Desarrollo del lenguaje en el niño: de tres a seis años

Según va creciendo, el desarrollo del lenguaje en el niño se irá asemejando poco a poco al que empleamos los adultos en nuestro día a día.

Todos los aspectos del lenguaje de nuestro pequeño (sonidos y vocabulario, imitación, comprensión y comunicación) van adquiriendo matices cada vez más complejos que hacen que su interrelación con el entorno sea más eficaz.

Llegados al intervalo de tiempo comprendido entre los tres y los seis años vamos a ver cómo su lenguaje se va haciendo más complejo y más elaborado, asemejándose poco a poco al nuestro.

Desarrollo del lenguaje: de 3 a 4 años

Lenguaje expresivo

El correcto desarrollo del lenguaje expresivo en el niño entre los tres y los cuatro años va a suponer una explosión de avances en muchos aspectos. Uno de los más destacados es en la producción de diferentes fonemas, los cuales también podrá discriminar auditivamente de una forma más fácil.

A esta edad, nuestro hijo debería ser capaz de pronunciar correctamente los fonemas /b/,/p/,/t/,/g/,/k/,/f/,/j/,/ch/,/m/,/n/,/ñ/ y /l/, y encontrarse en proceso de adquisición de los fonemas /d/ y /r/ (la r simple). Del mismo modo, las sílabas complejas formadas por una consonante y el fonema /l/ también están en proceso de adquisición; estos grupos llamados "sinfones" son: pl, bl, fl, tl, cl y gl.

Si observamos que, a la hora de hablar, nuestro pequeño comete algún error en alguno de estos fonemas, debemos tener cuidado ya que podemos estar ante un caso de dislalia y sería conveniente que lo valorara un especialista.

La elaboración de sus frases también son más complejas, ya que poco a poco irá realizando oraciones complejas unidas por las conjunciones “y”, “pero”, “porque” o “que” (quiero jugar pero llueve), usan correctamente los verbos auxiliares ser (ese perro es muy grande) y estar (estoy comiendo helado), emplean perífrasis de futuro (voy a jugar con papá), usan correctamente los tiempos del pasado (comí hamburguesa con mis amigos) y el imperativo en sus frases (¡quiero jugar!)

En sus frases, las cuales son capaces de enunciar correctamente utilizando hasta cinco palabras, emplean correctamente distintas formas posesivas (mío, tuyo…), además de los pronombres reflexivos “se” y “te” y los plurales de los pronombres personales (ellos, ellas).

Poco a poco van ampliando el número de combinaciones de palabras en sus enunciados, dando mayor cantidad de información al interlocutor y haciendo que el significado expresado sea lo más explícito posible, al igual que incrementan los vocablos que se integran en distintas categorías (como pueden ser verbos, pronombres, adverbios, adjetivos…, así como palabras funcionales (artículos, preposiciones…) que ayuden a que todo lo que nuestro hijo nos quiera hacer saber sea más fácil de comprender.

Es en este período de tiempo cuando dejan de cometer el fenómeno conocido como "sobreextensión". Este fenómeno consiste en que el niño emplea la misma palabra para referirse a todas aquellas representaciones que cumplen ciertas normas. Por ejemplo: llamar perro a todos los animales de cuatro patas y con pelo (pudiendo ser gato, vaca...), o llamar coche a todos los vehículos de transporte de cuatro ruedas (pudiendo ser un camión, autobus...).

Del mismo modo, su capacidad para emplear el lenguaje en según qué situaciones irá incrementándose. También será capaz de reflejar emociones con precisión, claridad y complejidad, además de controlar y fingir experiencias emocionales. Poco a poco, será también capaz de lograr ponerse en el lugar de otra persona y comprobar que el conocimiento del mundo no es el mismo para todas las personas.

Lenguaje comprensivo

La comprensión sobre lo que decimos también va a experimentar un gran avance en nuestro hijo, ya que ahora podrá llevar a cabo dos acciones que no se relacionan entre sí, además de empezar a comprender conceptos abstractos (guapo, feo, lejos, gordo...).

Cuando le hagamos una pregunta del tipo "¿qué falta?", "¿cómo?" o "¿por qué?" podrá responderlas y enunciarlas de forma correcta. Además, ahora que está empezando a utilizar preposiciones en sus emisiones, también será capaz de entenderlas, bien de forma verbal o de forma no verbal, que entiende consignas que incluyan preposiciones. Conoce y responde adecuadamente a su nombre, sexo, edad y nombre de la calle. Finalmente, podemos comprobar que también desaparece la ecolalia (repetir exactamente lo mismo que oye de forma inmediata).

Desarrollo del lenguaje: de 4 a 5 años

Esta etapa se caracteriza porque el niño va a comenzar a desarrollar determinadas estrategias que le hará ser consciente de que las frases se pueden dividir en elementos más sencillos, que son las palabras, y que éstas, a su vez, se pueden segmentar en sílabas. Esto es muy importante de cara al posterior aprendizaje de la lectura y de la escritura.

Lenguaje expresivo

El lenguaje expresivo de los pequeños continúa una línea evolutiva que hace que cada vez sus emisiones verbales sean más complejas y elaboradas, lo que les va a permitir ser capaces de contar un mayor número de cosas con mayor facilidad. No será necesario que el adulto tenga que adivinar lo que su hijo le quiere decir, ya que éste cuenta con las herramientas necesarias para dar la información pertinente.

Su repertorio de fonemas poco a poco va completándose, y a los sonidos que era capaz de pronunciar en la etapa anterior (/b/,/p/,/t/,/g/,/k/,/f/,/j/,/ch/,/m/,/n/,/ñ/,/l/, /d/ y /r/), se le suman ahora los sonidos /z/ y /s/. Además, ahora ya es capaz de realizar sin ningún problema los sinfones de /consonante+l/ (clavo, Pablo, iglesia...).

Gracias a su madurez articulatoria, cada vez debería producir menos errores en lo referido a los fonemas. En el caso de que nuestro pequeño tuviera algún problema en el habla, éste sería más evidente y fácil de detectar, siendo necesario acudir a un especialista para confirmar o desmentir nuestra sospecha inicial.

Como decía al inicio, es entre los cuatro y los cinco años cuando nuestro hijo adquiere la conciencia necesaria para reconocer, dentro de una frase, las diferentes palabras que la forman. Así, podemos sorprendernos al observar cómo es capaz de omitir el sujeto, el verbo o el complemento de una frase de hasta tres palabras. O incluso es capaz de comparar frases identificando una de las cuales tenga una palabra que es distinta.

Del mismo modo que es capaz de separar las palabras de una frase, según vaya desarrollando esta habilidad metalingüística será capaz de dar un paso más allá e identificar hasta cuatro sílabas dentro de una palabra. Y aún más allá, al final de esta etapa incluso podrá discriminar vocales en posición inicial de sílaba o decir con qué sonido empieza una palabra que le decimos.

Todo esto se complementará con un uso más variado de los adjetivos, pronombres, adverbios y preposiciones dentro de su lenguaje espontáneo. Por ejemplo, nuestro hijo empezará a usar los adverbios de tiempo antes, ahora y después, a usar enunciados que las conjunciones "o/u" (¿comemos carne o pescado?) y negativas "ni" (no quiero helado ni tarta) o enunciados que contengan los pronombres posesivos "el mío" y "el tuyo" con sus variantes de género y número ("los míos", "las tuyas..."). Puede hacer frases que lleven las partículas interrogativas "cuál", "cuánto", "por qué" y "a quién" o usar conectores discursivos (como por ejemplo "y", "además", "pero", "porque...")

Sus frases cada vez son más largas, llegando a estar elaboradas por hasta ocho palabras, usando estructuras compuestas (por ejemplo: "Mamá pone la lavadora y papá hace la cena"). Además, el uso de los tiempos verbales también va siendo cada vez más preciso, ya que usa correctamente los verbos en presente y realiza adecuadamente enunciados que impliquen la idea de futuro y de pasado.

Su vocabulario se desarrolla en contacto con el contexto de su vida diaria lo que, unido a un mejor uso de los elementos lingüísticos, le hace poseer una relación de acontecimientos secuenciada y ordenada, lo que ayudará al interlocutor a entender mejor su discurso. Así mismo, esto le ayudará a tener una mayor cohesión (relacionar varios discursos correctamente) y coherencia (centrarse en un tema que responda a nuestro conocimiento del mundo) discursiva, haciendo que lo que nos cuenta tenga sentido.

Finalmente, el uso del lenguaje se hace cada vez más complejo. Es un aspecto muy importante, ya que el conocer los estados internos de la persona con la que estamos hablando (por ejemplo, si nuestro hijo nos cuenta lo que ha hecho en el colegio, ha de tener en cuenta que nosotros no lo hemos podido ver, por lo que debe tenerlo en cuenta y darnos mayor información; por el contrario, si nos está contando a lo que jugó en el parque el otro día, mientras estábamos con él, no será necesaria tanta información). Además, poco a poco es capaz de respetar la toma de turno en la interacción con los demás, manteniendo el tema de conversación propuesto, respetando las reglas conversacionales entre iguales.

Lenguaje comprensivo

La comprensión sobre todo lo que le rodea también va a experimentar un gran avance. Nuestro pequeño podrá seguir órdenes más complejas, e identificar objetos o acciones complejas en una imagen, incluso puede adivinar una acción mimada o el nombre de un elemento tras escuchar su definición.

Así mismo, podrá definir un elemento y encontrar, al menos, dos semejanzas o dos diferencias entre dos cosas. también podrá decirnos el opuesto correcto en una analogía (por ejemplo: "lo contrario de guapo es...", "un elefante es grande y un ratón es..."). También, gracias a ello, podrá identificar y explicarnos "absurdos" en dibujos (un perro con ruedas en lugar de patas, un señor que se pone las gafas al revés...).

Desarrollo del lenguaje: de 5 a 6 años

El lenguaje expresivo y comprensivo de nuestro hijo se desarrolla a una velocidad muy grande, lo que le permitirá tener unas estrategias de comunicación oral altamente eficientes, de cara a querer contar algo a la gente que le rodea sobre su día a día.

Lenguaje expresivo

Nuestro hijo cuenta, durante esta etapa, con un lenguaje expresivo muy rico y elaborado gracias a la maduración articulatoria lograda durante todo este tiempo. La discriminación de los sonidos es cada vez más fina, y su repertorio de fonemas está casi completo. todos los sonidos que ha ido adquiriendo en etapas anteriores (/b/,/p/,/t/,/g/,/k/,/f/,/j/,/ch/,/m/,/n/,/ñ/,/l/,/d/,/r/,/z/, /s/ y las sílabas formadas por /consonante + l/) están perfectamente generalizados en su lenguaje espontáneo, y no le suponen ningún tipo de problema a la hora de articularlos.

Para finalizar este aprendizaje, el pequeño irá pronunciando cada vez mejor el sonido /R/ (la "rr") y los grupos consonánticos formados por /consonante + r/ (estos sinfones son los siguientes: pr, br, fr, tr, dr, cr y gr). No obstante, tenemos que tener en cuenta siempre que no todos los niños tienen la misma facilidad para realizar este sonido, ya que su articulación es muy precisa; si vemos en este tiempo que nuestro hijo no es capaz de articularlo, no hace falta que nos preocupemos (en principio), ya que puede adquirirlo un poco más tarde, entre los seis y los siete años. No obstante, ante cualquier duda, siempre es mejor acudir a un especialista que nos oriente.

Como he dicho anteriormente, el niño a esta edad ya tiene una maduración de los órganos que intervienen en la articulación de sonidos (boca, lengua, labios...) bastante avanzada, lo que le ayudará a no realizar ningún tipo de error articulatorio (sustituir unos fonemas por otros, invertir sílabas al hablar, omitir algún sonido...) y a ser capaz de pronunciar correctamente sílabas directas (consonante + vocal, por ejemplo: casa), sílabas inversas (vocal + consonante, por ejemplo árbol), sílabas trabadas (consonante + consonante + vocal, por ejemplo clavo) y sílabas mixtas (consonante + vocal + consonante, por ejemplo cansado).

Los aspectos que se iniciaban en la etapa anterior referentes a las propiedades metalingüísticas (es decir, ser consciente que las frases no son bloques y que se pueden modificar variando las palabras que las componen; del mismo modo, las palabras también se pueden modificar y dividir en sílabas y sonidos aislados), poco a poco se van consolidando.

Podemos comprobar cómo el pequeño puede identificar y nombrar la sílaba final de una palabras (lo que le dará la noción de rima, pudiendo inventar dos frases que rimen), y posteriormente en cualquier posición. También podrá omitir o añadir sílabas en una palabra, tanto al inicio, en el interior o al final de la palabra. Del mismo modo podrá encadenar palabras, ya que podrá identificar con mayor facilidad los fonemas de una palabra (bien al inicio de la palabra, en el interior o al final de la misma).

Sus enunciados cada vez son más complejos y aportan más información acerca de los hechos que nos quiere contar. Empieza a introducir oraciones subordinadas (éstas son oraciones que por sí sola no tiene sentido porque depende de otra oración principal, por ejemplo: "podremos ir al parque cuando deje de llover"). Además, tiene un amplio manejo de las distintas categorías gramaticales (verbos, adjetivos, adverbios...) que le será de gran ayuda para poder dar mensajes que harán que la persona que está escuchando entienda perfectamente a qué se está refiriendo.

Gracias a las distintas situaciones que nuestro hijo vivirá en su día a día, el número de palabras que irá adquiriendo se incrementará a una velocidad increíble. Y no sólo contará con un vocabulario muy amplio, sino que sabrá cuándo introducir cada palabra, ya que cuenta con una cohesión y una coherencia a la hora de hablar más sofisticada que durante la etapa pasada.

Para terminar este apartado, decir que el uso que hace nuestro hijo del lenguaje se hace cada vez más complejo: puede identificar y conocer los estados internos de la persona con la que estamos hablando más fácilmente, adaptando lo que va a contar a las circunstancias externas. Por otro lado, ya puede respetar perfectamente la toma de turno en la interacción con los demás, manteniendo el tema de conversación propuesto y respetando las reglas conversacionales entre iguales.

Lenguaje comprensivo

El lenguaje comprensivo también aumenta a la par que el expresivo, ya que podemos comprobar como es capaz de identificar un mayor número de acciones complejas en una imagen, o incluso de resolver adivinanzas rimadas sencillas (con o sin imágenes delante). Del mismo modo, puede encontrar varias semejanzas y diferencias entre dos elementosContestar a preguntas relacionadas con acciones de personas cercanas, contestar a preguntas relacionadas con acciones de profesiones conocidas o actividades sociales, o incluso llegar a identificar absurdos en textos cortos y sencillos.

Foto de Burst, cottonbro, y Olya Kobruseva en Pexels

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