"Yo más, yo antes, yo mejor": las competiciones entre hermanos y cómo gestionarlas

Cuando un nuevo hermanito llega al hogar, las reacciones de los que ahora pasan a ser "los mayores" pueden ser muy diferentes. Pero lo que no suele fallar cuando crecen es que entre los hermanos se establezca una relación de competición.

La rivalidad entre hermanos puede ser de índole muy diversa, y si no se gestiona correctamente puede acabar derivando en problemas mayores que afecten a su relación y autoestima. Si tienes más de un hijo, te contamos por qué se producen las competiciones entre ellos y cuál debería ser tu posición al respecto.

"Yo más, yo antes, yo mejor" ¿Por qué se producen las competiciones entre hermanos?

"¡Mamá! ¡A mi hermano le has dado más galletas que a mí!", "¿Quién es el más alto de los dos?", "¿A que yo canto mejor que mi hermana?", "Mamá, papá, ¿a quién queréis más de nosotros?"... Seguro que a todos os suenan alguna de estas preguntas o frases competitivas, e incluso es posible que es más de una ocasión hayáis perdido los nervios.

Y es que entre los hermanos, cualquier cosa puede ser fruto de competición; desde quien termina antes el plato de comida, hasta quien es el más rápido vistiéndose, quien toca antes el timbre o quién ha hecho el mejor dibujo.

El hecho de que nuestros hijos compitan entre sí no quiere decir que no se quieran. De hecho, quienes tenemos más de un hijo, -especialmente si comparten la misma franja de edad o los mismos intereses-, seguro que estamos acostumbrados a sus muestras continuas de cariño y a verlos jugar juntos.

Pero si es así, ¿por qué compiten y se enfadan cuándo es el otro quien gana algo que para nosotros es una absoluta nimiedad?

Por lo general, la rivalidad entre hermanos está relacionada con los celos y propiciada por la sensación que tienen los niños de tener que luchar por el amor o la atención de mamá y papá. Por ello es importante hacerles ver que les queremos, les atendemos y les escuchamos por igual.

Cómo enseñar a nuestros hijos que competir con violencia no es bueno

Aunque quizá no demos importancia a las competiciones que llevan a cabo nuestros hijos, es importante que nos paremos a pensar si queremos que en un futuro nuestros hijos se relacionen con el resto de la sociedad desde una competitividad malsana. Y es que "competir" no es malo, siempre que se haga desde un punto de vista positivo, con el diálogo, el respeto y el afán de superación como telón de fondo.

Pero en el caso de las rivalidades entre hermanos no suele ser así, por eso es fundamental que los padres abordemos el tema desde el amor, el respeto y la empatía, haciéndoles ver que las competiciones entre ellos carecen de sentido. Para ello podemos poner en práctica los siguientes consejos:

  • Demostrándoles que el juego o el deporte dejan de ser divertidos si se compite desde el enfrentamiento, la pelea o las discusiones.

  • Enseñar a nuestros hijos a debatir y discutir con respeto, dándoles ejemplo desde una educación sin gritos, y enseñándoles a negociar para resolver el conflicto y mantener la armonía familiar.

  • Educarles en la paz y la no violencia, la tolerancia y la importancia de respetar a otros niños y alegrarse por los triunfos de los demás.

  • Hacer ver a nuestros hijos que son diferentes y especiales en sí mismos, por cómo son y por lo que hacen y dicen. Por eso, y porque nuestro amor es igual para todos, no hace falta que compitan o se peleen por nuestra atención, pues siempre estaremos ahí para ellos.

¿Qué podemos hacer los padres para evitar las rivalidades entre hermanos?

Como hemos comentado más arriba, la mayoría de estas competiciones o rivalidades se producen por un tema de celos, un sentimiento natural que antes o después acaba surgiendo ante la llegada de un nuevo miembro, pues es lógico que el niño mayor trate de buscar su sitio en la nueva estructura familiar.

Por eso, desde el minuto uno los padres debemos favorecer una buena relación entre los hermanos, preparando al hermano mayor durante el embarazo y asegurándonos de que su unión va creciendo fuerte y sana. Para ello, podemos llevar a cabo los siguientes consejos:

  • En primer lugar, es importante tener paciencia, respetar y validar los sentimientos que nos expresen nuestros hijos, sean cuales sean. Por lo general, la mayor preocupación que muestran los niños que tienen hermanos es el miedo a perder el amor de sus padres, y por eso es importante hacerles ver que el amor no se divide, sino que se multiplica.

  • Aunque los niños deben entender que el amor y dedicación de sus padres se debe repartir con los hermanos, no está de más tratar de dedicar un ratito en exclusiva a cada hijo, con el fin de hacerles sentir importantes, estrechar lazos y poder atender de manera más individual sus necesidades.

  • Demostrar a cada uno de nuestros hijos que para nosotros son únicos e importantes, desterrando las comparaciones y las etiquetas que tanto daño pueden hacer a su desarrollo y autoestima.

  • Si la rivalidad acaba en pelea no conviene intervenir siempre de forma inmediata. Es preferible darles las herramientas oportunas para que ellos mismos resuelvan sus conflictos.

En definitiva, los niños deben aprender a conocerse a sí mismos, a confiar en sus capacidades y a reconocer sus virtudes y limitaciones. Esto les llevará a no compararse con los demás, lo que aumentará su estima y les preparará para la vida adulta.

Fotos | iStock

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