestidos de otro aparador le irían mejor.

Ofendida, pero manteniendo el tipo (según explica ella), le respondió: "Pues perfecto. YO tengo una talla 6".

Y en ese instante se produjo un extraño momento en el que la dependienta sabía que mentía, Constance sabía que la dependienta sabía que mentía y "ella sabía que yo sabía que ella sabía que yo mentía...". Vamos, que en medio de un extraño silencio, cogió el vestido de la talla 6 y se lo llevó al mostrador sólo para demostrarle lo equivocada que estaba al sugerirle que necesitaba ropa más grande.

Allí se hizo la foto que compartió después, la que veis arriba, tratando de entrar en un vestido que claramente no le cabía, y que le demostró que ya no podría llevar la talla de ropa que llevaba años atrás, antes de ser madre.

Pero optó por salir con la cabeza bien alta para decirle a la dependienta que no se lo quedaría porque "el color no me decía nada".

Entonces la chica le respondió: "Oh, pero tú eres una de esas preciosas mujeres que yo diría que le queda bien cualquier color...".

"La idiota no era ella, sino yo"

Y allí se dijo esto mismo, que ella se estaba comportando como si la dependienta fuera una idiota por tratar de ayudarla a elegir vestidos acordes a su talla, cuando era ella la que se había comportado como tal, cogiendo un vestido lejos de su talla real.

Y es que no era ella, la chica de la tienda, la que se estaba avergonzando de su cuerpo, sino ella misma al sentirse ofendida.

De esta anécdota sacó una moraleja que añadió al final de su texto:

Ninguna talla de vestido es mejor que otra.
Es TU CUERPO. Sólo tienes UNO.
Ámalo.

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